Saturday, December 13, 2014

La puta Patria.


   En la tropa lo llamaban Polvasal, èl era uno de esos sobrevivientes de feroces combates, uno de esos que no te dejaban morir a la hora del mortal combate, allí donde se requería tener coraje de acero más que bravuconería. Despuès de morir cada noche y resucitar cada mañana con el batallón 50-10 en las montañas de Jalapa, no tuvo mas botín de guerra, que el terror del combate clavado en su memoria y el silencio eterno del hermano o amigo muerto en la guerra. Años despuès, desempleado y abandonado por su mujer, murió alcoholizado en un cuartucho hecho de latas de cinz en un polvoso asentamiento llamado "Milagro de dios", de esos que aparecieron como milagros en la periferia de barrios paupèrrimos de Managua en los años 80's. Entre sus escasas pertenencias, su madre encontró viejas cartas, junto a un diario bastante maltratado y sucio. En una de las páginas su madre encontró este cuento, que hoy yo les traigo, asombrado de las dotes de escritor de aquel Polvasal, que un día me salvara de morir en 1983 bajo las balas de la contrarrevolución en el cerrado combate de Makaralí.

El cuento dice así:

Pues así es!, tal vez no me creerán, pero aquí donde me ven yo conocí a la Patria antes que se prostituyera, antes de que la vendieran al mejor postor. Nos conocimos y fue amor a primera vista, pero en esos días tuve que irme a la montaña con el batallón y al regresar ella era otra y para otros.

Para atraer a su clientela, el chulo de turno engalanaba a la puta Patria de acuerdo al cliente de turno. Así, cuando había que buscar clientes en el pueblo, la vestía de puta pueblerina, con una blusa roja escotada y una minifalda negra tan corta, que al sentarse enseñaba toda aquella mercancía que tenía entre las piernas. Los más machos iban cayendo en sus brazos, embobados en la estela de perfume "siete machos", ese que queda pegado espantosamente en las narices, junto con el potpourri de tufos propios de los recovecos de su cuerpo. 

Otras veces el nuevo chulo, vestía a la puta Patria, con ropas finas de Christian Dior y la ponía a levitar en un exquisito aroma de Channel # 5. Ella siempre tenía que estar ataviada de acuerdo al nivel del su clientela. Este tipo de cliente, muchos de ellos, altos funcionarios de gobierno, la gozaron no en moteles de barrios como los clientes de pueblo, sino en hoteles cinco estrellas y, por supuesto! pagando con la "American Express" asignada para sus gastos de representación.

Hoy la Patria cansada y vieja, ataviada ridiculamente, de nuevo es revendida por un viejo proxeneta y violador que habiendo caído en desgracia por unos años logró recuperarla, pactando con viejos proxenetas expertos en el arte de prostituir y vender Patrias.

En los corredores del prostíbulo patriótico llamado "Asamblea", viejos proxenetas o clientes que de pobres pasaron a ricos, en esta profesión milenaria, dan instrucciones animadamente haciendo alarde de sus èxitos, ante los rostros embobados de novatos aspirantes. Mientras que afuera del prostíbulo, viejos y nuevos clientes, hacen cola empujando y peleándose unos contra otros, en espera de su turno con  la Patria.

Pues así es!... así ha sido!, y aunque no me crean, yo conocí a a esa Patria antes de hacerse puta. 


Otto Aguila - Berkeley, 24 de octubre de 2008
Imagen "La espera" - tiza pastel sobre papel.