Saturday, October 25, 2008

La puta Patria.


Polvasal, llamado así entre la tropa, era uno de esos sobrevivientes de feroces combates, uno de esos que no te dejaban morir a la hora del "vergueo"*, allí donde se requería tener más "huevos" que "tapas"*. Despuès de morir cada noche y resucitar cada mañana con el batallón 50-10, en las montañas de Jalapa, no tuvo mas botín de guerra, que el terror del combate clavado en su memoria y el silencio eterno del hermano o amigo muerto. Años despuès, desempleado y abandonado por su mujer, murió alcoholizado en un cuarto hecho de latas de cinz, en un polvoso asentamiento llamado "Milagro de dios", de esos que aparecieron como milagros en la periferia de Managua de los años 80's. Entre sus escasas pertenencias, su madre encontró, viejas cartas, junto a un diario bastante maltratado y sucio. En una de sus páginas encontró este cuento?, que hoy yo les traigo, asombrado de las dotes de escritor de aquel Polvasal, que un día me salvara de morir en 1983 bajo las balas de la contra, en el cerrado combate de Makaralí, del cerro "Filo de la loma".


El cuento?, dice así:


Pues sí, tal vez no me creerán, pero aquí donde me vèn, yo conocí a la Patria, antes que se prostituyera, antes que se vendiera al mejor postor. Nos conocimos y fue amor a primera vista; pero en esos días tuve que irme a la montaña con el batallón y al regresar ella era otra y para otros.


Para atraer a su clientela, el chulo engalanaba a la puta Patria de acuerdo al cliente de turno. Así, cuando había que buscar clientes en el pueblo, la vestía de puta pueblerina, con una blusa roja escotada y una minifalda negra tan corta, que al sentarse enseñaba toda aquella mercancía. Los más machos iban cayendo en sus brazos, embobados en la estela de perfume "siete machos", ese que queda pegado espantosamente en las narices, junto con el potpourri de tufos propios de los recovecos de su cuerpo. Cuando sus clientes caían en desgracia y no ajustaban el precio acordado, el cual logicamente iba subiendo como la espuma de la cervezas de cada noche, la puta-Patria solo hacía una seña y como por arte de magia aparecía su chulo, quien muy experimentado en el uso de armas de todo tipo, se deshacía en un dos por tres, del desdichado.


Otras veces el nuevo chulo, vestía a la puta Patria, con ropas finas de Christian Diorr y la ponía a levitar, en un exquisito aroma de Channel # 5. Ella siempre tenía que estar ataviada, de acuerdo al nivel del chulo y su clientela. Este tipo de cliente, muchos de ellos, altos funcionarios de gobierno, la gozaron no en moteles de barrios como los clientes de pueblo, sino en hoteles cinco estrellas, y por supuesto!, pagando con la "American Express" asignada para sus gastos de representación.


Hoy la puta Patria, vieja, sin atractivo alguno, ataviada ridiculamente y aterrorizada por antiguos clientes que en venganza quieren "pasarle la cuenta", se aferra a un viejo chulo, que habiendo caído en desgracia por unos años, logró denuevo recuperarla, pactando con viejos chulos, expertos en el arte de vender putas Patrias.
En los corredores del prostíbulo patriótico, viejos chulos o clientes que de pobres pasaron a ricos, en esta profesión milenaria, dán instrucciones animadamente, haciendo alarde de sus èxitos, ante los rostros embobados de los nuevos aspirantes. Mientras que afuera del prostíbulo, viejos y nuevos clientes, hacen colas empujando y peleándose unos contra otros, en espera de atrapar a la puta Patria en el menor descuido.


Pues sí, aunque no me crean yo conocí a a esa puta Patria antes de hacerse puta.

Berkeley, 24 de octubre de 2008

Saturday, October 18, 2008

El mesianismo zombi del s. XXI.


