Thursday, May 2, 2019

Queridos seres de papel.



"Porque el hombre no es más que una máquina de recordar y de olvidar que camina hacia la muerte."   
Julio Ramón Ribeyro
 


  Amanece y tus párpados como cortinas de un viejo teatro se han abierto perezosamente.  Rayos de sol filtrándose a través de celosías, pintan franjas doradas sobre viejas y altas paredes de tu aposento.  En las paredes cuelgan dos queridos seres de papel, tu abuela y tu hermano muertos en diferentes épocas hace muchos años.  Los dos han muerto a causa de males endémicos de tu país, Nicaragua: la abuela,  igual que otras miles de personas, muerta a causa de un terremoto, y tu hermano, muerto también como otros miles de jóvenes, a causa de las dictaduras y guerras que cíclicamente han asolado a tu país. De vez en cuando las miradas perdidas de esos queridos seres, tropiezan con tu mirada inquisitiva,  cuántas preguntas sin contestar habían!, en esos amaneceres donde probablemente por las noches ellos te visitaron en sueños, dejándote agridulce sensación del cariño que te suscitaban; sentimientos que permanecen guardados en algún recoveco de tus más preciadas memorias.  En esos archivos subyacen sus sonrisas y los momentos compartidos, junto tambièn a tu llanto cuando les contemplabas por última vez, ya serios, rígidos y fríos, con sus párpados cerrados como cortinas corridas después del acto final de sus vidas.  Acumuladas ya dècadas desde sus partidas, ahora les miras ya sin aquel dolor por la ausencia de los primeros años.  Después de tantos años colgados en la pared de tu cuarto, ellos son para vos dos seres habitando sólo en tus memorias archivadas.  Esos seres colgados en la pared, te hacen recordar que igual que ellos, al final vos te convertirás también en otro ser de papel, colgado en alguna pared.

   
  Los recuerdos que de esos seres guardas son como piezas dispersas de un rompecabeza, donde al querer armarlos te das cuenta de que hacen falta muchas piezas.  Si los recuerdos de los familiares ya desaparecidos se van desvaneciendo en tu memoria, que puede esperarse de los recuerdos sobre los viejos amores?, o peor aún sobre aquellas personas con las que circunstancialmente te tocó actuar y sucumbieron en esas guerras cíclicas y devastadoras de la historia de tu país?. Lo mismo suele pasarnos con los lugares, más aún cuando èstos ya han sido remodelados o ya no existen por haber sido destruidos en desastres como terremotos o guerras. Quedan perennes en la memoria aquellas viejas casas que acumularon historias, momentos de felicidad de niños, de chillidos, carcajadas de la prole numerosa correteando en los largos corredores de casas de abuelos, o jugando al "ser escondido" en los patios bajo la sombra de altos árboles de mamón, guayabo, y otros.  Aquellas viejas casas también guardaban dramas, tragedias, velorios, llantos, quejidos, murmullos, recriminaciones, rezos, letanías de abuelas.  Esas viejas casas de altas paredes de taquezal, encopetadas con tejas de barro en cuyos aleros el gorjeo de palomas despertaba al nuevo día, junto a cláxons de buses anunciando la salida a los pueblos, seguido del pregonar cantarino de una marchanta ofreciendo desde el zaguán de la casa su pesada canasta llena de vegetales y frutas, que sostenía con asombroso equilibrio sobre erguida cabeza de cabello negro y lacio, recogido en un moño y adornado con un ramito de olorosas flores de jazmín. - A ver amor, doñitaaá me va a querer? - gritaba con habilidad de soprano criolla la marchanta - aquí llevo aguacate, piña, zapote,... que vas a querer amor?. También se escuchaban en aquellas mañanas, las estridentes voces magnetofónicas de la barata rodando desde temprano por las calles, anunciando cualquier producto de incipiente consumo de aquellos años de 1970's, en el barrio Boer de la vieja Managua; barrio borrado de un plumazo en unos pocos minutos junto a tu abuela y otras más de diez mil personas, mientras dormían en esa fatídica noche de finales del año de 1972.

   
  Cuando estás de visita en Nicaragua donde lo único permanente son los temblores, los terremotos, las dictaduras y las guerras, como afirma el escritor Fernando Vallejo, sueles acudir a los cementerios donde yacen los restos de tus dos sres queridos. En el cementerio general del viejo centro de Managua yace tu abuela, cuya tumba ya no logras localizar, han enterrado a tanta gente desde los lejanos días de su entierro!, que es ardua e infructuosa tarea encontrar su tumba.  Luego frustrado de no encontrar su tumba, te diriges hacia el sector donde fue el barrio Boer donde naciste, en la casa que al desplomarse enterró viva a tu abuela Margarita, barrio del cual quedan aún las viejas calles.  En el terreno donde estaba la casa encopetada con tejas de barro y, el zaguán donde se asomaba la marchanta pregonando cantarina sus productos en venta, hoy se encuentra una residencia lujosa bordeada de un muro cuyo portón está equipado con cámaras de vigilancia. Nuevos dueños usurpando terrenos abandonados de casas como la de la abuela que colapsaron en el terremoto, construyeron décadas después  nuevas casas albergando nuevas rutinas, ajenas completamente a los goces y dramas vividos en el pasado en esos mismos espacios.

