Monday, April 12, 2010

Exodos de aquí y de más allá.



 "Nicaragua es el culo del mundo... Dejada de la mano  de Dios la mantiene ardiendo el Diablo en su forja.  A veces la tierra se sacude tratando de quitarse a los nicaragüenses de encima, pero no, se aferran como hormiguitas  sobre un mapa mundi. Allá lo estable no es la tierra, son las tiranías: los Somozas, los Sandinistas, que se eternizan"   
(El Mensajero - Fernando Vallejo)

  -Mirá como voló el tiempo!. Hace cuánto ya que estuvimos juntos, bajo el mismo cielo y en aquel calor abrasante de Managua?, allá en unas de esas cantinas del malecón a la orilla del lago con aquella música estridente de la roconola metièndose y salièndosenos hasta por los poros, como el sudor que nos rempapaba la ropa!.

  -Hombre, si parece que fue ayer!, recuerdo como contemplábamos embobados el sol del ocaso, derritièndose hasta desaparecer bajo nuestro gris lago, donde nuestros recuerdos y nuestra mierda subyacen...

  -Ya comenzas con tus...

  -Con mis què?, vas a negar ahora cuánto excremento le hemos hecho tragar al lago!, cuánto escombro le hemos zampado de las dos veces terremoteada Managua!.

-Dejèmoslo allí, pues yo sólo quisiera recordar aquellos buenos tiempos cuando viví en ese paisíto...

  -Sí!, y bien que te quejabas de todo allá, o te olvidaste de lo que decías?, cuando en ese paisito, el misericordioso Dios de tu abuela nos apretaba el gaznate con terremotos, dictadores y guerras?, y cuando estaba a punto de terminar con nosotros enviándonos "las siete plagas de Egipto", nos dejaba libres y, allí comenzábamos de nuevo como el ave fènix!; y a pesar de todo eso, vos seguías rezándole y yo maldicièndole por tratarnos tan mal!. La verdad es que estábamos abandonados de toda gracia divina en aquel terruño, donde por gracia o desgracia nos tocó nacer.

  -Sí, claro que me acuerdo!, y al final nos dimos por vencidos y empacamos los recuerdos en el alambique de nuestros triperos cerebrales, y nos fuimos al país del norte, aún odiándolo pues hacía y deshacía donde le roncaba!.

  - Ya ves ahora como seguimos los dos, entre todas estas almas en "èxodos permanentes de aquí y de más allá". De èxodo en èxodo se nos fuè la vida y ahora la muerte se nos va tambièn. Exodos del paisíto al paisote, èxodos de la carne al espíritu, todo fue èxodo y nosotros creyèndonos eternos en cada goce terrenal!; la rezadera no te servió para nada, pues nunca ajustaste para las carísimas "bulas" y eso que vivías dando tanto diezmo a la iglesia, y no porque en realidad sintieras tanto amor cristiano por prójimo alguno, sino por el horror al tal fuego eterno que aquel pedófilo con sotana y cara de mártir te metió!...

  -Que bula y que ocho cuarto!, burla es lo que fuè todo!...mirá en que terminamos!, sólo somos almas de reciclaje y el tal Dios nunca se apareció por ningún lado!. Ya hemos podido ver con horror a los Papas y cardenales de esa "nuestra santa iglesia", zampados pataleando y enterrados patas arribas, en unos de los recovecos de nuestro eterno vagabundeo.

  -Cállense pendejas y aligèrense si no quieren quedar perdidas en el vacío de la eternidad- nos grita una de las almas de un grupo con el que nos encontramos y, a la vez  nos empujaba para que les siguièsemos en la larga fila de almas en la cual ella iba. -Olvídense ya de quienes fueron!, pues ya no lo son! - nos gritaba la endemoniada alma.

  Alrededor de nosotros ya se habían congregado otras almas, y la que nos había empujado sarcásticamente,  con gran vocerrón aguardientoso decía: - Estas pendejas creen que son diferentes a nosotras!.

  Humilladas nos apartamos del montón de almas, que en èxodos se dirigían ya raudas sin destino alguno. Ahora engrosábamos otra fila de almas que avanzaban en silencio, las cuales nos habían obligado de nuevo a callar y seguirles para no quedar perdidas y solas, en nuestro eterno èxodo.

  Mientras allá abajo, un torrencial aguacero caía sobre Managua, borrando la línea del horizonte entre el lago y el cielo. En las cantinas del malecón se escuchaba música a todo volumen, metièndose y salièndoseles hasta por los poros a los parroquianos, a quienes ráfagas de viento con olor a tierra mojada y a pestilente cloaca, súbitamente dejaban en la èbria memoria, recuerdos de rostros familiares, de seres queridos ya idos en èxodos de aquí y de más allá.

 Otto Aguilar - Berkeley 12 de Abril de 2010

Pintura: "Desvanecencias en el malecón" - pintura acrílica sobre tela - 30 x 36"
Otto Aguilar - Berkeley 2009)