 
  En los años 80's la guerra y el bloqueo impuesto a Nicaragua por el gobierno de Ronald Reagan, dejaba poco tiempo y ánimo a los nicaragüenses para la lectura de libros críticos a la revolución rusa y a la revolución  cubana, libros que por supuesto eran de escasa circulación. La revolución rusa había sobrevivido a tanto derramamiento de sangre, de hambrunas, e infiernos como los sitios a sus ciudades por las hordas hitlerianas, a los mismos Gulags stalinistas, a  la ejecución de miles y miles de disidentes y, apesar de todo eso se había establecido como el primer país comunista del planeta, ejemplo de justicia y equidad, por más de 60 años. La revolución cubana había sobrevivido al bloqueo de los EEUU y se había impuesto a base de represión y ejecuciones estilo stalinista sobre el cubano disidente o no; pero a pesar de esto figuraba por una efectiva propaganada, como un ejemplo de la lucha de liberación de los pueblos latinoamericanos. Esto les daba a sus líderes máximos: Lenin, Stalin y  Fidel respectivamente, el estatus de mesías y, el mismo estatus de inefables, de incuetionables  que el creyente católico le otorga al máximo jerarca de su iglesia.

  La economía de guerra, la muerte a diario de combatientes que sucumbían día a día en esa cruel guerra de los años 80's, cuando Los Estados Unidos financiaba la contarrrevolución al ver amenazados sus intereses geopolíticos y económicos, creaban un clima de intolerancia ante cualquier crítica a la conducción de la revolución sandinista. Cualquier crítica a sus líderes era inadmisible, porque se convertía en boomerang para el proceso revolucionario nicaragüense en pañales, el cual se aferraba con las uñas dispuesto a morir desangrado.

  Entre la capital y su relativa comodidad y las difíciles condiciones que la guerra de los años 80's imponía en los frentes de guerra, se fueron desarrollando diferentes actitudes en todos aquellos que defendían la revolución sandinista. Para el que permanecía en la montaña, como resultado de la diaria exposición a la muerte, se imponía un carácter más sacrificado, surgiendo con ello los inevitales síntomas postraumáticos, donde el dolor por la pèrdida del compañero de lucha o el familiar, acumuló ese veneno de odio al enemigo, que es lo que daba valor, coraje a la hora del feroz combate. El trabajo político en las unidades militares, no era más que estimular ese coraje para resisitir al cansancio de las largas caminatas, al desvelo en las posta, al terror de ser el siguiente en la la larga lista de caídos, o al horror de ser atrapado vivo por la contrarrevolución. En esa situación de guerra era inadmisible desviación alguna, poner en duda los principios de esa revolución defendida con la vida misma.

  Así mismo era "indiscutible" la validez de la gran revolución rusa y de la cubana, que habían sido el ejemplo a seguir; revoluciones que habían estado hombro a hombro con la nicaragüense, cualquier crítica a sus líderes se consideraba como acto de desviación ideológica o peor aún de contrarrevolución. Muchos militantes, combatientes y simpatizantes sandinistas se tragaron sus críticas a los errores, vicios y corrupción de los líderes del proceso nicaragüense, quedándo así una imagen del único enemigo: "el imperialismo yankee". Esto contribuyó a que en la elite sandinista germinrá la corrupción, igual a la cual se había combatido. Repitiendo el mismo camino de todas las anteriores revoluciones. Los sandinistas que se atrevieron a disentir fueron expulsados como desviados ideológicamente y abandonados a su suerte; entre ellos hay cuyas muertes todavía son un misterio para muchos. Algunos de los disidentes engrosaron las filas de la contrarrevolución y murieron allí, mientras de los que sobrevivieron, hay quienes volvieron a cobrar su cheque de guerrilleros y haciendo borrón y cuenta nueva regresaron al viejo redil, a la sombra del actual e induscutible lider mesiánico del gobierno nicaragüense, que muy generoso con un nuevo traje carismático y reconciliatorio los recogió como a hijos pródigos. Los más desafortunados, desabilitados física y psicológicamente, pululan abandonados a su suerte; otros sobreviven con sus pesadillas ahogándolas en adicciones. Mientras los oportunistas, los pragmáticos, los arribistas de siempre, viven igual o quizás mejor que sus enemigos ideológicos, a los cuales ellos criticaban. Muchos de ellos son diputados parásitos por muchos años y/o empresarios exitosos. Descaradamente, estos forman parte del nuevo gobierno nicaragüense de reconciliación, donde en una supuesta alianza los aportunistas de ayer, de hoy y de siempre, se han vuelto a reunir para comer en el mismo plato. Estos son los actuales integrantes del socialismo cristiano y zombi del s. XXI en Nicaragua..