   
  En tu recorrido por ese barrio de tu niñez pasaste por el viejo estadio, frente al cual hoy se encuentra el monumento a Sandino, el héroe nacional antiimperialista montado en su mula; esta escultura está encaramada en el mismo nicho donde antes de 1979 estaba la escultura ecuestre del General Anastasio Somoza, fundador de la primera dinastía de dictadores en Nicaragua. Al ver el cambio de monumento te preguntaste - ¿A quièn encaramarán en ese mismo viejo nicho, después de que cambie el actual gobierno Sandinista?.  A la vez pensabas de que quizás ese monumento del hèroe General Sandino frente al viejo estadio nacional, se salvaría de ser removido, aunque cambiase el actual règimen, ya que èste en la práctica no tenía nada que ver con el general antiimperialista montado en su mula. La nueva dictadura autollamada socialista-cristiana ordenó masacrar a más de quinientas personas, la mayoría jóvenes que protestaban contra el règimen en Abril del presente año, casi un mes antes de que terminara tu visita a esos recovecos de tu pasado. Algunos de estos jóvenes masacrados, ahora reposan en el mismo cementerio Perifèrico en Managua, donde desde hace más de tres dècadas yace bajo desteñida tumba de cristo coto, tu hermano, tambièn muerto a causa de las guerras.

   
  De regreso, caminando por la vieja calle 11 de Julio en rumbo al antiguo cementerio de San Pedro, pasaste de nuevo por la calle 7ma Avenida, la calle de la casa donde naciste, y entonces creiste escuchar los mismso cláxons de buses del viejo barrio Boer, anunciando la salida a los pueblos, a la vez te pareció escuchar la voz cantarina de la marchanta, equilibrando en su cabeza la pesada canasta de vegetales y frutas, pregonando – A ver amoooor que vas a querer?, mientras se alejaba por las viejas calles de tu niñez, sin rumbo alguno.



Otto Aguilar

Berkeley - 20 de Nov. de 2018


Monday, April 22, 2019

Do not disturb - Perfomance de la caída suave.



   Un pandemonium de promiscuo palabrerío con pausas de explosivas y eltílicas carcajadas, se escucha en la atestada galería-museo, del magnate amante de las artes y banquero. Esa noche se inauguraba la exhibicion “Do not disturb”, en homenaje a la caída de la dictadura en Nicaragua.

   De un lado a otro del local, señoras de la alta sociedad levitan en aroma de exquisito "Chanel No.5" lo cual neutraliza olores propios del amasijo de carnes ceñidas a sus elegantes vestuarios. Las elegantes señoras de vez en cuando se detienen ante las obras, cual hábiles saltimbanquis equilibrando sus rollizos cuerpos sobre altos tacones. Esas damas van acompañadas por hombres de negocios o viejos políticos, los cuales también encorsetan sus abultados cuerpos, marinados de buen gourmet y de whisky. Estos inflados millonarios hábilmente han sobrevivido a todas las crisis políticas que han asotado a Nicaragua, el segundo país más pobre de Latinoamèrica.

   Entre los asistentes sobresale el nuncio enviado por el Vaticano, el cual colaboró en "la caída suave" de la dictadura, para salir de la crisis política inicida desde Abril de 2018; crisis negociada acorde a esos millonarios. El magnate banquero, promotor de las artes y dueño del museo, conversa animado con el nuncio sobre la elección de funcionarios del nuevo gobierno. Mientras de lejos, un ebrio y bohemio artista, con torva mirada y leve sonrisa les observa, estrujando en la bolsa de su pantalón la tarjeta de negocios de uno de los asitentes de protuberante abdomen. Entre los artistas, como suele suceder al calor de los tragos, se entablan diálogos sarcásticos. Un artista conceptual, que apareció como arte de magia, siempre a tono con lo postcomntemporáneo, exhibe su obra "Do not disturb - Performance de la caída suave."

   A miles de kilómetros de allí, universitarios exiliados que participaron en las protestas contra la dictadura, se preparan para la jornada del día como jardineros en un país frío y anti inmigrante.

Otto Aguilar
Berkeley – 4/22/2019


Imagen: La espera en la alfombra roja - tiza pastel/papel- 30 x 22"

Sunday, March 31, 2019

Desde la ventana.


“Yo soy un fanático de las ventanas, creo que es uno de los inventos mas grandes que ha hecho el hombre… que vivan las ventanas.” Eliseo Alberto.

