Thursday, November 29, 2012

Santitos en un rincón del corredor.



 ... al dejar la prisión que las encierra
   que encontrarán las almas?
                                Josè Asunción Silva

  En la algodonosa neblina de aquella mañana, el metro que me llevaba de Berkeley a la ciudad de San Francisco crujía como de costumbre; el chirrido sobre los rieles ensordecía el tintineo de mis acufenos, causante de mi perenne insomnio, insomnio que interrumpía constantemente mi rutinaria muerte nocturna.  En el trayecto abrí al azar una antología de cuentos de Sergio Ramirez que llevaba conmigo y, en el cuento titulado Perdón y olvido, leí: "Los dos habían muerto hacía años, mi madre de cáncer en los pulmones porque fumaba como una loca", sorprendido por la coincidencia fatal de estas líneas con el motivo de mi viaje en aquel tren, cerrè rapidamente el libro en un gesto de espantar aquella terrible posiblidad de la muerte. El metro crujiendo metalicamente continuó su recorrido a mi destino, sus ventanas eran canvas en blanco donde un pintor esbozaba y a la vez borraba grisallas de un tenue marrón verde-olivo de lejanas montañas, de edificios y callles donde la rutina imponía su curso.  Indiferente a cualquier dolencia o a cualquier placer de sus pasajeros, el tren avanzó penetrando aquella neblina como entrando en un  sueño.

  Cuando ingresè a la sala del apartamento disimulè el impacto de mi rostro, al ver su desvencijada figura entre almohadas acomodadas de tal forma que le permitiesen no sentir el dolor o la incomodidad de la carne flácida presionada contra sus huesos. En su cama especial de convalesciente, èl sin percatarse de mi presencia permaneció unos instantes contemplándose en el espejo que su esquelètica y temblorosa mano sostenía.  Que lo impulsaba a contemplarse?,  vanidad rezagada?, curiosidad?, tratar de reconocerse a si mismo, en aquel  espectro que ahora el espejo le arrojaba inmesiricordemente a sus ojerosos ojos?; èstas y otras preguntas en mí, sonaban como ecos fatales, martillando angustiosamente en un futuro quizás no muy lejano, mi propio final. Sería yo capaz de buscar mi desvanescente rostro tratando de reconocerlo en las quietas aguas de un espejo, en la antesala de mi muerte?.

  - La enfermedad es indignante así como la vejez tambièn lo es - me decía el poeta cuasi centenario don Chepito Cuadra, cuyo frágil y quijotesco cuerpo parecía una marioneta a punto de desarmarse al abrazarle en cada una de mis visitas, allá en su casa de la colonía Centroamerica, en Managua.

  Cuanto le debe pesar al alma tan etèrea, desprenderse de ese acostumbrado y frágil cuerpo!, de ese cuerpo que supo de placeres, de caricias, de sensaciones inexplicables como aquellas de sentir en ciertas ocasiones atravesar otras dimensiones intuyendo un pasado ya lejano o quizás un futuro ya vivido como si fuesen premoniciones de sueños.  En ese salto final quizás por breves instantes, tal vez aturdidos encontramos la repuesta al arcano de la existencia, y a esa sensaciones donde pasado y futuro tienen su contrapunto en un fugaz presente o, quizás en ese momento acaba todo, sin darnos cuenta que lo que llamábamos alma, conciencia o lo que sea, era sólo el reflejo del complejo sistema neuronal reaccionando a velocidad de la luz, en cada estímulo del mundo exterior sobre nuestra máquina de carne llamada cuerpo.


  Colocó el espejo a un lado de su cama y mi hizo seña de que me le acercara, me pidió le ayudara a mover en otra posición su pierna derecha acomodándole otra almohada; despuès le puse uno de sus calcetines que se había caído de su esquelètico pie. Me mostró una pulsera hecha de pequeñas cuentas que tenían impresas imágenes de santos, pero que podía decirle un incrèdulo como yo?, un ex creyente que había huido de aquella iglesía de San Josè y demás santos a la edad de 13 años?.

  Tanto había que conversar entre nosostros, aún!;  hacía unos meses que ya no nos llamábamos por telèfono, nuestras  conversaciones fueron paulatinamente disminuyendo porque su traquetomía ya no le permitía el placer de hablar, esa capacidad rutinaria de emitir palabras la cual por ser una costumbre no nos causa admiración, pero para èl, el hablar era como un milagro, un lujo que èl ya no gozaba. Cuando se quedó dormido por la aplicación de más parches de morfina que a veces ya no calmaban el dolor, su madre me dijo conteniendo las lágrimas: - Mirá a tu amigo como está!, me duele tanto verle así... y tanto que le pedía dejar de fumar... pero nada... nunca me escuchó, al contrario se enojaba conmigo...  En ese instante recordè las líneas del libro de Sergio Ramirez, como un contra punto fugaz de cruel coincidencia.

