Friday, April 24, 2020

Tercer día de cuarentena.


  Los desastres naturales, las guerras y pandemias donde todos estamos como en fila en espera de nuestro turno, en espera de correr la misma suerte miles de víctimas, cambian nuestras rutinas, nuestra creencias, nuestra forma de ver el mundo. Familiares de las victimas de esos desastres naturales, pandemias o guerras lloran y algunos logran enterrar a sus muertos, mientras las elites cuentan las ganancias que les genera esos tiempos de crisis.

  A mis 14 años el terremoto de Managua en 1972 marcó mis años de adolescente, a partir de ese desastre que cobró más de 10,000 personas incluyendo a mi abuela, entendí que nada es seguro, sólo la muerte. La seguridad para mí en ese entonces era la casona de la abuela en la Managua vieja, casa donde yo había nacido, casa de altas paredes coronada de tejas de barro donde anidaban palomas castillas, casa de largos corredores de ladrillos rojos, de varios cuartos y con un amplio jardín con diferentes tipos de plantas en el centro y un patio trasero con árboles de guayaba, mamón y plátanos. Aquella casona del barrio Boer la cual era mi refugio desde niño, del hóstil y difícil mundo que empezaba a vivenciar en las escuelas, de pronto en segundos en la oscuridad de la noche se convirtió en escombros que enterraron a la abuela, a la querida abuela que una vez me llevó de la mano a matricularme a la vieja escuela de arte en cursos para niños los Sábados, la abuela la cual me había enseñado a creer en un Dios al cual rezaba (a pesar de ser un ateo nato), al acompañarla cuando iba a misa los Jueves y los Domingos a la iglesia de San Josè; San Josè era el santo, me decía, que te protege de muertes súbitas o inesperadas; cuando murió yo me preguntaba y dónde está San Josè, abuela? Por què te abandonó a pesar de tantos rezos?

A partir de allí, de un día para otro, mi segura vida dio un giro de 360 grados; mi mundo de la noche a la mañana pasó a ser otro: ir a parar a campamentos con carpas de refugiados de la Cruz roja, haciendo filas para obtener alguna ración de granos: frijoles, arroz. Mis padres al verse sin casa, dispusieron repartirnos a la prole de seis hijos, entre diferentes casas de familias en otras ciudades. En esas ciudades había que enfrentar incluso las bromas de otros en las escuelas, los cuales nos llamaban terremoteados. Y la abuela ya no estaba allí a mi lado defendièndome de crueles bromas, ya no estaba conmigo para decirme Dios te escuchará, rezale, ya no tendría su pellizco en mis costillas cuando me iba quedando dormido al lado suyo en alguna banca de la iglesia de San Josè; no, ya la abuela no estaría más a mi lado, a partir de mis 14 años, porque ella, una de las miles de víctimas había sido sepultada en el cementerio general de Managua al día siguiente del gran terremoto que en 1972 destruyó la Managua vieja.Despues del terremoto de Managua, el dictador Somoza sacó provecho de terrenos baldios y de la ayuda humanitaria.

Unos años despuès de ese desastre natural, los miles de muertos que dejó la guerra contra la dictadura somocista en 1979 y los miles que murieron despuès en la guerra de los años 80's incluyendo entre ellos a mi hermano Daniel a sus 24 años, me reafirmaba una vez más que todo es incierto, excepto la muerte; pero a la vez me reafirmaba que mientras estemos vivos aún hay posibilidades de ver lo mejor del ser humano en medio de tanta vulnerabilidad.

Las elites del sandinismo junto con los viejos ricos, sacaron provecho despuès de la guerra de los 80's; la actual dictadura sandinista hechó raíces, abonada con la sangre de esos miles de jóvenes que murieron de ambas grupos confrontados. Pero en medio de los desastres y las guerras surge esa cualidad de la solidaridad, de empatía, y somos más humanos que en la rutina diaria solemos mostrar. En medio de los desatres de la guerra los soldados compartían el pocillo de cafè y un plato de frijoles en balas que allá en algún remoto caserío perdido entre la brumosas montañas de Jalapa, ofrecía una familia campesina en medio de su pobreza, a los jóvenes de aquellas guerras fraticidas, donde voluntarios o no fueron a morir a esas brumosas montañas.

Las crisis tambièn nos saca a flor de piel la compasión, la empatía que en la vida diaria solemos ocultar.