  La lluvia, azotando el follaje contra la ventana de mi cuarto, y el paisaje de tinta nocturnal penetrando a travès de esa ventana de mi memoria, me traen olores a tierra mojada, recuerdos de madrugadas parapetado en el pozo de tirador, mojado hasta los tuètanos, acostumbrado al olor del uniforme militar sucio, sin lavarse durante días, acostumbrado al aliento hediondo, a las uñas sucias, al hambre mordiendo mis vísceras, con la incertidumbre de la emboscada mortal y, con la mente divagando sonámbula en otro lugar: en el ansiado retorno, vivo y no en un ataúd a Managua.
  
  Había en realidad sucedido aquello? - si!, aquello sucedió, - me respondo a mi mismo,  mientras contemplo mi desvaneciente rostro reflejado en el vidrio de la ventana.
  
  En Diciembre de 1981, me encontraba entrenando en una escuela militar en Managua; estando allí fui asignado para viajar a Cuba representando a Nicaragua en un encuentro internacional de jóvenes pintores.  Aún me aguardaba el inevitable tiempo del desencanto de las utopías, pero en ese entonces al llegar a Cuba yo ignoraba que el suelo que pisaba estaba plagado de pisadas de cubanos reprimidos ya no por el dictador Batista, sino reprimidos por el nuevo règimen revolucionario. Hoy ronda en mi mente ese sentimiento tardío e inútil de la verguenza, esa verguenza por la ignorancia que me hizo hacer el ridículo, como joven iluso e ingenuo ante los delegados cubanos, los cuales a pesar del desengaño de ellos mismos con la revolución cubana, callaban y actuaban impotentes algunos, cínicos  otros, aprovechando quizá esos breves momentos que tales eventos internacionales les brindaban en lugares exclusivos, destinados sólo para turistas o para la elite.
  
  Distante quedaron esos días de ignorancia sobre la represión, las ejecuciones de disidentes, y del èxodo cubano, distante ya esos días de Moscú donde supe de horrendos crímenes de la revolución rusa e igualmente lejanos quedaron los días del desencanto en la revolución sandinista. Atrás quedaban esos álgidos años de guerra y de la acostumbrada muerte cotidiana en mi país, Nicaragua.
  
  Contemplando de vez en cuando el paisaje oscuro y húmedo que penetra en la ventana, me refugio indolente en la lectura del libro “Informe contra mi mismo”, del escritor cubano Eliseo Alberto, el cual dice:
 
  "… perseguidos por la policía más buena gente del mundo y protegidos, además, bajo el ala esplèndida del líder político más corajudo del mundo, los cubanos aprendimos a vivir con un pánico diferente a todos los sustos hasta entonces conocidos, un terror casi valiente, habilidoso, un miedo que me da miedo precisar, y esa experiencia, curiosamente nos hizo los más cobardes del mundo... Aprendimos a decir que si mientras pensábamos que no. Aprendimos a fingir con audacia, a dar con precisión el paso al frente, a disimular con sangre fría, ... aprendimos en fin a dudar de nuestra propia sombra, hasta el punto de que ahora mismo, cuando leo ante ustedes mis notas, pienso quien de los presentes escribirá esta noche el informe de mi suicidio político, quien esta grabando en su mente mis amargas verdades, quien va a clavarme un puñal sin piedad y, lo que es peor sin rencor, sólo en cumplimiento de su más elemental deber como revolucionario... Las revoluciones no pueden ni deben ser eternas porque acaban acorralándose en sus rediles, enemigas de las mismas criaturas que ayer les dio la razón y que hoy terminan por negárselas: sus hijos. O los hijos de sus hijos. O sus hijos. Me duelen mis palabras."

  Afuera, tras la ventana azotada por la lluvia que satura mi memoria, los espectros de rostros conocidos me observan con ojos bien abiertos, igual de abiertos como en el instante  de sus muertes en la emboscada; sus miradas penetran en la mía preguntando ¿Què fue de aquellas utopías?.  Musitando una dialèctica respuesta, el torozón en la garganta me impuso silencio.

Otto Aguilar
8 de Enero de 2017

Sunday, March 3, 2019

Atando cabos sueltos entre los mataderos de la historia, que terminan en Reality shows.


  A propósito del secretismo en cuanto a lo que se "cocina" en la negociación o el dizque diálogo de la Alianza cívica con la dictadura Ortega-Murillo en Nicaragua, (lo cual no es más que un "tragicómico reality show" sin transmisión pública), es evidente que despuès de tres días de "show", lo que ha suscitado es más repudio que confianza. La lider campesina anticanal metió el dedo en la llaga el día de ayer, al criticar y rechazar al delegado campesino recientemente incluido en el diálogo, demandando a la vez que sean liberados todos los “rehenes” políticos, insistiendo que los líderes campesinos como Medardo y otros son los que deberían ser delegados en el diálogo; tambièn universitarios de la UCA que protestaron a portón cerrado en la universidad para evitar ser apresados, critican la falta de representatividad en la Alianza, ante la ausencia de delegados de madres de víctimas, etc, etc.
 
  El secretismo, lo cual asocio a “compartimentación”, es lo que en tiempos de guerra aplican los líderes o jefes militares cuando se dirige una acción política o militar en nombre del pueblo, de la cual solo los jefes saben todas sus implicaciones, mientras los que son enviados a cumplir la misión solo deben saber que hacer y como cumplirla, en nombre de la Patria, claro.

