Wednesday, July 12, 2017

Selfies despuès de treinta y ocho años.


"La guerra es un lugar donde jóvenes que no se conocen 
y no se odian se matan entre sí, por la decisión de viejos 
que se conocen y se odian, pero no se matan”. - Erich Hartman.

 A todos los hijueputas que conozco les va muy bien en la vida. 
Y conozco a unos cuantos, no creas. El hijueputa es alguien que 
no necesita de razones morales ni de razones idiológicas para vivir. 
No es un ser enfermo de moral o de pensamientos. No necesita salvarse 
porque ha aprendido desde la cuna que lo único que tiene que hacer 
es vivir a costa de los otros y, cuando es necesario, incluso a costa 
de la vida de los otros. Había hijueputas antes y los hay ahora; 
el sandinismo no ha arreglado mucho las cosas en esto." 
                                            Los dioses bajo la lluvia. - Javier Reverte.

   En el país ubicado en el ombligo de Centroamérica, hay una asamblea nacional donde sus diputados hablan de cosas ajenas a ellos: hablan y discuten entre muchas cosas importantes para el país, de la pobreza del pueblo, discuten de esa pobreza que la revolución a un costo de miles y miles de muertos hace 38 años no pudo acabar. Los diputados llamados padres de la patria, siguen discutiendo, discuten día a día, se enfurecen, se acusan unos a otros, luego se rien y se abrazan y se toman selfies. Año tras año los diputados repiten lo mismo y siguen hablando y planeando la forma de acabar con la pobreza y, en esa búsqueda de solución se han envejecido sempiternos en sus butacas que ya echaron raíces en la asamblea, engrosó sus cuentas bancarias y engordó sus tripas.
  
  Algunos de esos diputados fueron guerrilleros de esa pasada revolución o eso es lo que parecían cuando jóvenes, antes de que les creciera el abdomen y la papada por el buen gourmet de sus actuales exitosas carreras, antes de poseer MasterCard para gastos de representación, antes de usar trajes caros respetables de oscuro smoking y corbata, y antes de lucir Rolex en sus ajetreadas putativas manos que ahora firman y firman innumerables documentos de decretos para acabar con la pobreza del pueblo.

  En esa asamblea hay otros diputados opositores a los primeros, fueron antiguos enemigos políticos incluso en la guerra de los años de 1980’s. Ambos especímenes de diputados fueron jefes de los miles de jóvenes que enfrentados en esa guerra fraticida, murieron de ambos lados bajo las respectivas consignas de morir por la Patria. La fauna de diputados en esa Asamblea nacional es variopinta: entre ellos hay diputados correligionarios y allegados (esposa e hija) de un expresidente que acusado de saqueo al erario por unos cuantos millones de dólares, fue encarcelado y luego liberado a costa de cuotas políticas, en una especie de maquiavèlico pacto que redundó en beneficio del actual presidente, un viejo ex guerrillero del cual se dice es ahora el segundo dictador en la historia del país. Esos diputados opositores tambièn huelen al mismo perfume Dolce & Gabbana de sus colegas ex querrilleros y enemigos políticos y, tambièn sufren la misma resaca de los lunes producto de finos licores, conducen automóviles Mercedes Benz, porque la competencia entre colegas opuestos es parte del status; también poseen lujosos condominios en la capital y casas de descanso (merecidos descanso a sus ocupadas vidas de diputados) en idílicos parajes turísticos, residencias hechas con dudosos prèstamos a bajo interés o prèstamos impagables a entidades del gobierno tales como el Instituto de Seguridad Social. Este instituto actualmente está en déficit para pagar las pensiones miserables a esa parte de la población trabajadora en retiro, a esos ancianos que envejecieron en espera de que la revolución de hace treinta y ocho años atrás o los diputados de hoy, encontraran la solución a su perenne pobreza. Mientras allá en un mausoleo en el centro de la vieja Managua, bajo frondosos árboles y acunado por zanates clarineros, yace uno de los llamados “muertos que nunca mueren”, uno de los líderes revolucionarios el cual antes de morir dijo arrepentirse de haberse hecho un préstamo de ese mismo Instituto de Seguridad Social, para adquirir más propiedades no bastándole con las que en la llamada “piñata” había obtenido como pago a su heroismo.

   Dicen que ese país fue el centro de miradas y elogios hace treinta y ocho años cuando el pueblo acabó con la dictadura que los mantenía en la pobreza. Tambièn dicen que hace 100 años el poeta Ruben Darío, fundador del modernismo, regresó de Europa pobre y enfermo sólo para morir en ese su atribulado país, quejándose de que el gobierno le adeudaba salarios atrasados; sin embargo Darío no puede quejarse de los multitudinarios homenajes póstumos y del apoteósico entierro que el gobierno de ese entonces le brindó. Años despuès del pomposo entierro del poeta, dicen que en ese país tambièn hubo un hèroe nacional que se enfrentó a la invasión gringa y que fue traicionado y asesinado por el entonces jefe de la guardia, el que despuès sería el dictador, cuando el guerrillero bajó de las montañas a la capital para hacer la paz. A ese hèroe y su lucha, la poeta Gabriela Mistral lo llamó “Sandino y su pequeño ejèrcito loco”. Un poeta de ese país narró la historia de este hèroe nacional despuès de buscarle en la montaña, en los infiernos de la guerra contra el yanki invasor, la novela la tituló “Maldito país”. Ese país, donde la asamblea de diputados con manos putativas al compás de carísimos Rolexs firman y firman decretos para acabar con la pobreza, se llama Nicaragua, el segundo país en pobreza de Amèrica latina.

Otto Aguilar.

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