Otto Aguilar - 3/19/2020
Foto de campamento de pordioseros en la salida del freeway de Berkeley a San Francisco, donde se puede leeer en una un cartel que dice - "Adónde nos vamos?" y en la otra irónicamente se ve un anuncio comercial que dice - "Arregle su crèdito, Telf..."
Berkeley – 3/19/2020

Wednesday, April 1, 2020

Polvo de estrellas.




  “Todos estamos hechos de polvo. ¡Pero es polvo de estrellas!..."

                                                                       William E. Barton.


  En estos días de confinamiento me refugio entre páginas de libros, como tratando de esconderme del mortal virus, tratando de poner pausa a la avalancha de información que circula sobre el aterrador avance de la pandemia. Me refugio en el libro cuya lectura había abandonado, titulado "Suite francesa" de Irene Nèmirovsky, escritora nacida en Ucrania, que huyendo de la revolución bolchevique de1917, se asiló en Finlandia y luego en Francia. Suite francesa fue publicado postumamente, despuès de que la autora muere en el campamento de concentracion nazi, Auschwitz. Su libro es la narración de lo que su autora va viviendo desde que la guerra inició, convirtièndose ella en una de las millones de víctimas mortales del holocausto. El manuscrito sobrevivió escondido igual que sus dos hijas. En el èxodo de familias ricas junto a gente de pueblo, narra las peripecias, las dificultades que por primera vez muchos ricos empiezan a sufrir colocándolos al nivel de la vida difícil que el pueblo ha experiementado como rutina. Esos dramáticos pasajes donde miles de personas huyen de los nazis de un pueblo a otro, viviendo todo tipo de calamidad, hambre, robo, humillaciones, o muerte al ser sorprendidos en medio de la carretera por aviones bombarderos nazis, me trae a la memoria cuando el avión de la guardia somocista al amanecer bombardeó a miles de personas que habían salido en èxodo de Managua a Masaya por la noche, huyendo de la represión somocista en medio de la guerra final contra la dictadura. Tambièn ese èxodo que narra la autora, me hace pensar en el caso del crucero que llevando turistas, la peste les sorprendió mientras disfrutaban del lujo de vacacionar en el crucero el cual se convirtió en una jaula de oro flotante. Debido a que el crucero lleva varios infectados y cuatro muertos, ningún país les permite desembarquen. Lo último que leía es que ya habían pasado por el canal de Panamá y se dirijían a For Lauderale en Folrida, donde les habían ofrecido recibirlos.

  Por què leer Suite francesa ahora?- me preguntaría alguien, no tenès demasiado drama, tragedias con las noticias en las redes?, yo le respondería que además de ese libro me acompaña otros menos trágico como Hombre versus naturaleza, de Sir Charles Sherrington.
El mundo occidental, sobre todo los habitantes del primer mundo, ha visto sólo de lejos lo que otros han vivido como parte inherente de su historia como el sufrido Congo, explotado en sus recursos y esclavizada y disminuida su población por el colonialismo Belga e Inglès, para luego sufrir por la barbarie de las matanzas y guerras entre etnias. Si bien estas noticias de esas víctimas y otras como las de las guerras en Afganistán, Siria, Irak, Palestina, los genocidios de Ruanda provocan compasión, horror, tristeza e impotencia por las víctimas, tales sentimientos se experimentan muy lejos y a resguardo de correr la misma suerte. Pero en la actual situación provocada por la pandemia mortal que ya acumula más de 42,000 fallecidos en el planeta, ese paradójico sentimiento de compasión e invulnerabilidad que se experimentaba ante víctimas de tragedias lejanas, está anulado porque el mundo en general desde las grandes potencias como China, Estados, o paises como España, Italia, pasando por la remota isla de Pascua, hasta el último rrincón del planeta es ahora vulnerable, porque están en guerra contra un enemigo invisible; una guerra donde todos estamos expuestos a correr la misma suerte tanto el millonario de New York que acaba de irse a confinar a exclusivas areas, como los habitantes de la ciudad de Guayaquil, Ecuador, donde los cadáveres están siendo abandonados en las aceras y calles.