  Ahora que el tiempo derribó viejos íconos mesiánicos y clona zombis de sus restos,  ahora que el tiempo saca sus trapos sucios a sol, ahora que la historia nos muestra una vez más que los ídolos derribados fueron sólo suplantados por otros en una forma de sincretismo anacrónico muy s. XXI, recordemos las memorias de Emma Goldman, sobre lo que ella vió y vivió en la revolución rusa y veamos cuanta similitud podemos encontrar en los vicios y crímenes de aquellos dirigentes rusos con los dirigentes cubanos y nicas. Goldman, fue una de las más destacadas anarquistas rusa-americana que luchó por la revolución bolchevique y quièn en los años previos a la muerte de Lenin, se había decepcionado y atrevido a criticar al incuestinable lider de la revolución de octubre. Tambièn en su tiempo,  ella fue tildada de agente del enemigo de la revolución rusa, por atreverse a tocar al mesía con las manos sucias, por criticar al incuestionable lider. He aquí la semblanza que de Lenin, nos dejara Emma:

Vladimir Ilyitsch Ulyanof Lenin.

  Cuando leo los himnos de alabanza fúnebre con los cuales se han dirigido al muerto algunos de sus más irritados enemigos, acuden involuntariamente a mi memoria las palabras amonestatorias que empleó Angélica Balabanova frente a Clara Sheridan, la dama que esculpió bustos de Lenin, de Trotsky y de otros jefes del bolchevismo. ¿Se le hubiera ocurrido cincelar hace tres años a Lenin -le pregunto Balabanova- entonces, cuando el gobierno inglés lo anatematizaba como espía alemán? Lenin no ha hecho la revolución. La hizo el pueblo ruso. ¿Por qué no cincela usted a las mujeres y a los hombres del pueblo obrero ruso, los verdaderos héroes de la revolución? ¿Por qué ese repentino interés por Lenin?

Con Balabanova pregunto yo a los que sobrecargan ahora de alabanzas a Lenin, entre los cuales hasta se encuentran algunos menchevistas y social-revolucionarios: ¿Por qué esa repentina simpatía? ¿Por qué ese extático estallido de homenajes para el hombre que ayer mismo era cubierto de anatemas? ¿Acontece esto en base a aquella endeble máxima que afirma que sólo se debe hablar bien de los muertos? ¿O acontece porque hoy es un signo de valor no ir contra la corriente del culto a los héroes? ¿O en resumen, no es más que un efluvio de ordinaria hipocresía? Esos escritores saben tan bien como lo sabía la Balabanova que Lenin no ha hecho la revolución. Más aún, que fue él quien puso un fin a la revolución. Paso a paso, desde el histórico respiro -desde la paz de Brest-Litovsk- hasta marzo de 1921, cuando impuso a sus rebaños su nueva política económica, persiguió Lenin la tarea que se había propuesto, intentó llevar la revolución a la calma, castrarla, desnaturalizar sus fines, privarla de su contenido, de modo que de ella no quedó más que la vestimenta exterior, que debía servir como ornamento en las revistas de gala de la Tercera Internacional.