  En la película The Post, Dan (Daniel Ellsberg, el hombre de los papeles del Pentágono) dice "Sabían que no podíamos ganar y enviaron a los soldados a la muerte" . "Nos engañaron."

  En períodos de mortales combates en la guerra de los años 80’s en Nicaragua, cuando la muerte ya había clavado sus huesudos dedos en centenares de jóvenes soldados enviados a la guerra bajo la ley del servicio militar obligatorio (aprobada sin consulta del pueblo) y provocaba temor aún en los más corajudos combatientes, el jefe del batallón reunía a los jefes de compañías y pequeñas unidades para comunicarles la nueva misión, al escuchar lo riesgoso de ella, al jefe del pelotón de exploradores siempre le sudaban las manos y le ocasionaba un temblor en el abdomen, y no era para menos ya que en el batallón habían caído muchos. Al resto de soldados muchas veces se les comunicaba solo lo necesario de lo que tenían que cumplir, pero no todo lo que podía resultar de aquella peligrosa misión.

  Así fueron al matadero de la guerra miles de jóvenes llamados "Cachorros", compartimentadamente a morir” en nombre de La Patria, gritando – Dirección nacional ordene!, ordene!, ordene!

  Tambièn a los jóvenes hitlerianos les llamaban “cachorros”, y tambièn miles murieron en una guerra no deseada por muchos de ellos. El premio Nobel de literatura Gunter Grass, fue uno de esos jóvenes hitlerianos, en su libro Pelando la cebolla anota: "Mi critica se dirigía todo lo más contra los caciques locales del Partido, los llamados "faisanes dorados", que eludían cobardemente el servicio en el frente, nos aburrían después de desfilar ante tribunas, con discursos monótonos y utilizando siempre en vano el santo nombre del Fuhrer, en el que creíamos, no, en el que creí con indubitada seguridad hasta que, como la canción sabía de antemano, todo quedo hecho añicos." "Para disculpar al joven y, por tanto a mi, no se puede decir siquiera: ¡es que nos sedujeron!. No, nos dejamos, me deje seducir.

  Podríamos decir que al incicio de la revolución Sandinista, muchos "nos dejamos seducir", muchos "cachorros" al igual que Gunter Grass, tambièn fueron seducidos por los apoteósicos y aburridos discursos de los “lideres faisanes sandinistas” y, así fueron “voluntarios al matadero compartimentado”, sin imaginar que todo como dice Gunter , terminaría “hecho añicos”.

Otto Aguilar - Berkeley 3/3/2019
Dibujos de soldados – lápiz/papel – Jinotega 1986

Saturday, February 23, 2019

Diversionismo ideológico divertido.


  Sesión de críticas y autocrítica en un comité de base sandinista de 1982:

- El cro. Rolando ha venido tarde hoy , que explique la razón - inicia diciendo el responsable del comité de base.
- Lo que pasa es que vengo desde San Judas y la ruta que tomo no pasaba - contesta Rolando, alias Rionsito.
- Pues tenès que esperar el bus más temprano - le dice el responsable del comité, èl cual llegaba siempre puntual en su vehículo Lada.
- Compañero - habla Rionsito - y por què vos que tenès carro no pasa recogièndome en el camino hacia la casa regional?
- Ese no es el punto, el punto es que venís tarde.!, y tu solución no resuelve tu falta de responsabilidad, tu puntualidad - le contesta el responsable.
- Ah que bonito! sigue Rionsito, a los de a pata que andamos en buses con olor a pacuso (olor a pata-culo-sobaco) sí nos caen encima, y a los de arriba como vos no les alcanza la crítica, ni la solidaridad.
- Compañero ubíquese!, no caiga en divisionismo, aquí todos somos iguales.
Rionsito, haciendo honor a su apodo, lanzó una carcajada, que hizo reír al resto, pero su "diversionismo ideológico" le costó como sanción hacer oficialía todo el fin de semana en la casa regional.

  Rionsito no es un personaje ficticio, fue un combatiente de San Judas contra la dictadura somocista, èl y yo èramos los únicos morenos (oscuros pues!, negros pues!, que al reirnos resaltaba la blancura de nuestras descuidadas dentaduras, iluminando aquellos felices-grises días en la casa regional en Managua), además èramos de los que íbamos y veníamos por Managua en buses destartalados de aquellos tiempos. Rionsito no tenía pelos en la lengua para decir sus verdades incluso a los secretarios de comité de bases. No sè que habrá pasado con Rionsito, pero que era anárquico y me inspiraba, eso si!