  Mientras amanezco con un libro en la mano, y el esmeralda del follaje de árboles penetra a travès de mi ventana, no puedo evitar pensar en que en ese momento están muriendo muchos, y tambièn que entre esos muchos hay enfermeros y doctores que se contagiaron al estar atendiendo en los hospitales a los contagiados. Huyendo del mortal virus entre las páginas de un libro, es inevitable sentirme impotente aunque extrañamente sin mucho miedo a pesar de la probabilidad de llegar a convertime en una cifra más entre las víctimas mortales de la pandemia. Ante este sentimiento me pregunto por què no experimento tanto miedo, si para mi la muerte es algo inaceptable? quizás porque aun por estos lados no experimentamos el horror que viven los habitantes confinados en Italia, al ver desde sus balcones el desfile de camiones trasladando ataúdes de víctimas fallecidos dirigièndose al crematorio. Por estos lados en Berkeley, a pesar de que no vivimos aun estas tragedias muy posible de sucedernos, esto es un pueblo fantasma donde las pocas personas que me topo al salir a la calle se apartan siguiendo las medidas de distanciamiento (aunque ahora camino o corro en medio de la calle).

  Una querida amiga me envía constante información sobre medidas para prevenir la infección, y consejos de como debo prepararme para sobrevivir a la crisis económica. Pero es de optimistas pensar ante tantos fallecidos que aumentan minuto a minuto, poder salir de esta con vida, y yo no soy ni optimista ni pesimista, simplemente realista que contempla como la muerte de nuevo me rodea, me cerca como lo fue en mis tiempos de guerras o terremotos de mi país de origen Nicaragua.

  Mientras espero salga el sol para escaparme, en estos días grises, me escondo ahora en el libro Cosmos - mundos posibles, de Ann Druyan, donde leo la frase de Carl Sagan, esposo de la autora :
"El cosmos está dentro de nosotros: estamos hechos de materia estelar, y somos el medio para que el cosmos se conozca a sí mismo”

  Antes de Sagan, en 1921 el columnista de "The Evening News de Michigan", William E. Barton, escribió: “Todos estamos hechos de polvo. ¡Pero es polvo de estrellas!..."

 Otto Aguilar - Berkeley - 4/1/2020 - 5:37 am
  Foto en el parque aquático de Berkeley

Monday, March 23, 2020

Silueta con muchos rostros.




  "Viven en nosotros innumerables otros."

                                 Fernando Pessoa

  Una de las siluetas que parece vivir en un barrio de Berkeley, y muestra varios rostros en su rostro, desde la ventana de su apartamento contempla hacia afuera la calle solitaria donde impera el silencio. Hastiada del encerramiento impuesto por la cuarentena, la silueta decide escapar de su claustrofóbico apartamento. Asoma en el espejo su rostro surcado por el tiempo, y el espejo le enrostra muchos rostros como reflejo de la fatal incertidumbre.  En la calle camina contemplando con deleite los mismos árboles, los mismos jardines que suele ver en su acostumbrado recorrido por las mañanas; contempla el jardín bien cuidado donde florecen calas, y donde en primavera las magnolias empiezan a pintar de pequeños trazos color magenta un pedazo del platinado cielo. De pronto al doblar la esquina se le aparece otra silueta que tambièn ha huido de su confinamiento, al verle, esa sorpresiva silueta se distancia de ella para evitar contagio, siguiendo las estrictas medidas de prevención que el gobierno ha ordenado a todos los residentes. Recuerda entonces cuando  escasas semanas atrás, en esas misma acera se topaba quizás con esa misma silueta que acaba de apartársele como alejándose de un apestado, sólo que en aquel entonces la silueta que ahora le evitaba iba conducida por un telèfono que a pesar de ser un celular inteligente, no le avisaba cuando se iba a estrellar con otra silueta en las aceras. Aunque tal actitud de cruzarse a otra acera evitándole le parecía ridícula, irónica e incómoda, la veía lógica cuando pensaba en las más de 16,000 personas muertas hasta ese día en el planeta, a causa de la pandemia. Estaba preparada para lo peor? se preguntaba a si misma la silueta, acaso ser sobreviviente de terremotos, guerras, pobreza, migraciones, expulsiones, no le habían enseñado y preparado suficiente para enfrentar momentos difíciles, para enfrentar lo peor?