Esa tarea no era fácil. El pueblo ruso, que se arrojó con toda el alma en la revolución, tenía ardiente fe en sus fuerzas, en sus posibilidades, en su persistencia. Lenin era demasiado perspicaz para oponerse a ese entusiasmo general, a esa honda fe. Al contrario, marchó con el pueblo y se pronunció por las medidas más extremas. Pero el objetivo que perseguía era otro y se diferenciaba esencialmente de los objetivos que el pueblo anhelaba. Era el Estado marxista, -como él lo comprendía- una máquina que involucraba todo en sí, que lo absorbía todo, que todo lo destruía, y cuya palanca tenían Lenin y su partido en las manos. Esa divinidad fue bendecida por Lenin toda la vida.Cuando la ola revolucionaria llevó a Lenin al poder, vio llegada su hora, la hora en que debía transformarse su sueño en realidad. ¿Qué le importaba que la revolución fuera a la debacle? ¿Qué significaba que Rusia se cubriera de escombros y de ruinas? De la sangre y las pavesas de un gran devenir surgió el Estado marxista. La gloria de la obtención de ese artificio corresponde exclusivamente a Lenin. Nadie trabajó más hábilmente ni con tan absoluta abnegación para ese objetivo que él. El porvenir, sin embargo, no dejará de apreciar justamente el carácter dudoso de esa gloria que incumbe al muerto jefe del bolchevismo, al leninismo, como llama hoy con orgullo el rebaño fanático de sus adeptos la formación política autocrática que pesa gravemente sobre las espaldas de la esclavizada Rusia.

Los aduladores de Lenin lo llaman grande. Pero él no poseía seguramente la grandeza del espíritu y del corazón que constituyen las condiciones previas esenciales de toda grandeza verdadera y general. Lenin mismo habría llenado de vejaciones y de burlas a los que le atribuyen hoy tales cualidades burguesas. Grandeza de espíritu, magnanimidad de corazón, comprensión y simpatía para un adversario eran rasgos que escapaban totalmente a este hombre, que sin embargo, fue tan extraordinariamente humano en sus defectos y criminal en sus errores. Más de una vez se ofreció a Lenin la ocasión de revelar la verdadera grandeza, pero su conformación espiritual entera no le permitió percibir la ocasión magnífica y ni siquiera comprender su importancia. Desde este punto de vista, Lenin ha quedado siempre fiel a sí mismo.

Der Tag del 27 de enero da cuenta de una interesante historia. Era en 1890; Rusia se vio visitada por una terrible miseria. Toda la inteligencia rusa, sin diferencia de opiniones, se asoció para encontrar medios y vías que pudieran aliviar la situación del pueblo hambriento. León Tolstoi mismo escribió un caluroso llamado de socorro. En Samara, el centro del distrito del hambre, se reunió un grupo de intelectuales para deliberar sobre su trabajo en pro de los hambrientos. En esa reunión se levantó un joven y se expresó así: El hambre revoluciona a las masas y facilita la lucha contra la autocracia rusa. Por esa razón considero un crímen el proyectado socorro. Naturalmente no tengo ninguna inclinación a participar de ese crimen. Ese jóven era Vladimir Ilyitsch Ulyanof Lenin. No sé si el autor de esta historia, presente en aquella reunión, ha citado exactamente el discurso del joven Lenin, pero es tan notablemente significativo para toda la conformación espiritual de Lenin y refleja tan excelentemente su conducta frente a la vida y a los padecimientos humanos, que bien podría ser la verdad.

Lenin demostró la misma fría inflexibilidad en otra ocasión memorable, y fue frente a Dora Kaplan, que tenía tras sí largos años de cárcel; no había sido conducida a su acción ni por motivos personales ni por motivos contrarrevolucionarios. Sabía también que su muerte, lo mismo que su existencia, no podrían contribuir a la prosperidad de Rusia. Con un gran gesto habría podido atraer hacia su persona, de parte del mismo partido a que Dora Kaplan pertenecía, humana consideración. Podía reservar la vida de esa mujer. Ese hubiera sido un signo de grandeza que habría señalado bajo las circunstancias un elemento nuevo, vital, al curso entero de la revolución. Pero nadie puede dar lo que no tiene. Lenin, a quien toda verdadera grandeza humana le era extraña, entregó a Dora Kaplan a sus verdugos, a la tcheka. ¿Se puede representar uno por un sólo momento que un Tolstoi, un Bakunin, un Kropotkin, los tres grandes rusos, hubieran podido hacerse culpables de una crueldad tan innecesaria e infructuosa? ¡Pero para qué mencionar esos espíritus universales!