  Impotente al escuchar las quejas, los lamentos de la madre, sin saber que decir, lo único que se me ocurrió fuè instarle a que trataran de hablar, tratando de desahogarse y buscando el alivio que produce el perdón; despuès yo pensaba que aquello era algo dificil en el estado doloroso y de postración de èl.
 
  Me despedí de ella, aprovechando que èl seguía sedado por la morfina. Cinco días despuès de mi visita, yo le volvería a ver en la misma cama de convalesciente ahora convertida en su lecho de muerte.  Inmóvil estaba, con el rictus pintado en su rostro y su mandíbula sujetada ridiculamente con un pañuelo para disimular el cruel bostezo de la muerte.  Al abrazar a la madre y darle mis condolencias, pensè si ellos habrían tenido la oportunidad del perdón, si es que había algo que perdonarse entre ambos... pensè en ese momento, cuanto dolor!, cuanto daño podemos infligir a los seres queridos que nos acompañan en nuestra fugaz existencia!, y creyèndonos muy lejos de la muerte, aguardamos equivocadamente el último momento para el abrazo, para decir te quiero, para pedir perdón.

  Cuando salía de la casa, ví un altar con muchos santitos que en un rincón del corredor su madre había colocado; las llamas de las velas votativas agigantaban a los santitos en sus sombras arrojadas sobre la misma pared donde varios retratos de mi amigo fallecido sonriente mostraban la indolencia de sus años de juventud.

Otto Aguilar- Berkeley Nov-29-2012
Imagen: Gonzalo Andrès Diaz Jopia  https://www.flickr.com/photos/fotografia_gonzalo/5717137057/



Friday, August 31, 2012

The Joker.



"Nicaragua es el culo del mundo... Dejada de la mano 
de Dios la mantiene ardiendo el Diablo en su forja. 
A veces la tierra se sacude tratando de quitarse a los
nicaragüenses de encima, pero no, se aferran como hormiguitas 
sobre un mapa mundi. Allá lo estable no es la tierra, son las tiranías:
los Somozas, los sandinistas, que se eternizan" 
(El Mensajero - Fernando Vallejo)

- Aló, quièn habla? - preguntè
- Ideay maje, pues yo y quien más!
- Yo no soy maje! - le ripostè
- Noooo jodás!
- Yo no te jodo, quien te jode es tu vida! - le gritè

- Como estás? - atinó a preguntarme, para saltar ese incómodo inicio de conversación, con acostumbrado humor negro (al cual yo nunca acabè por acostumbrarme), tratando posiblemente de neutralizar cualquier indicio que expresase cariño o ternura rancia, resabios de vieja relación, que se hayan quedado rezagados por allí en los vericuetos del corazón.

- Pues aquí, pintándome... los ojos, los labios, ya sabes...pintándome!- le respondí.
- Ah!, de seguro preparándote para irte a "Esta noche"!

- No, hom... pintando a mis espectros y queriendo olvidar con ellos esta perra vida que... -  me detuve al recordar que a èl poco le importaría que estaba pintando yo, pues mis largas horas ensimismado en mis pinturas, más bien le provocaban en la mocedad de nuestro viejo idilio, reclamos de amante abandonado; despuès, cuando la química hormonal entre los dos se fuè al carajo, èl comprendió que la pintura era mi refugio, mi escape de la sordidez del mundo, quizás hasta de èl mismo.

- Y cómo está Managua - le preguntè.

-Pues la misma mierda de siempre!, ya sabes- me contesta y agrega - los cortes de energía elèctrica, y lo mismo pasa con el agua, por lo cual tenès que madrugar para poder recogerla en barriles y bañarte y despuès listo para la odisea del día; porque vivir aquí es una odisea día a día!, desde que salís de la casa tenès que sacar la jeta primero y ver si el camino está despejado de maleantes porque si no vas alerta, allí mismito te cosen las tripas!, y luego a correr para alcanzar algún bus. Ya en el bus, si acaso lograste zamparte en uno, aunque sea colgado de la puerta, vas como garrapata en su perro, clavado de las uñas de los pies al piso del destartalado bus, no vaya a ser que en una de los brincos o vueltas salgas volando por los aires!; y chiva tambièn con las carteras porque en el bus trabajan tambièn a tiempo completo los tamales*. Fijate vos!, los ladrones de alcurnia cuyos papis les regalaron la "dolce vita" a travès de la explotación de nuestros tatarabuelos a "pija y rincón", amancebados con la fauna política en el poder de turno de ayer, de hoy y de siempre, te roban desde arriba a cuenta gotas y los tamales de abajo, los de chinela de gancho, en cualquier esquina te esperan para rematarte. - Chocho!, si yo no lo hubiese vivido en carne propia, diría que me estás hablando pendejadas. Hace dos años me jodieron en el barrio Dimitrov y ...

 - Sos caballo vos! - me interrumpe- como se te ocurre irte a zampar ahí!, donde la vida no vale nada!, por allí hasta bautizaron una calle con el nombre de El callejón de la muerte.
-
  Casualmente cerca de ese callejón fue - le comfirmo - pues ya había estado allí, me confiè y la agarrè del cuello!, mejor dicho de las costillas y la espalda, que fue donde me hincaron los tamales*.