  Mientras siguió levitando en calles y aceras, la silueta pensaba en el trabajo que acababa de perder por la crisis, pensaba en cómo pagaría ahora el alquiler del apartamento y los recibos; aunque no sentía desesperación, sabía que era necesario rediseñar su vida, mientras el virus no lo convirtiera en una cifra más de las víctimas mortales. En lo que parecía ser su cabeza se acumulaban muchos pensamientos con posibles esperanzas a la incertidumbre; mientras pasaba por un parque donde gaviotas ajenas a sus divagaciones y a pandemias, revoloteaban entre altivos y viejos árboles, miró la silueta del mismo pordiosero que por años ha visto en las mañanas al pasar en ese parque. La silueta del pordiosero a pesar del frío, se lavaba el rostro en un vertedero de agua; al observar esa repetitiva escena se preguntó – cómo ha hecho este pordiosero para sobrevivir así todo estos años?. Mientras esto pensaba recordó las recientes noticias sobre las diferentes reacciones a la actual pandemia: la noticia sobre la madre, quien con su trabajo de costura educó y alimentó a sus siete hijos, la cual hoy convertida en una anciana de 84 años, cose máscaras para donar ante la escasez de èstas en los hospitales, a la vez recordó la noticia sobre los senadores que apresurados vendieron en millones sus accciones, ante la eminente recesión económica, y tambièn recordó la nota sobre el hombre que abrumado por la crisis, se lanzó desde lo alto de un edificio de su apartamento lujoso en New York.

  La silueta con muchos rostros, pensando en lo que debe hacer sin caer en la desesperación ante la crisis, sigue levitando por calles solitarias, en su recorrido a veces otra silueta que surge entre la neblina, le sonrie sin esquivarle; y así continúa andando hasta perderse en la neblina del campus solitario de la Universidad de Berkeley, donde el reloj del campanil cual si fuese una caja musical de juguete autómata renacentista, acaba de tocar su música de órgano antes de las campanadas que anuncian las ocho de la mañana.

Otto Aguilar -  (A una semana de cuarentena)
Berkeley – 3/23/2020
Foto del monumento en el campus - universidad Berkeley, tomada el 3/23/2020

Desde mi ventana, primer día de cuarentena.


  Ha iniciado la cuarentena y sus restricciones en California. Escuelas, bibliotecas, salas de cine, bares y otros locales se han cerrado, dejando abiertos sólo locales como hospitales, supermercados, y oficinas priorizadas del gobierno.  Se ven largas filas de personas frente a las tiendas para comprar y estantes vacíos por el acaparamiento. Hoy martes 17/3/2020 inició las medidas ordenadas para San Francisco y el area de la bahía para disminuir la propagación del virus mortal del coronavirus; las medidas son permanecer encerrado durantes tres semanas en las casas, salir sólo para lo más necesario, aislarse, evitar contacto, lavar constantemente las manos, entre otras medidas; y esto es sólo el comienzo de las medidas con un sistema de salud no preparado para tal pandemia, medidas que debieron haberse iniciado muchos antes según algunos.

  Dicen que en las pandemias, (así como en desastres naturales, guerras, etc) sale a flote lo peor y lo mejor del ser humano, pues por aquí lo primero que he visto aún no es lo mejor, sino el acaparamiento y pleitos en centros comerciales similares a los que se ven en las compras del Black friday. Será que esta pandemia nos transforme y saque más lo bueno que lo malo que hay en nosotros?, será que esta tragedia planetaria nos sensibilice más en una sociedad consumista hasta los tuètanos?, o nos encierre más en el "sálvese el que pueda"?, En las noticias se pueden ver casos de personas fallecidas como el del enfermero que muere en Bergamo, Italia, despuès de contraer el virus por estar en contacto con infectados a los cuales brindó incansable su solidaridad. Cuando veo el proceder compulsivo de comprar y acaparar en los supermercados, recuerdo a Henry Miller cuando escribe en su libro "Big sur y las naranjas de Hieronymus Bosch", refirièndose a los "jóvenes renegados" de su tiempo:
"Que el modo de vida norteamericano es una existencia ilusoria, que el precio exigido para la seguridad y la abundancia que finge ofrecer, es demasiado grande. La presencia de estos "renegados" aunque sean pequeños en número, es tambièn otra señal de que la máquina está dejando de funcionar. Cuando llegue el derrumbamiento como ahora parece inevitable, es probable que ellos sobrevivan a la catástrofe mejor que el resto de nosotros. Por lo menos ellos sabrán como desenvolverse y sin coches, sin refirgeradoras, sin aspiradoras, maquinillas de afeitar, y todos los otros aparatos "indispensables"..., probablemente incluso sin dinero. Si alguna vez somos testigos de un nuevo cielo y una nueva Tierra, seguramente será una en la que el dinero estará ausente, se habrá olvidado, será totalmente inútil." pero el virus del coronavirus no discriminará, llevándose tambièn a los "renegados" de Henry Miller.