Hubo dos mujeres en el movimiento anarquista: Luisa Michel y Voltairine de Cleyre. También contra ellas se intentó la muerte. ¿Cómo procedieron contra sus atacantes? ¿Se atuvieron a su libra de carne? ¡No, al contrario! Ambas se negaron a participar en un asesinato. Solicitaron la vida de los hombres que habían querido quitarles la suya. Compárese los actos de Luisa Michel y de Voltairine de Cleyre con el acto de Lenin y se verá la mísera impresión que produce el último en realidad.

Y sin embargo poseía Lenin una grandeza, que nadie podrá disputarle, poseía la grandeza del jesuitismo, la voluntad de seguir su camino con astucia y despreocupación de los medios y un menosprecio extremo hacia los asombrosos sacrificios que ofrendaba a su divinidad. En este sentido, los Torquemadas de todos los tiempos han sido grandes. De algunos se sabe que estallaban en sollozos al mandar a sus víctimas a la cámara de tortura o a la muerte. Tal vez sollozó también Lenin por el tributo que debía pagar por sus tentaciones. Felizmente tales lágrimas eran el factor paralizador del espíritu de la humanidad y destructor de todo intento de una nueva forma de vida. Los Torquemadas han sido siempre las fuerzas más reaccionarias y contrarrevolucionarias de la historia humana. Y Lenin era un reaccionario. Todos sus hechos políticos desde 1917 son una demostración viviente de sus aspiraciones contrarrevolucionarias. Contrarrevolucionarias en el sentido que han contribuido con todos los medios al fracaso de la revolución..."

(Este texto completo y otros mas se pueden leer en el portal:
http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/politica/hipocresia/13.htmlde la revista digital : bibioteca digital antorcha).

Berkeley, Ca. 15 de Nov. de 2008.

Friday, October 3, 2008

Purgas revolucionarias, autos de fè del s. xx.



  Iliá Ehrenburg, escritor ruso sobreviviente de las purgas de Stalin, escribe en sus memorias: " El tiempo no tiene prisa, pero tarde o temprano pone las cosas en su lugar. En la introducción a ese libro de memorias, titulado: "Gentes,años, vida", Victor Alba anota lo siguiente:
"En 1951, en una suntuosa fiesta en Moscú para celebrar su 60 aniversario, Ehrenburg dió las gracias: " al hombre que me ha ayudado a escribir mucho de lo que he escrito, y que me ayudará en el futuro, es decir Stalin". Su siguiente novela, un texto antinorteamericano titulado "La novena ola", terminaba con un testimonio encendido de amor a Stalin. Dos años más tarde, Stalin moría, y un año despuès, Ehrenburg asombró al mundo con su novela "El deshielo", cuyo protagonista era un fanático e implacable funcionario del partido al cual se enfrentaba un frustrado artista".