 - Pero que jodido andabas haciendo allí? - me pregunta.

 - Visitaba a un amigo, pero mi gran error fue que por muerto de hambre, me aventurè por una callecita a la vuela de la casa del amigo, buscando unas fritangas, al regreso los ladrones me siguieron y los cucchillos de destace salieron a relucir... todavía me produce escalofrío recordarlo!, acto seguido me sentaron en la acera como niño, hincándome con la punta de los cuchillos y allí mismo me bolsearon y me dejaron palmado pues!... si por milagro no me dejaron en pelotas, o con las tripas de fuera!.

 - Maje!, no jodás clase susto!. - me dice.

 - Imaginate saber que si he andado borracho y reaciono como hèroe , no te estaría contando el cuento,  como le pasó a un primo cuando lo asaltaron, y por eso le descargaron varios plomos en el pecho!. Así es que aprendí la lección!, lo único que pensè inmediatamente fue dejar que se llevaran todo, hasta las tajadas fritas por las que casi me matan, me quitaron!. Despuès del susto pensaba que muerte mas pendeja e irónica hubiera sido èsta!, pero ni en la guerra, ni en los batallones despuès de cada combate donde vimos galopar la muerte, te acordás?, entreguè mi cacaste, y ahora esos pendejos me iban a despachar gratis al más allá!, por unos miserable pesos y unas tajadas fritas...  y un celular  tambièn, que ni siquiera ya usaba por el costo de las tarjetas telefónicas.

 - Pero quièn te manda meterte en la boca del lobo? - me grita - y cuando tenès planes de regresar a Nicaragua?

 - Què?, estás jugado de cegua o què? - le digo - crees que me dan ganas de ir despuès de tremendo susto!, no hermano, si lleguè hasta donde estoy y no me ha tocado mi turno o no me toca todavía, como crees que lo voy ir allá a buscarlo de gratis?

  - Que cooochón que te has vuelto! - me dice enfatizando lo de cooochón-  pero bueno a mí no me queda de otra y....

  - Aló?, aló?, ideaaay!!!... alooooooooo..........................................

  - Mierda!, se corto la linea!

  Marquè su número de telèfono para continuar la perorata, pensando en mis posibles argumentos para defenderme de su sarcasmo; defenderme de lo que èl tildaba de cobardía y  yo consideraba simple precaución, a pesar de mi mal de patria y deseo perenne de retornar a Nicaragua,  pero sólo logrè escuchar del otro lado el timbre intermitente. Al colgar el telèfono el televisor que había quedado encendido sin prestarle atención mientras yo hablaba, me lanza en pleno rostro como una bofetada, el comunicado de última hora:

"la cifra todavía no se ha verificado, pero se cree que son doce los muertos entre decenas de heridos, las víctimas de un tiroteo entre los espectadores que asistían a media noche al premier "The dark knight", en una sala de cine de la ciudad de Colorado; el autor de la masacre, en el momento de su captura, dijo ser "The Joker".

 (* Tamales- asi se le dice en Nicaragua a los ladrones comunes, a los asaltantes de la calle, a los de chinela de gancho, o sea a los ladrones de abajo, no a los ladrones de arriba, a los de arriba se les llama empresarios o políticos.)

Otto Aguilar - Berkeley - 2012
Foto: viejo cementerio de San Pedro, Managua, Nicaragua

Saturday, August 18, 2012

El fantasma de la estación del tren.

"El amor, cualquiera que sea  su naturaleza,
no puede nunca ser depravado,
excepto en los ojos del cínico" 
Mijail Kuzmin, "Wings"

  Las tinieblas no se disipaban aún en esa helada madrugada cuando decidí cambiar de itinerario en mi carrera matutina por la marina de Berkeley. Un simple cambio de dirección en nuestra rutina puede depararnos muchas sorpresas, al doblar la esquina de una calle el pasado nos puede atrapar en esa dimensión de los recuerdos que permanece allí al acecho, latente en lo recóndito de nuestra memoria.

   Aquella mañana cambiè por primera vez mi recorrido y, al pasar por la estación del tren llamó mi atención un fantasma cubierto de pie a cabeza con una sábana que por sucia parecía color cafè. El fantasma estaba sentado en una banca de metal color verde donde un farol le iluminaba cual candilejas de solitario teatro, bañándolo de una luz de tinte ocre dorado. Cuando decidí congelar aquel fantasma con mi camarita fotográfica iluminándolo con el flash, la escena cambió  en un instante. La estación en que me encontraba ahora era la estación del tren de la ciudad de Tula, la misma estación del pueblito del conde escritor León Tolstoy pero de la Rusia en los años 1980's, en una madrugada algodonosa y fría de mi reencuentro presuroso y clandestino con Ivan.  En esa estación, mis ojos escrutadores asomaban entre el gorro de piel que cubría hasta la mitad de mi frente y las altas solapas del abrigo. Ansiosas mis pupilas se movían nerviosas en todas  direcciones con la esperanza de que Ivan apareciera lo más pronto posible, antes que la milicia me cayera y detuviese al preguntar por mi confiscado pasaporte.