Un día antes de que cerraran las bibliotecas, me extrañó ver tanta gente buscando libros, despuès me di cuenta de que era porque se venían tres semanas sin bibliotecas!, o sea sin mi universidad; tambièn pensè como harán ahora los sin techos, los pordioseros, los que duermen en las calles, debajos de puentes y en parques, los cuales acuden a las bibliotecas no por un libro, quizás alguno para distraer su miseria, sino para usar los servicios higiènicos. Los pordioseros abundan en Berkeley, en San Francisco, en Oakland, por doquier se ve carpas pequeñas donde duermen algunos, cuántos de ellos estarán ya infectados? cómo se hará con ellos? en este sistema de salud que además de ser caro, no está preparado para este tipo de pandemia. A esto hay que agregarle el temor que tendrán migrantes ilegales acudir a hospitales, debido a la política migratoria, veremos que leyes cambiarán para evitar estos temores; seguro en ciudades santuarios habrá leyes que protejan, veremos.

Con el brote del virus en Massachusetts se confirma que una persona puede tener el virus ya dos semanas sin presentar sintomas, asi es que no sabemos cuantos tendran o tendremos ya el virus propagándolo en silencio, por eso la organización mundial de salud, insiste se haga a todo el mundo el test.

Mientras tanto aquí sigue la tensa espera claustrofóbica, el verdor de los árboles que diviso desde mi ventana me invita a salir a correr como de costumbre por las mañanas.

Otto Aguilar
Berkeley - 17/3/2020
Foto: Ocaso desde mi ventana.

Saturday, March 7, 2020

La vida es un sueño fuerte.


... la vida es un sueño fuerte
de una muerte hasta otra muerte,
y me apresto a despertar.

                           Severo Sarduy

  Siempre experimentaste estupor y angustia, cuando pensabas en la costumbre de enterrar a los muertos; y era una obsesión aún más torturante cuando pensabas en ello después de abandonar en los cementerios a algún ser querido que acaba de ser enterrado, peor aún si era joven. Te producía escalofrío imaginar ese aterrador final de tu testa!, laboratorio de perennes ecuaciones y paradojas filosóficas sin solución; la angustia era mayor si tales pensamientos te atacaban previo a dormir, y pensabas en tu cuerpo, templo de delirios sexuales que supo de caricias cual dardos de pasión que terminaron en crueles punzadas de desamor. Te provocaba escalofrío pensar que aquel tu cuerpo, de enclenque anatomía, cuerpo al cual cuidabas en tu juventud sin mucho alarde vanidoso, al cual tu madre por su trabajo de costurera acostumbró desde pequeño a vestirte sin descuido, con gusto pero sin excesos, terminara bien serio, enterrado en un hoyo!, pudrièndose mientras es devorado por gusanos; mientras allá arriba a unos cuantos metros en el mundo de los vivos, la vida continúa en su rutina, donde el día a día despunta con claxons de vehículos (que tu sordera fúnebre no te permite ya escuchar) anunciando el ajetreo del trabajo diario, y donde por las noches en algún motelucho cercano al cementerio donde yacen tus despojos, Alejandro y Antonio gozan las narcotizantes caricias en sus encandiladas epidermis sin pensar en ese momento de máximo placer, en la muerte, esa que quizás un día no muy lejano los convertirá en uno más de tus vecinos en ese cementerio donde reposas y donde los que te visitan pueden leer el epitafio que pediste a tu madre pusiera; tu bella madre a la cual sin resignarse, le rogabas no llevara tus depojos ante ningún cura ni a ninguna iglesia, bajo amenaza de desvelarla con pesadillas de tu impía resurrección . El epitafio en tu tumba, la cual está en el mismo cementerio donde yace tu hermano Daniel, muerto joven hace más de tres décadas producto de las guerras fratricidas de eterno retorno en Nicaragua, es de Severo Sarduy, el cual dice:

"Volveré, pero no en vida,
Que todo se despelleja
y el frío la cal aqueja
de los huesos. ¡Qué atrevida
la osamenta que convida
a su manera a danzar!
No la puedo contrariar:
la vida es un sueño fuerte
de una muerte hasta otra muerte,
y me apresto a despertar.