 Un día de esos, la esposa de uno de los nueve comandantes la cual también trabajaba en la casa regional, entró en pugna conmigo, con su arrogancia de niña rica casada con uno de los de la èlite del sandinismo, me increpó diciendo que le cediera el telèfono, el cual tambièn ella ocupaba para coordinar y, que me fuera, me dijo, aunque sea en bus al instituto donde yo coordinaba una actividad para lo cual hacía una llamada telefónica antes (en aquellos días de prehistoria no existían esos juguetitos bonitos y tan útiles hoy en las luchas contra las nuevas dictaduras, llamados celulares, pero habían bipper). Recordando las clases de diversionismo ideólogico divertido de Rionsito, le contestè - Y por què no mejor, vos que tenès dos vehículos el asignado y el personal, me das raid o te vas en cualquiera de ellos ya?.  Despuès igual que a Rioncito, se me tildó de divisionista. Años despuès en los años 90's creo, vi por la televisión el anuncio al entierro de esta dirigente, se había suicidado.

  Después del año 1982 empezó la guerra contra los alzados, contra los contrarrevolucionarios, y con ella muchos desaparecíamos de la casa regional de Managua y aparecíamos cargando el leño (el fusil) en las zonas de guerra como teletransportados (bueno en realidad íbamos en los IFAS) y así a partir de entonces empezaron poco a poco a desaparecer de la vida muchos con los cuales compartimos esos primeros años mozos de jodedera, de juventud, de entusiasmo en reconstruir un país devastado por la dictadura somocista y tambièn por què no decirlo? años de diversionismo ideológico divertido volándole reata como Rionsito a los privilegios de las èlites revolucionarias que empezaban a sacar las uñas.

  En aquellos años creíamos que forjábamos con mucha seguridad, un mundo diferente al somocismo, diferente a los privilegios de las èlites. Entre aquellos jóvenes que fueron desapareciendo estaban Memo Lanza, Baquita y otros más cuyos nombres se pueden leer en las lápidas de cementerios como las de los Caídos en San Josè de Las Mulas, algunos de los cuales incluso en esos años andaban con obsoletos fusiles llamados Bezetas enfrentando a una contrarrevolución bien armada hasta los dientes. La carnicería había dado inicio a una guerra que cobró miles y miles de jóvenes inmolados en aras de defender una revolución que terminó por atestar los cementerios, dejando dolor y pobreza y creando a una nueva burguesía revolucionaria en el poder (la cual fue la que parió a la actual dictadura Ortega-Murillo) instalando de nuevo en el poder los mismos privilegios y la misma corrupción del somocismo, una nueva èlite a la cual vitoreábamos eufóricos en las plazas - Dirección nacional Ordene ! Ordene!, Ordene!

Otto Aguilar Berkeley, 23-2- 2019
Foto: Con el batallón de reserva 50-10 en 1983, cuando yo era jefe del pelotón de exploradores, yo el más desorientado de todos!; lo que pasa es que eran los baqueanos oriundos del lugar, los verdaderos guías, exploradores en el avance de las unidades militares en aquellos tiempos de guerra.


Saturday, November 24, 2018

Crónicas de utopías recicladas.


Nosotros, dos muchachos estrechamente unièndonos,
Uno al otro jamás abandonando,...
Armados e intrépidos, comiendo, bebiendo, durmiendo, amando,
Ninguna otra ley que la nuestra obedeciendo,..

Walt Whitman

  Despuès de los primeros cuatro años de derrocada la dictadura Somocista en Nicaragua, Ricardo se había apartado del proceso revolucionario. Tras sus estudios inconclusos en la Unión Soviètica, y despuès de su regreso a Nicaragua, llegó a la conclusión que tales revoluciones se mantenían sólo a base de la represión y de propaganda. La efectiva propaganda vendió la idea de una sociedad más justa a un costo elevado en vidas, resultando al final algo peor que el règimen que habían derrocado.  
  Al desaparecer oficialmente el comunismo en Rusia en 1990, (en el mismo año en que el Frente sandinista en Nicaragua perdía el gobierno en elecciones), el acceso parcial a los archivos de la cruel y verdadera memoria de la revolución rusa, mostraba un rècord de más 20 millones de víctimas del estalinismo. Esos disidentes, viejos militantes bolcheviques, poetas, artistas, científicos, campesinos, militares, partisanos, etc, acusados como enemigos del pueblo, fueron hechos prisioneros y ejecutados aún despuès de forzarlos a declararse culpable de falsos delitos de complot o terrorismo contra el gobierno revolucionario y además de ser obligados a disculparse por ello. Los que no fueron fusilados en la temible prisión llamada Lubyanka en Moscú, o en cualquier lugar remoto, de un balazo en la cabeza, fueron deportados a trabajos forzados en inhóspitas y lejanas regiones, donde murieron minados por el cansancio, el hambre y las enfermedades, mientras a sus familiares se les mantenía engañados y esperanzados que al terminar los largos años de condena los verían de nuevo. Enterradas en la fosa común de la historia cruel del comunismo ruso, las víctimas se pudrieron, igual que las miles de víctimas del fascismo en campamentos de reconcentración como el de Auswichz, el cual ostentaba en el portón de entrada el lema “El trabajo os hará libre”.