   En ese breve instante quedè levitando entre la estación vaporosa del tren de la ciudad de Tula y la estación del tren en aquella madrugada en Berkeley, impávido contemplando aquel fantasma embozado en su sucia sábana, insomne, herido de frío y de hambre, atrapado en aquella estación de su miserable vida.  El flash de mi cámara al fotografiarle hizo reaccionar al  fantasma quien somnoliento descubrió su rostro ante mi impertinencia, dejándome atónito al comprobar que tras aquellos harapos asomaba mi mismo rostro!, era yo mismo en aquella  estación del tren de la ciudad de Tula de los años ochentas.

    Para bièn o para mal, mis exploraciones nocturnas de esos años de becario en Moscú, me habían abierto el ropero de los trapos sucios de la Rusia comunista; de esas verdades sobre los crímenes, sobre las ejecuciones y los gulags que a mis oídos habían llegado sólo como murmullos peligrosos olorosos a vodka y a cebolla en las tabernas moscovitas, levitando entre nubes de humo de cigarrillos; murmullos que fluían al calor del vodka del casual  contertulio ruso que efusivo y curioso preguntaba - atkuda ti priejali?,  y al contestarles que yo era de Nicaragua ellos eufóricamente gritaban - brat, brat! -equivalente a hermano- y al instante sacaban la botella de vodka, zampándome un vaso completo del caliente elixir etílico que quemaba mi garganta y elevaba mi espíritu a esas dimensiones y alturas muy lejos de la rutinaria vida de estudiante.  En esa tabernas moscovitas el vodka me elevaba a esas alturas a las que no llegaba cuando niño en los aburridos rezos con la abuela en sacras iglesias. No tenía otra opción!, había que tomarse aquel vaso de elixir! - da kansá!, - hasta el final!. Ahí me quedaba aquel elixir palpitándome en las venas, luego había que morder una cebolla y olfatear un pedazo de pan negro o clavarle los incisivos a un pescado seco y, al rato quedaba levitando en esa lejana Nicaragua de mi niñez, en esa Managua torturada de terremotos, de guerras y dictadores. Entonces se me inundaban los ojos de recuerdos húmedos, tan lejanos en el tiempo y en el espacio.  Para no terminar vencido por el vodka, despuès de muchas levitaciones en tabernas, optè ante la pregunta de que país venía, por  contestar de que era de cualquier país menos de Nicaragua.

   Esos secretos peligrosos del estalinismo tambièn los escuchaba entre sábanas olorosas a sexo, en mis noches de encuentros fortuitos por los alrededores del teatro Bolshoi en Moscú.  Las vendas del momificado disfraz de revolucionario habían comenzado a soltarse, tambièn los hèroes de volátiles revoluciones, cayeron hechos añicos de sus nichos.

     Al transcurrir el tiempo aventurè más mi intrèpida sexualidad desafiando las leyes rusas e inclusives las de mi religión; por ello un día de la noche a la mañana en Moscú, despuès de mi primer gustazo hormonal me cayó el trancazo, es decir la milicia; así pasè a ser  parte de esa categoría de los disidentes que en otros tiempos, en el período de las purgas sovièticas, eran enviados a trabajos forzados o ejecutados en cualquier rincón oculto erejido por la "revolución gloriosa del bolchevismo", mientras a la familia del ejecutado se le mantenía por años con la esperanza de que un día el ser querido regresaría despuès de cumplir su "rehabilitación".  Pero claro, eran otros los tiempos y, sobre mi no pendía ni la carcel ni la deportación a Siberia a trabajos forzados en el gulag, sino por el carácter de mi "desviación" según los comunistas, propia sólo del mal del capitalismo, posiblemente se me deportaría de Rusia a mi país.

   Los parques de Moscú me brindaron de vez en cuando, el refugio que la tierra me ofrecía como una madre a un hijo pródigo; en esos parques la alfombra de verde grama estaba decorada con hojas amarillas y rojo burgundy del otoño; rojo oscuro como el rojo de la sangre que ardía en mis venas, rojo como la sangre de los disidentes rusos ejecutados en nombre del proletariado, tildados de traidores a la revolución rusa, rojo oscuro como la sangre del escritor ruso Isaak Babel, brotando del orificio de la bala estalinista en su cabeza genial de cuentista, que heredó tantas increibles historias del pueblo cosaco, tan increibles como su triste final despuès de asumir su falsa acusación de contrarrevolucionario, y no permitirle su último deseo de ordenar su diario o textos antes de morir, rojo oscuro burgundy como la sangre derramada en el gulag del poeta Kluiev, amante del poeta Serguei Esenin, quien se suicida desesperado, en el descontento y desengaño de la gran revolución de Lenin, rojo burgundy como el vino mezclado en mis noches moscovitas de locura y decepción, con el rojo oscuro de mi sangre palpitando en mi atribulado ser. Allí pernoctè escondido bajo arbustos en aquella alfombra de verde grama donde Ivan y yo nos calentamos una vez con ese elixir rojo y con la brasa de nuestros cuerpos sabiendo que nuestra separación era inminente.