  Quizás lo peor no es morir, sino morir joven y por una causa perdida, morir sin haber vivido lo suficiente para ver la traición en que esas luchas terminan; pero vos moriste con suficientes años acumulados para ver la traición en que terminó la lucha por la cual casi mueres joven. Inmolarse como héroe, ¡qué romántico!, ¿no? que romántico es que los que quedan vivos en esas luchas recuerden a los jóvenes inmolados diciendo "murió por la Patria". De jóvenes muertos por la Patria están llenos los cementerios, mientras la asambleas están llenas de viejos engordados con el tocino del poder de turno. Las perennes utopías han atestado de muertos jóvenes los cementerios en cualquier lugar del planeta y en cualquier momento de la historia de las luchas por un mundo mejor; a pesar de ello el mundo sigue su curso, el magnate acrecienta su peculio en países de tercer mundo donde ellos viven como en país de primer mundo.

  A unas cuantas cuadras de tu tumba, arriba en el mundanal ruido de la existencia a la cual perteneciste como en un sueño, el político amigo y socio del banquero, envejecido y engordado en el oficio político, se prepara para una sesión más en su cómoda butaca en la asamblea donde se aprobará la nueva ley de seguro social que además de aumentar la cuota de los trabajadores al seguro, se aumentará más la edad de jubilación.

  El mundo seguirá indetenible su curso, el día se hará noche y así se acumularán los años, las décadas, y repetirá los viejos capítulos de la historia con sus viejos errores y crímenes bajo nuevas tecnologías y con nuevos y extravagantes discursos políticos, mientras allá abajo el viejo cementerio, en el hoyo donde te depositaron (si acaso no han construido sobre el cementerio un centro comercial) sólo queda entre tus cenizas un cristo de metal que tu madre, sin haber cumplido tu impía petición, puso en tus manos como visa de entrada al aburrido cielo donde ella confiaba quizás volver a encontrarte. (Páginas sueltas de un desdiario).

Otto Aguilar - Berkeley - Feb 15 de 2019
Dibujo : Autorretrato sobre papel  

Tuesday, November 12, 2019

Haraquiri a lo Misshima.




  En el libro titulado “Confesiones de una máscara”, el escritor japonès Yukio Misshima,  entre varias de sus confesiones, relata su excitación ante la imagen de un San Sebastián, del artista Guido Reni:
   
  “En el cuerpo del joven – que recordaba el de Antinoo, el amado de Adriano, cuya belleza tantas veces ha inmortalizado la escultura: no se veían rastros del duro vivir o de la decrepitud que en tantas representaciones de santos se veía. Contrariamente, en aquel cuerpo sólo había  juventud primaveral, luz, belleza y placer…
  Aquel día, en el instante en que mi vista se posó en el cuadro, todo mi ser se estremeció de pagano goce. Se me levantó la sangre, y se me hincharon las ingles, como al impulso de la ira… Mis manos, de forma totalmente inconsciente, iniciaron unos movimientos que nadie les había enseñado. Sentí que algo secreto y radiante se elevaba, rápido el paso, para atacarme desde dentro de mí. De repente estalló, y trajo consigo una cegadora embriaguez…
Esta fue mi primera eyaculación. Y tambièn fue el principio, torpe y totalmente imprevisto, de mi “vicio”.  (Interesante coincidencia es es que Hirschfeld coloque los “cuadros de San Sebastián en primera fila entre las obras de arte que producen especial placer al invertido”.  Esta observación de Hirschfeld nos conduce fácilmente a aventurar que en la inmensa mayoría de los casos de inversión, en especial la inversión congènita, los impulsos invertidos y los sádicos se encuentran inextricablemente mezclados.)"
   
  En 1995 realicè un dibujo a tiza pastel inspirado en Misshima. Algunos meses despuès de exhibirlo en una galería de San Francisco, inconforme con el dibujo, lo cortè en dos y destruí la parte superior. De este inmolado dibujo, sobrevivió  sólo la parte de abajo y un print digital, el cual por un tiempo colgaba de las paredes de una casa en Granada, Nicaragua; tal copia, según su coleccionista, le fue robada. Cualquiera diría que este gesto de destruir mi dibujo “Homenaje a Misshima”, fuera un premeditado “performance de Haraquiri sadomasoquista”, similar al trágico final del mismo escritor, el cual se suicida en la cumbre de su fama literaria a sus 45 años de edad, bajo el ritual del Haraquiri, rito de honorable tradición Samurai.  Tal ritual consiste en clavarse una daga en el abdomen y cruzarla de un lado a otro abrièndose las entrañas, luego el padrino de la ceremonia, debe proceder a decapitar cuando el torso se ha doblegado. En el caso de Misshima, su amigo  Morita, tuvo que asestar dos o tres golpes para lograr decapitarlo.
   