  Ignorando la cruel historia de la revolución rusa, de la cual el resto de revoluciones seguirían sus pasos, Ricardo, igual que muchos jóvenes se había involucrado en las tareas que el recien proceso revolucionario nicaragüense demandaba. Después del final de la dictadura somocista, el grupo de insurrectos al cual pertenecía, sobrevivientes de esos álgidos días de guerra compartidos en Managua y Masaya, fue ubicado en un edificio de La Loma, viejo edificio de la dictadura de Somoza. La primera noche, Ricardo fue asignado como posta con otro miembro de su unidad, vigilando la entrada de una bodega de vinos y licores en el sótano. Esos vinos y licores fue agua bendita para la elite de oficiales somocistas que permanecían con el dictador en sus últimos días de gobierno, con el cual brindaban después de que èste daba declaraciones ante la Prensa internacional de que no se iría del país, a la vez que llamaba terroristas a las fuerzas insurrectas contra su gobierno. Aislado internacionalmente, con el país paralizado tras la huelga nacional, y derrotado militarmente por la insurrección armada en Julio de 1979, el dictador huyó y el gobierno fue ocupado por una junta de reconstrucción nacional formada de líderes civiles y por comandantes sandinistas.

   En la primera noche de Ricardo en La Loma se celebraba una tertulia de jefes, donde ese mismo licor dejado por los guardias somocistas ahora exaltaba la euforia por la victoria sobre la dictadura, a esos nuevos jefes militares sandinistas, cuyos discursos en las plazas prometían ríos de miel y leche para el pueblo de Nicaragua, como decía la letra de uno de los himnos de ese entonces. Desde abajo en la bodega de licores donde custodiaban los postas, se escuchaban las risas, los brindis, y de vez en cuando las pausas cuando alguien mencionaba el nombre de algún guerrillero caído en esa terrible guerra, cuyo saldo en miles de muertos aún no se calculaba. Entre anárquico y eufórico Ricardo le dijo a Mario, el posta con el cual cuidaba la bodega, de que tanto ellos como los jefes, tenían igual derecho a celebrar. Al instante, vertiendo licor en las cantimploras, allí estaban trago a trago los de abajo, contándose también las peripecias, las zancadas que habían logrado hacerle a la muerte en los combates, con la cual habían coqueteado hacía solamente unos días en Masaya, en las faldas del cerro El Coyotepe, en una misión de atacar una patrulla de guardias que por allí rondaba. Tal misión terminó con seis de los combatientes de los barrios de Managua perdidos, a los cuales se les había asignado la retaguardia. Perdidos y desorientados avanzaron sin saber por dónde se toparían con la guardia. Y en efecto, el encontronazo con los guardias se dió en un campo de beisbol, cerca de la fábrica La Inca; demás esta decir que quedaron vivos una vez más para contar el cuento. Desde ese cerro El Coyotepe, el reducto de guardias somocistas que aún permaneció allí, a pesar de que el dictador Somoza había huido, se despidió la noche anterior de que huyeran ellos también, lanzando al pueblo de Masaya una lluvia de morteros. Fue una larga noche, como todas las noches de la guerra insurreccional donde aquel infierno parecía no tener fin. Cuando el final llegó, al amanecer sonaron las campanas de las iglesias de Masaya anunciando el fin de la guerra, y por el terraplén del Coyotepe bajaron los prisioneros que habían permanecido en el fortín y habían logrado sobrevivir a sus torturadores. Mientras Ricardo contaba esto a Mario con el cual cuidaba la bodega, el viril rostro de sensuales labios, pronunciados pómulos y penetrante mirada de Mario, se metamorfoseó ante Ricardo por efectos del licor, en el rostro de Camilo, su responsable herido en los combates en Managua, el cual desde inicio de la insurrección le provocaba admiración por su coraje en los combates y a la vez suscitaba prohibida atracción, la cual debía disimular con las bromas y las palabrotas propias de la camaradería soldadesca, a lo cual nunca acabó de acostumbrarse. Despuès de derrotada la dictadura somocista, Camilo siguió siendo su responsable de unidad militar, pero la mente de èste cada vez se alejaba más de esos días de euforia por la victoria. Cuando formaba al pelotón por las mañanas para dar inicio a las actividades del día, en el rostro de Camilo se desdibujaba una sarcástica sonrisa; atrás habían quedado los días de aguerrido combatiente, así como atrás había quedado sepultada su compañera y madre de su hijo, la cual había sido impactada por un rocket que las avionetas Push and pull lanzaban en el sector de Las Amèricas.

