Friday, October 31, 2014

Bocetos de tiza blanca sobre tinta nocturnal.




Con trazos de tiza blanca, la luna bosqueja inquieta sobre tinta nocturnal, cuerpos semidesnudos que trenzados unos con otros en el camión IFA van. Esboza ojos abiertos a unos, mientras a otros se los cierra. Fugaz semblanza de fiero dolor apaciguado, disfumina en algunos de aquellos rostros.

  De donde venían y para donde iban, lo sabian sólo los escoltas de aquel camión nocturno, que veloz iba en la carretera entre montañas a esas horas de peligrosas emboscadas. De trecho en trecho, en aquel raudo recorrrido, la luna borraba aquel esbozo abstracto de tiza blanca, lo deshacía y rehacía como insegura de haber logrado el estílo expresionista acertado para aquella su obra maestra al filo de la noche.

  Al amanecer, antes de ocultarse la luna acaba su obra, la cual el sol varnizó con dorada laca. Eran 18 soldados, todos jóvenes, algunos con rostros desfigurados, pálidos y exangues, de ojos abiertos con miradas vacías, otros con ojos cerrados. Uno de ellos todavía llevaba sujetando sus mechones negros alrededor de su frente, con un pañuelo rojo y negro; en su pecho se veía una cruel herida que probablemente acabó con su su agonía. Venían de Quilalí e iban para Managua, dijeron los escoltas de aquel camión IFA, con acre olor a muerte.

(Imagen y texto: Otto Aguilar )


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