   En mi desencanto de falsas utopías, en el alambique de mi memoria se habían arrugado las páginas leídas del libro "Que hacer de Lenin", y lo mandè a comer mierda tambièn, junto con todo sus acólitos.

   En mis cavilaciones afloraban las tormentosas e inquietantes dudas ¿era posible que todo lo yo que había llegado a saber ahora sobre las víctimas del estalinismo, de los millones de rusos que habían sido parte de la revolución rusa y, que a pesar de ello luego fueron ejecutados como disidentes, era tan sólo propaganda antisoviètica?.  Era posible que el comunismo al igual que el zarismo, enviara a morir  a trabajos forzados a la Siberia a tanto ruso desafecto al gobierno comunista?, ¿era posible que todos aquellos murmullos que anunciaba la perestroika en contra de la anquilosada "gloriosa revolución de octubre", fuera sólo pura propaganda anticomunista?. Por què de esto no se hablaba nada en la Nicaragua sandinista de los años 1980's?.  La feroz represión y censura misma de los soviets sobre el pueblo ruso, había creado esa imagen utópica del sistema comunista, que la propaganda promovía en el exterior.  Los líderes de nuevas revoluciones en otros países, despuès de la revolución rusa, tenían que vender tambièn esa imagen e implementar similares estrategias de represión para perpetuarse en el poder.  El poder, seduce, atrapa, hace cómplices pragmáticos, cínicos participantes del bacanal orgiástico.  En la orgía todo se vale, posees y sos poseído, la víctima y luego victimario es perfecto candidato sadomasoquista; la orgía del poder es adictiva y sin cura. Un nuevo  Poder desplaza al anterior con promesas insuperables; promesas que terminan siendo sólo eso: promesas, repitiendo así la misma historia con otros orgiásticos acólitos que escondieron sus garras mientras luchaban contra el anterior Poder.

  El regreso de Moscú a Nicaragua en 1985, contestó todas mis dudas. Al regresar a Nicaragua  el poder sandinista daba indicios de resquebrajarse, quedándole cinco años de vida.  En los mismos años en que el règimen soviètico empezaba a desplomarse con la Perestroika, yo cual abortado producto de la revolución rusa y nicaragüense, pululaba en las barriadas de Managua que ribeteaban como tumores malignos, tanto las residencias palacetes de los nuevos autócratas sandinistas de turno como las de sus nuevos socios: la vieja burguesía; los líderes sandinistas ya sólo eran jerarcas engordados con el mismo tocino de engorde de sus viejos enemigos burgueses.  Hoy mi roja y oscura sangre mezclada con el Burgundy se agolpa y palpita de nuevo en los surcos de mis venas, en las noches de nostalgia; noches cuando el elixir etílico pone a levitar a mi fantasma insomne, en búsqueda de una utópica pasión, recorriendo estaciónes de trenes en remotos pueblitos aledaños a Moscú.

Otto Aguilar
Berkeley  - 8/18/2012



Saturday, March 24, 2012

La cuerda floja-rosario púrpura en tres actos.

NO SOLO DE PAN VIVE EL HOMBRE.

Es el s. XXI, un siglo sin tiempo, amnèsico, híbrido, un palimsesto de mentiras traspuestas una sobre otra hasta el cansancio, mentiras que pujan por mantenerse irrefutables. La torre de Babel desboronada una y otra vez, hoy es virtuosamente desenmascarada, y el que tenga ojos que vea y el que tenga oidos que escuche, y el que tenga sesos que saque sus conclusiones. Pura mentira nuestro origen y pura mentira nuestro destino entretejido de mitos que dieron origen a religiones, y de miserias que amamantaron dictadores. Buen negocio nos resultó ese mito llamado Jesús!, balbuceó el papa Leon X, en un opiparo banquete entre príncipes, atragantándose de "bocatto di cardinal"; igualmente buèn negocio resultó Marx y Lenin para los mesías sovièticos, chinos, vietnamitas, coreanos, cubanos, nicaraguenses, etc, etc.

Y como si nada ha pasado en esta sarta de siglos de reformas y contrareformas, dizque religiosas y laicas, en un borrón y cuenta nueva muchos en su amnesia y otros en su ignorancia, pretenden sentirse protegidos en alma y cuerpo, mistificando a histriónicos nuevos mesías del siglo XXI; mistificándolos así sea tanto en sus miserias  como en sus riquezas, y que se haga la voluntad de ellos!.

 Dios tiene buen peculio a travès de sus representantes en la tierra, quienes han apostado siempre al mejor postor de turno y en los mejores bancos, aunque ante sus ovejas condenen desde el púlpito la riqueza y el lujo; por ello mismo, que tiene de malo que los nuevos mesías de los pueblos tercermundistas tengan buen crèdito bancario, aunque abominen ante sus fanáticos del lujo y la riqueza de sus pares de la otra acera capitalista odiada por ellos?