  Confesisones de una máscara, es una novela autobiográfica; en ella el autor va escudriñándose y desenmascarándose, en esas etapas de formación de la personalidad: niñez,  adolescencia y juventud.  Inicia relatando su relación con su  posesiva abuela, de la cual dice: a mis primeros años tenía una novia posesiva de más de 70 años de edad. 

  Misshima tuvo esposa, así como amantes. Visitó Nueva York; en una entrevista realizada en esa comsmopólita ciudad aparece con la típica chaqueta de cuero que usan los sadomasoquistas, practicantes del sexo rudo. Allí asistó a los clubs y a los saunas de homosexuales, quizás los mismos saunas que visitara el afamado bailarín escapado de la Unión Soviètica, Nureyev. 
   
  Su suicidio no es debido a frustración por una vida en el closet, (vida homosexual la cual escudriñó, gozó y dejó plasmada en su obra), sino que parece ser debido a sus ideas tradicionales, enmarcadas alrededor del culto al viejo Japón y a su emperador; la pèrdida de los valores tradicionales del Japón le causaban hondo malestar.  Cualquiera que haya sido la razón del suicidio, dejó una obra con un profundo e inteligente análisis sicológico, (escrito con el filoso escalpelo del cirujano), de lo que subyace bajo la máscara que muchos se resignan a llevar inescrutable hasta el final de sus días.
 

Otto Aguilar – Berkeley 11 de Nov. de 2019

Dibujo “Homenaje a Misshima” – Tiza pastel/papel - 1995

Friday, November 1, 2019

Laberintos del Hermitage.


  En el año 2011 regresè a Rusia, despuès de 26 años de haber estado allí cuando aún se llamaba Unión Soviètica. Rusia es ahora otro país, que mantiene sus tradiciones y su religión ortodoxa, y cierta nostalgia (en viejos rusos) por ese pasado soviètico; una Rusia con lujosos edificios modernos a la par de viejas catedrales medievales, con nuevos millonarios, magnates cuyas fortunas provienen de su corrupto pasado con la elite soviètica, asociados ahora con el nuevo zar, Putín; oligarcas que se aprovecharon de la privatización, al caer el comunismo, comprando o quedándose con propiedades o compañias del estado, similar a lo sucedido en Nicaragua cuando cae el Sandinismo en 1990. Igual que en Nicaragua, por un lado ves la opulencia de residencias de los viejos y los nuevos ricos ex funcionarios corruptos, y por otro lado ves la pobreza, los mendigos, los viejos ex hèroes de guerra, o trabajadores , languideciendo con miserables pensiones. o sueldos de hambre.

  Allí estaba la Plaza roja, que recorrí tantas veces!, plaza donde la momia de Lenin permanece aún como símbolo de una "momificada y cruel historia", el recuerdo de quien iniciara aquella revolución que terminó en los campos de concentración, en el Gulag, en las ejecuciones, en las deportaciones, en el exilio, en las hambrunas fabricadas. Aquella revolución bolchevique devoró a sus hijos, igual que había sucedido antes con la revolución Francesa, sucedió igual con todas las revoluciones que le siguieron a la de los bolcheviques, incluyendo la revolución nicaragüense.

  Al respecto, conversaba con un amigo:

  - Ahora que mencionas a Voltaire, recuerdo que èl igual que Diderot, mantuvo fluida correspondencia con la zarina Catalina la grande, y se me hace extraño que este gran humanista, este filósofo haya mantenido una amistad con la zarina, una dèspota según sus críticos, o una mujer inteligente, astuta, compulsiva coleccionista de arte y, de muchos amantes rusos. Voltaire, en su cuento Zadig, en el cual se retrata, nos pinta el mundo tal como lo concibe el filósofo ya maduro, desengañado de cualquier idílio sobre la humanidad, una humanidad cruel, víctima y victimaria a la vez.