  La tertulia y borrachera de los jefes de arriba había terminado, mientras abajo en la bodega de licores, Ricardo y Mario seguían hablando de los terribles días de la insurrección final. Ricardo tambèn le contó a Mario sobre Tita, la combatiente que le plantó un beso una noche en el puesto de mando en Monimbó, mientras dormía; al calor del licor èl ahora pensaba que hubiera deseado mejor el beso de Camilo, su jefe, el cual se pegaría un tiro en la sien unas semanas despuès de derrocada la dictadura somocista. Pero aquellos eran días de guerra en los cuales ese tipo de atracciones prohibidas no cabían, pensaba èl, más que en la poesía del rubio Walt Whitman, cuando escribía:

Nosotros, dos muchachos estrechamente unièndonos,
Uno al otro jamás abandonando,...
Armados e intrépidos, comiendo, bebiendo, durmiendo, amando,
Ninguna otra ley que la nuestra obedeciendo,..."*


Otto Aguilar
Berkeley - 24 de Nov. de 2018 

* Versos del poema "Nosotros, dos muchachos estrechamente unièndonos" de Walt Whitman.

Foto collage de víctimas del Stalinismo.

Tuesday, September 25, 2018

Mundos de pupilas insomnes.


  

  Tras parpados cerrados, mis pupilas se mueven lentamente en el recinto oscuro de mi ser, escudriñan en las secuencias de escenas hilvanadas sin orden y lógica alguna, actos que aparentan ser mi pasado; allí muchas existencias pululan perdidas en los recovecos y corredores de mi memoria. A lo lejos, las voces y sonidos del mundo exterior llegan con sus rutinarios ecos sordos, dejándome una vaga sensación de pertenecer irremediablemente allá afuera de mí mismo, al mundo de los mortales.
   
  Mis dilatadas pupilas, obsesivas siguen escrutando mi interior y, de súbito se detienen y me veo a mí mismo atrapado en un atardecer rojizo que recorta en lontanaza una hilera de pinos, quizás Jalapa?, quizás los años 80's? quizás el combate y despuès la muerte sembrando entre esos pinos, antorchas de rojo quemado, quemando cadáveres, quemando montañas. Rojo quemado que quemó toda utopía y todavia hoy quema mis sueños; no!, no otra vez!; al girar mis pupilas como huyendo de terrorífica imagen, el movimiento arrastra intermitentes secuencias que se traslapan y la escena se deshilacha cual pintura de rápidos efectos de goteo multicolores de una pintura ebria de Jackson Pollok. De pronto mis pupilas se detienen, al reconocer un rostro que intermitente emerge de ese pictórico goteo rojo, anaranjado, amarillo y blanco sobre el lienzo negro y fatal de la noche. Me detengo y le contemplo compungido, sí, es èl!, aquel efebo seductor eternamente joven!. Su cabellera ensortijada con la cinta que sujetaba sus bucles a su nívea frente, muestra un lado chamuscado por el fuego; sus ojos bien abiertos al vacío, como incrèdulos contemplan el último momento...  un hilo de púrpura sangre brota de la comisura del dibujo fino y sensual de sus labios, que desdibujan una congelada mueca de indolencia; gesto de labios entreabiertos que todavía dejan escapar el último gemido...  gemido doloroso de una santa Teresa de Jesús de Bernini, levitando de amor apasionado y cruel, de amorcillo que clava su flecha...  último gesto de alma liberada, sedienta de eternidad, escapando de la carne que encarcela y tienta.
   
  El gemido se ahoga entre el murmullo de un río y unas lejanas voces; creo es el río Coco, arabesco plateado que raudo serpentea entre oliváceas y sarrosas riberas, como corren los ríos caudalosos entre las vaporosas selvas en las pinturas de Armando Morales. Recónditas selvas donde el turquesa-ocre estalla entre el olivo sarroso de una quietud hierática. Las intrincadas y pequeñas pinceladas se alternan al efecto del raspado de la cuchilla que hiere y penetra muchas capas de un tumultuoso pasado. Las voces, quizás aquellas voces de jóvenes soldados chapoteando con sus desnudos de bronce?, y las bromas!, las jocosas bromas que mencionan atributos sexuales, que van desde el más dotado sexualmente cual brioso garañón, hasta el que esconde tímido las "verguenzas" bajo las cristalinas aguas. Allí el machismo ingenuo y cruel alardea y coquetea, suscitando celos, envidias en unos, mientras en otros admiración y hasta escondidas y prohibidas atracciones. Pero la camaradería soldadesca del rubio Whitman, en la soledad de hombres sin mujeres, busca el desahogo en los más atrevidos, en esos donde el amor de Lorca repartió coronas de espinas. Y entre esos soldados del río Coco, recuerdo haber visto chapotear cual niño lúdico a más de algún Caravaggio de temple aguerrido y peligroso; fornido y de rudo entrecejo, al cinto la daga, misma que empuñara con la mano virtuosa con la cual su pincel de pintor degollaba, haciendo saltar del cuello de Holofornes, borbotones de púrpura sangre sobre los blancos platinados lechos de Judith; era la misma mano concupiscente que igual que procuraba placer prohibido, tambièn podía cortar viriles gargantas.
   