En el lejano oriente una mujer acusada de adulterio es condenada a morir por apedramiento, su madre infructuosamente, hincada implora por ella a aquel mesías sordo que una vez salvó a la adultera; otra es ejecutada por degollamiento, acusada de brujerías. En Irán son ahorcados dos jóvenes homosexuales por haberse osado a practicar tan peligroso amor, mientras su presidente se reune con otros lidres en el Alba de un siglo del trasnochado socialismo cristiano, que erige nuevos nichos en rotondas para vírgenes que habrán de amanecer llorando sangre. En ese interín el fantasma de las revoluciones recorre el Oriente como ya lo ha hecho en Latinoamèrica, derribando de sus pedestales a vetustos mesías que orinan y cagan en inodoros de oro, para colocar a otros nuevos mesías miones y cagones en los mismos nichos-inodoros como parte del juego de un vil eterno retorno.

Los ayatolas alaban a Alá en una guerra santa, mientras el agonizante y camaleónico imperio gringo prepara como ofrendas de turno para ese dios de la guerra, a miles de jóvenes gringos o inmigrantes de cualquier latitud como carne de cañón; algunos de esos  imigrantes, escapando de la miseria de paises del  tercer mundo y de sus fracasadas revoluciones, buscaban su sueño americano, muchos de ellos lograron el sueño eterno, en tierras extrañas y lejanas.

El papa tembloroso Juan Pablo II no descansa en paz!, porque el Dante lo zampó de cabeza, y pataleando en un hoyo de los anillos de su infierno. Ese papa, cuya sotana escondió a tanto pederasta desde que la santa madre iglesia es la puta de Babilonia (y de eso mi hijo no hablaremos en mi visita papal, amèn!), viajó a Cuba, donde fuè recibido por un socialismo fracasado, según èl. Volando por los cielos en su avión papal (ya que lo divino no es para tanto!), este papa viajó con guardaespaldas (para protegerse de tanto amor!) y una corte de periodistas de a $ 5,000 por asiento, a Mèxico, cuyo gasto de recibimiento ya no se diga!,( costeado por ese pueblo creyente y hambriento), hubiera alimentado por muchos meses a ese su rebaño de ovejas; pero claro, no sólo de pan vive el hombre!, sino de toda palabra que sale de la boca de...cualquier mesías  de imperios, así como de cualquier mesía de fracasados socialismos, o como de la agónica y pedófila religión católica.

(Texto e imagen de Otto Aguilar)
Berkeley 3/24/2012

Friday, January 27, 2012

El laberinto de las almas.

"...las tinieblas son lienzos donde viven, 
saltando de mis ojos a millares, seres 
desaparecidos de miradas familiares..." 
Baudelaire
  
  Hay momentos en que de súbito te sacude el misterio de la existencia, invadièndote un èxtasis de ficción palpable, así como palpas la piel que te contiene y apresa. Son fugaces instantes, como habitando sueños, sueños que rebasan más allá de quien les sueñan... sueños donde asombrado, infructuosamente le pides a unos de sus sonámbulos habitantes, te pellizque como prueba táctil e irrefutable de que no habitas en tu sueño, o en sus sueños. En ese sueño hay rostros conocidos, que aguardan en vigilia tu regreso cada noche, despuès de que escapas de lo que crees es tu tu vida, cual trastabillante marioneta paraplèjica.

  Persistente el gusano del tiempo hace mucho que ha horadado en ese laberinto de recovecos, donde en tu niñez asustado del mundo te escondías. De esos antiguos corredores de casas de abuelos, hoy sólo quedan aposentos mohosos y desolados, con secretos murmurantes y sollozos callados. En las descascaradas paredes de esos abandonados aposentos tambièn contemplas nostálgico los garabatos y dibujos de minimalistas casas, árboles y soles de tu titubeante e incipiente inicio de niño artista, que la abuela promovía con halagos y mimos.

  En ese tu vetusto laberinto, un intermitente chisporroteo de luces de bengala estallan en la noche oscura del recuerdo, anunciando tu regreso; inicias a recorrer el laberinto, donde extrañado vas reconociendo los rostros de quienes llegan a tu reencuentro: - Rostros de seres desaparecidos de miradas familiares-, te murmura al oído una alucinada voz, con acento francès de escritor maldito.   Pero a vos como siempre!, por un oído te entraba y por otro te salía, así como ahora, a tu oído le llegaban aun ecos quejumbrosos de tu despedida de más allá; mientras aquí por el otro oído, te salía ese eco metamorfoseado en grito de niño recien parido.

  Perplejo te preguntas si es a tí a quien le dan ese recibimiento, o si eres tú el mismo que pulula en el laberinto de otro, que quizá todavía habita el mundo de trastabillantes marionetas de carne y hueso. Inquiriendo a esos seres desaparecidos de miradas familiares, las perennes preguntas sin respuestas, suscitan en tí sólo silencios... sólo evanescencias... sólo efluvios de lejanos mundos extinguièndose con el crepúsculo.