  - A propósito de la zarina, contame de tu último viaje a Rusia. Contame sobre el Hermitage, el palacio de invierno de los zares y la historia esa de la silla de caoba nicaragüense donde la zarina tenía su orgasmo con su amante de turno, entiendo que hay un salón donde sus lances sexuales se llevaban a cabo, donde hay murales , decoraciones eróticas, que viste allí?

  - No ví esa silla, pero leí que en efecto existió. El museo Hermitage, que fue el palacio de los zares, está atestado de obras de arte, es tarea de varios días verlo todo. Catalina adquirió colecciones completas del mejor arte europeo de todos los siglos, así como bibliotecas de eminentes filósofos tales como la de su amigo Voltaire y la de Dideror.

  - Que pensaría Catalina la grande, amante de las artes y de los hombres guapos, sobre los homosexuales?

  - Habría que indagar en su abundante correspondencia entre sus amigos como Voltaire, un filósofo muy liberal, es probable que ella conociera algo de la bisexulidad del príncipe padre del primer zar de Rusia Iván el terrible, el cual igual que su padre, fue bisexual, sin embargo esto no le impedía ordenar la ejecución de un cortesano acusado de haber participado en orgías homosexuales. De igual manera la zarina Catalina, quizá sabía de la bisexualidad ocasional del zar Peter I, el artífice de la bella ciudad de San Petersburgo. En la cultura rusa hay vidas dramáticas de artistas que despuès de autocensurar su sexualidad, terminaron suicidándose, como el escritor de Las almas muertas, Gogol, el cual sometièndose al fanatismo de un padre quemó la segunda parte de su obra maestra Las almas muertas, el ayuno y penitencias lo condujeron a la muerte; otro caso es del compositor Tchaikovsky. Hubo un período donde la tolerancia sexual era un poco más abierta, más aceptable, fue el llamado Período Plata, donde artistas y escritores como Zinaida Grippious, escribieron obras de explícito tema homosexual, sobre el fotógrafo Wilhelm Von Gloeden y sus sensuales fotos de efebos al estilo del amor griego. Despuès la revolución bolchevique de 1917, se revertió esta apertura sexual y se tildó de desviación tanto sexual como ideológica a la homosexualidad. Máximo Gorky, el escritor que a pesar de sus criticas a las arbitrariedades, a la represión del recièn iniciado proceso revolucionario, despuès regresa asimilado al bolchevismo y se convierte en el escritor de la propaganda de la literatura del realismo socialista en la Rusia comunista, es un caso complejo, muy paradójico. Gorky en un discurso homofóbico, afirmaba que acabando a la homosexualidad se combatía al capitalismo. Establecido en Rusia despuès de su autoexilio, Gorky escribiría el articulo Solovki, donde hacía apología y pintaba un cuadro idílico de los primeros campamentos de trabajos forzados. De igual manera hará lo mismo despuès de su visita a la construcción del canal en el mar Báltico, bajo las órdenes de Stalin. Gorky, ya viejo y enfermo, caería víctima tambièn bajo la paranoia de Stalin quien ordena a los doctores administrar medicamento que aceleraría el final del escritor.

   - Hay en la historia de las revoluciones latinoamericanas que sucedieron despuès de la de Rusia, casos similares al del escritor Gorky?

  - En la revolución sandinista de los años 80's, hay casos parecidos al de Gorky, porque coquetear con el poder es muy productivo. Tanto en Cuba como en Nicaragua, han habido escritores (igual que pintores, etc) que se pavonearon con la elite, mientras que otros optaron por apartarse aunque esto significara enclaustramiento, la no publicación de sus obras, la muerte civil. En el caso de la revolución cubana, encontrás a escritores de la elite que gozaron de los privilegios que deja el coqueteo con el poder. Del escritor nobel de literatura, Gabriel García Márquez,   íntimo amigo de Fidel Castro, se dice que abogó ante èste por algunos escritores caídos en desgracia, igual se dice que hizo Gorky por escritores disidentes ante Stalin. Por otro lado encontrás a muchos de los escritores cubanos tildados de disidentes, los cuales pasaron desapercibidos, enclaustrados, marginados de las editoriales oficialistas, apartados como parias como el caso de Lezama Lima, Virgilio Piñera, Reinaldo Arenas, tanto por diferencias políticas con el règimen castrista así como por sus preferencias sexuales.

(Párrafos de : Laberintos del Hermitage)

Otto Aguilar
Berkeley  11/1/2019

(Foto; Hermitage, San Petersburgo - 2011)