  Esa novela de Ehrernburg, predecía la condena de Stalin, con el informe de Jruschow en 1956. Despuès de la muerte de Stalin, Ehrenburg se retractaría de manera oblícua de lo que había escrito, y rehabilitaría a muchos escritores amigos que el estalinismo había ejecutado o reprimido, tales como: Bábel, la Tsvietaieva, Mandelstam. El fèrreo y victorioso enfrentamiento contra el fascismo, que había liderado Stalin, no admitía crítica alguna a su política, ya que ello implicaba estar con el enemigo. Despuès de un tiempo de aniquilado el fascismo, los crímenes de Stalin, quedaban más expuestos a la crítica internacional y no tanto de sus enmigos ideológicos en la guerra fría, sino de aquellos intelectuales progresistas, que poco a poco fueron retirando desilusionados su apoyo y admiración. La dictadura estalinista, veía enemigos por doquier, incluso entre los miles que ejecutó y entre sus más confiables, estarían los otros cuatros miembros de su politburó.
En los inicios de la revolución bolchevique, era inimaginable todo el horror que desencadenaría Stalin con sus purgas. Tal vez, si se hubiese seguido el consejo que dejara Lenin, en su testamento secreto, donde prevenía al partido de nombrar a Stalin como su sucesor, se hubiese evitado tanta sufrimiento . Miles de revolucionarios, intelectuales, escritores, hèroes, de esa gran revolución que destronaba más de 300 años del despótico zarismo, fueron ejecutados tras fabricados procesos, donde el enjuiciado acababa aceptando el crimen imputado; ni más ni menos como los procesos inquisitoriales del catolicismo, donde despuès de interminables e insufribles torturas el condenado aceptaba su herejía, y a pesar de pedir clemencia por su supuesto crimen, eran ejecutados en los llamados "Autos de fè".

  Muchos "autos de fè", se realizaron en las diferentes revoluciones del siglo xx, algunas veces aplicando la muerte física o la muerte civil; la revolución nicaragüense no fuè la excepción. Tambièn, muchos que fuimos parte de esa revolución, ignorantes de la lección que la historia rusa nos dejaba, íbamos cayendo víctimas de las diferentes purgas del partido sandinista, unos más tempranos que otros. Desde un inicio, en aquel intento de revolución, se podía distinguir al místico y por otro lado al que capeaba el bulto a la hora de las balas o las dificultades, afanado solamente en trepar reptilmente hasta los círculos del poder. Muchos de los místicos revolucionarios y de los jóvenes del servicio militar obligatorio, hoy yacen en olvidadas tumbas de cristos cotos; y muchos de los que capearon el bulto, hoy rechonchos calientan las butacas de puestos políticos, pagados por el erario público del segundo país más pobre de latinoamèrica.

  La tragicomedia nicaragüense escrita con sangre, tiene muchos actos. Tambièn cuenta con varios grupos de teatro (partidos políticos) que se disputan constantemente por debutar en el gran "teatro de  tragicomedia nacional" de la fauna política. En esa tragicomedia hay actores que asumen varios roles a la vez, y muchos de ellos emigran o se venden cual vil mercenarios a los diferentes grupos de teatro en busca de mejor paga, o de mejores posibilidades para llegar a tan ansiada y bien rentable actuación. En el mal ensayado debut del grupo de teatro "Reconciliación y unidad" (así llamada a la convergencia política, que pulula alrededor de Daniel Ortega en su reelección) del gobierno, hay actores a los que por la prisa o por la inexperiencia se les nota el maquillaje anterioriormente usado, en sus numerosas actuaciones en los diferentes grupos de teatros (partidos políticos) de donde provienen. A otros actores, el papel asignado no encaja con su físico, con su personalidad; uno de los más notorios es el rol de "místicos revolucionarios", habiendo sido más apropiado de acuerdo a la personalidad del actor, asignarles el rol de villanos. A pesar de contar con un rico vestuario, de una estupenda escenografía, adquiridos con fondos de la cooperación externa, el resultado deja mucho que desear. Entre cada acto, tras el telón se oyen los apuros, los gritos de la directora de la obra teatral y los corre y corre de los actores y tramoyistas, mientras al público se le entretiene con la pieza musical folklórica "La mora limpia". Pero tambièn hay otros actores (políticos) más profesionales, viejos zorros de la actuación que logran conmover al incauto, al joven, o sea a "la carne de cañón".

  Hay que recordar que la apasionada y aventurera juventud es el futuro de toda nación!, sin hablar de los que quedaron enterrados hace más de 25 años y viven siempre jóvenes en nuestra memoria, esperando que el tiempo o los que les recordamos pongamos las cosas en su lugar, o al menos les recordemos a esa nueva generación los errores y crímenes del pasado para no caer o ser víctimas, en el eterno retorno de nuestra trágica historia .

Otto Aguilar
Berkeley - 10/3/2008