  Avanzas a tientas en el oscuro laberinto, tropezando a veces con bultos que al inclinarte y palparlos, un escalofrío recorre tu piel, cuando constatas que son pieles abandonadas por almas que se desnudaron ahí mismo amparadas en la oscuridad de ese corredor.

  La súbita silueta de un monje encapuchado y cabizbajo, sosteniendo un libro entre sus manos, ha detenido tus sonámbulos pasos; te emocionas creyendo que es aquel poeta, que ataviado de cartujo se recobra de alguna crisis de su dipsomanía en la isla de Mallorca.  Cauteloso te le acercas y compruebas que no es èl.  Al levantar su cabeza, las dos flamígeras pupilas de su compungido rostro reconocieron en breve instante a travès de las tuyas, destellos de rutinarios y soleados días del mundo del cual venías.  Intuyendo tus inquisiciones, el monje se dirije a vos dicièndote:

- Fueron ocho años encarcelado en las oscuras celdas del castillo de San Angelo!... ocho años recordando como era el mundo allá afuera... cada día y noche extrañando los rayos del sol... días confundièndose en una noche eterna, donde el recuerdo de mi vida pasada era el único aliciente ...  fuè en ese encierro bajo torturas y soledad... abandonado de todos...  fue allí mismo cuando conocí la fortaleza de mi espíritu más que cuando estaba libre y fustigaba toda la sarta de mentiras que aún hoy muchos siguen ingenuamente creyendo... esas mentiras con las que la religión que yo profesaba antes de ser hereje, fue creada, mercadeada y bendecida por los sumos pontífices y sus cardenales... por los siglos de los siglos-. 

  El monje hablaba pausadamente, como recobrando aire, despuès de haber sido sometido a torturantes interrogatorios.  Y añadió - heme aquí, ahora hablándote de cosas ocurridas hace más de 400 años, como si el tiempo no hubiese transcurrido!;  despuès el monje se quitó su capucha, mostrándote su rostro, era el mismo rostro del "nolano", el del filósofo visionario que al escuchar su condena a morir en la hoguera,  respondió a los del santo oficio: - Temblais más vosotros, al proferir esta sentencia, que yo al recibirla!. (1)

  Mientras atento le escuchabas, su figura tornasol como iluminada por las llamas de una hoguera, se iba desvaneciendo a lo lejos del oscuro corredor y, sin querer perderle le seguiste.  Frustrado por haber perdido de vista al "al monje herètico", seguiste avanzando con la esperanza de encontrarle de nuevo, tenías tantas preguntas para èl sobre esos otros mundos, de los cuales el tanto había proclamado en sus arengas y cátedras en distinguidas universidades europeas antes de caer en desgracia.

  En uno de los recovecos del corredor, una puerta se abrió, curioso te detienes al ver salir de ella a un hombre de barba, de fruncido ceño, vistiendo levita, y avanzas a su encuentro.  Su penetrante mirada, delatan a quien ha visto de todo; sin dejar tiempo a ningún protocolo, alzando el brazo derecho como un experto agitador de insurrecciones callejeras, grita:

- Ni dios ni amo! (2) - al instante lo identificaste por su lema como una contraseña que les permitiese identificarse a ustedes dos, en las barricadas callejeras de la insurreción de la Comuna de París.  - Giordano, el "nolano", - dice, dirigièndote a vos-  con quien te acabas de encontrar, siempre tuvo la razón, siempre pensè como èl sostenía y, por lo cual sus mismos hermanos dominicos lo quemaron vivo, que hay infinitos mundos,  poblados por infinistos seres, iguales o diferentes a nosotros.  Siempre sostuve esto en "La eternidad a travès de los astros".  Igual que èl, tambièn yo fui encarcelado por conspirar contra la monarquía y su eterno aliado en el poder... la iglesia católica!; al mencionar esto, su rostro se tornó más furibundo!, - dicièndote: - esto apesta!. 
 
  De inmediato percibiste el olor nauseabundo a excrementos, que se escapaba de unas estancias con decoración y tapices renacentistas. El rojo púrpura de una cama con sábanas revueltas, indicaban que alguien acababa de levantarse, el cual desde el retrete, mientras dejaba escapar sonoras y fètidas flatulencias, gritaba: - quien anda ahi?.  Te detuviste en el umbral de la puerta, tapando tu nariz de aquel olor acre a excremento, que ni el incienso más fino que había puesto el asistente del sumo pontífice, podía aplacar. Una voz amanerada y chillona de falsete, te invitaba a pasar y esperar en la estancia pontificial,.  Desde el retrete, el pontífice te decía:

- Disculpame hijo, pero los bocatto de cardinale de la cena, no me han caído bien,.. y agregó: - Hijo mío, pero has de saber que lo que dice Jean Genet de mí, es falso. Según palabras que han llegado a mis oídos sordos, el maliciosamente dice: "que sentado tranquilamente sobre este mi orinal, es como me han fecundado los más altos pensamientos, los que luego dejaron un rastro de sangre y de fuego, de hielo y catástrofe en la Cristiandad!, - Crèeme, hijo mío, cuando mis tejidos se aflojan suavemente, implacable pero suavemente, cuando mis vísceras se abren, siento como una angèlica dulzura desciende sobre mí". 