  La garganta se me hace un nudo y, ya las lejanas voces del juego de los soldados, ahora suenan a concierto de grillos con pausas de un suave murmullo que se lleva el somnoliento río Coco. Allí estoy de nuevo, atrapado en una fría noche de postas como tantas, noche de luna en centro, noches de oscura soledad donde divagaba y atenazaba el recuerdo nostálgico de mi niñez en la vieja Managua ya extinta. Rutinaria vida de provinciana ciudad que se vuelve tentadora cuando lejos en el tiempo y en el espacio se le añora!... cuando resonaban cual ecos añejos los ensordecedores claxons de buses, que del mercado Boer partían a los departamentos y, las magnetofónicas voces de las baratas anunciando el último producto infaltable en el hogar, así como el reciente fallecimiento de algún vecino el cual posiblemente había dejado a sus deudos más deudas de herencia que otra cosa. Tambièn allí estaba aquel tejado de la casa, en donde como empinados observatorios de niño travieso, escrutaba con mis hemanos el resto de tejados. Desde allí, acostados y embobados contemplábamos ese inmenso ocèano del cielo, donde animales míticos y algodonosos aparecían y desaparecían magicamente en el infinito azul de la nada. En ese mismo cielo, el revoloteo de palomas de castillas, que anidaban en los aleros de esos tejados, se elevaban más alto que las plegarias que como penitencia me imponía el padre Estanislao de la igesia de San Josè, ante mis confesadas concupiscencias, producto del complicado despertar lúdrico y alborotado de mis hormonas. A esas mismas palomas que anidaban en los aleros de nuestros tejados, me encantaba escucharles ese chismorreo mañanero del tucutú-tucutú que de niño pretendía yo imitar y entender como puro chismorreo entre ellas; chismes de secretos de alcobas que lograbran escuchar desde aquellos tejados.
   
  A esos tejados de barro color siena tostada lamidos del verde aletargado minuto, al igual que a las viejas y altas paredes de la casa, yo les envidiaba en mi ingenua niñez, esa virtud de ser testigos eternos ante el paso rutinario e inexorable de nuestros días, ante el nacimiento de la prole numerosa y ante las primeras muertes que la vieja casa de la abuela, como fantasmas, luego empezaba a albergar. Muertes trágicas, como la del del abuelo Humberto, asesinado por el pitcher de las grandes ligas del Boer, en la estación del tren de León a Managua.  El fantasma del abuelo, despuès seguiría habitando cual espectro noctámbulo por los corredores de la casa y, en medio de la noche la abuela susurraría a mis oídos: - escuchás los pasos?, son los pasos de tu abuelo!.
   
  Y con un miedo glacial en el estómago, provocado por los pasos que del fantasma del abuelo escuchaba la abuela, espantado salí corriendo para de allí saltar al árbol de Jocote y en un santiamèn, trepar al filo del muro que separaba la casa para caminar cual expertos funambulista. Y mientras camino equilibrando en lo alto del muro, èste se alarga y en otro santiamèn de nuevo caigo en la loma de Macaralí, Jalapa, donde ahora voy arrastrándome en el suelo en medio de las balas del combate con la contrarrevolución, que suenan secas al caer en la tierra, peligrosamente cerca de mí. Una de la balas impacta al soldado que tambièn se arrastra y al cual yo le sigo, provocándole un gran hueco en su pectoral izquierdo. Aterrorizado sintiendo que ya tenemos a los contrarrevolucionarios como fatales funambulistas saltando sobre nosotros, quito su camisa y trato infructuosamente de detener los borbotones de sangre que se escapan de la herida, lo cargo en mis hombros y empiezo a correr, el grita mordido por el dolor, pidièndome le deje mejor allí mismo porque ya no soportaba más, pero le grito que no!, que no se los dejaría ni muerto a los contras. Corrorriendo y cargando al herido sigo, como alma que lleva el diablo y, he allí que otro soldado viene en nuestro auxilio y me ayudan con el herido. El "grito"de Munch que escapa dolorosamente de las entrañas del soldado herido, se extiende en revolutas rojas y moradas en el cielo gris tormentoso de aquella terrible y fría mañana, ese grito que todavía como eco resuena en esas montañas de Macaralí y el viento lo arrastra a travès de los pino,  quizás hasta algún oído de campesino que en las laderas de dicha montaña corta leña en una mañana fría y gris como aquella y, al escuchar el grito sin perturbarse lo achaca a los monos, ignorando que en esa misma colina años atrás, aquellos soldados jóvenes y románticos que fuimos, nos habíamos trenzado en combates mortales contra otros soldados funambulistas que tambièn gritaban de dolor y rabia y morían como nosotros. 
   
  En ese corredor de mis recuerdos, mis pupilas siguen escudriñando, y a veces en la esquina al doblar un recoveco creen reconocer a alguien a quien creían muerto, afanosas le siguen, pero el espectro corre más de prisa por el corredor oscuro y en brinco de saltimbanqui se pierde en el momento en que mi cuerpo se sacude como al caer de lo alto y, mis párpados entonces se abren, en el instante en que mis pupilas insomnes creen reconocer cara a cara, el súbito regreso de mi bagabunda y sonámbula alma.

Otto Aguilar.
Berkeley, May 2013
Imagen: Serie Inquisiciones- Acrílico, collage/papel.