  Apresurado te alejaste con náuseas, a causa de aquel fètido olor pegado a tus fosas nasales; mientras  desdibujándose intermitentemente, cual personaje rembranesco, hierático emerge del tramado de intensa tinta negra de la noche, el rostro de aquel divino cartujo de foto muy siglo XIX, en su retiro espiritual de Mallorca. Te le acercas cauteloso y tímido, despuès de saludarle, le preguntas, si sus miedos a la oscuridad aún le atormentaban. Con mirada torva te observa, pero no se extraña de tu atuendo futurista; despuès de una pausa haciendo caso omiso a tu impertinencia, empieza lentamente a alejarse y, sin dirigirte la palabra pasando a tu lado como si no existieses, se va recitando con voz aguardientosa:

" Silencio de la noche, doloroso silencio
nocturno... Por què el alma tiembla de tal manera?
Oigo el zumbido de mi sangre;
dentro de mi cráneo pasa una suave tormenta.
Insomnio! No podrè dormir, y, sin embargo,
soñar. Ser la auto-pieza
de disección espiritual, el auto-Hamlet!
Diluir mi tristeza
en vino de noche
en el maravilloso cristal de las tinieblas...
Y me digo: a que hora vendrá el alba?
Se ha cerrado una puerta...
ha pasado un transeúnte
Ha dado el reloj trece horas... Si será ella!... (3)
 
  Y su voz, igual que su cartuja imagen se fuè desvaneciendo, hasta perderse en la trama de tinta negra de la eterna noche de tu corredor. A lo lejos logras escuchar que una puerta se cierra, despuès reinó el silencio que te empujó a seguir avanzando, sin saber de donde venías ni adonde ibas.
De pronto te detienes sobresaltado por unos gritos, te acercas más al punto donde crees se originaron; los gritos retumbaron en tus oídos cual rocambolesco eco, aquellas fatales palabras:

-Todo lo que es, ya ha sido infinitas veces y se repetirá otras infinitas veces más!.-
 La voz se escuchaba cada vez más cerca, vos seguiste escudriñando en medio de aquel oscuro corredor... y de nuevo escuchaste:  -Todo pasa, todo vuelve; la rueda del ser eternamente gira. Todo muere, todo vuelve a florecer: el año del ser fluye, por la eternidad... A cada instante comienza el ser: alrededor de cada aquí, el círculo gira allí. El centro está en todas partes. El sendero de la eternidad es turtuoso- . (4)
 
  Unos escasos destellos de luz escapados a travès de barrotes de ventanas, llamaron tu atención; en esa penumbra contemplaste a dos siluetas recortadas temblorosamente por la luz de un candil. Las dos siluetas como almas en pena o poseídas de arrebatos místicos, divagaban catatonicamente, repitiendo hasta el cansancio tèsis filosóficas.  Despuès de escucharle, la otra silueta acompañante, le espetó a su interlocutor:

  Yo no. Yo sè que todo es inefable rito 
en el que oficia un coro de arcángeles en vuelo,
y que la eternidad vive en sagrado celo,
en el que engendra el hombre y pare lo infinito...

Yo soy el mercader de una divina feria

en que el infinito es círculo sin centro
y el número la forma de lo que es materia. (5)
 
  Y repetía, con gestos colèricos como espantando con las manos demonios, que revoloteaban alrededor de su algodonosa testa:

- Yo no. Yo sè que todo es inefable rito... inefable rito... inefable rito... 

  Haciendo una brusca pausa, se apartó de la otra  silueta interlocutora y avanzó haciendo sonar unas cadenas que arrastraba con sus pasos, hasta perderse en el fondo de la oscura celda; y le escuchaste decir:

- Tiempo, donde estamos tú y yo, yo que vivo en tí y tú que no existes? (5)
 
  Al reconocer a aquellos seres trágicos en su eterno repetirse, sus palabras se clavaron en tu mente y, al compás de ellas continuaste tu incierto destino. En tu largo recorido por el oscuro corredor, no experimentabas cansancio, pero sí la sensación que aquel corredor no tenía fin; pasabas por ventanas o puertas semi alumbradas por candiles y a lo lejos divisabas más siluetas juntas o separadas, algunas se percataban de tí y se quedaban contemplándote indiferentes.

  En tu itinerario, a travès de aquel corredor, efluvios de tu pasado y tu presente fluían juntos como  Deja vu. Tu futuro coqueteaba con tu pasado pretendiendo ser tu presente, un presente de siluetas temblorosamente recortadas en la penumbra del laberinto, por un agonizante candil.

Otto Aguilar
Berkeley - Enero, 2012

Notas:
1- Giordano bruno
2- Auguste Blanqui
3- Ruben Darío
4-  Federico Nietzsche 

5-  Alfonso Cortès

 Imagen: San Francisco