Thursday, February 13, 2014

Anacoreta insurrecto.

                                   

  Cuando llueve mi memoria suele exudar los recuerdos de aquel húmedo Junio, en la insurrecta  Managua de 1979.  Aquellas barricadas levantadas en avenidas y calles de la capital y del resto del país paralizado, daban la impresión de que Nicaragua se había cortado las venas dispuesta a morir desangrada, antes de seguir soportando tanta injusticia impuesta por la dinastía de los Somozas, prolongada por más de cuatro dècadas.

 En esos días aciagos de insurrección contra la tiranía somocista, mi mente y cuerpo tambièn se insurreccionaban contra los prejuicios que reprimieron en mí durante mucho tiempo, el placer de ser yo mismo.  Curiosamente esas dos insurrecciones estallaron en mí al mismo tiempo, complementando y enriqueciendo la una a la otra a tal grado que me provocaban un estado de euforia total!. Un año antes, en una de las protestas de universitarios de la UNAN que llegó hasta la UCA, había sido bapuleado por uno de los guardias que lograron cercarnos a varios estudiantes que no logramos huir; allí frente al viejo portón de la UCA, nos pusieron a recoger piedras que les habíamos lanzado, fuè en una de esas en que me descuidè tratando de ver por donde podía fugarme, cuando me cayeron los riendazos. Luego fuimos montados en un becat con rumbo desconocido, la llamada de consulta de nuestros captores a algún superior, salvó nuestras vidas.

  Yo, que no había tenido ni una trifulca en mis años escolares, algo muy común a esa edad; yo, que siempre había evitado todo tipo de juego violento, que siempre había detestado la grosería y las crueles bromas de mis compañeros de clase, me había transformado de la noche a la mañana en un insurrecto, dispuesto a la inmolación si fuese necesario.  En esos cruentos días,  me asombraba de mí mismo, igual cuando a veces alguien más adentro de uno mismo, se extraña de la imagen que de nosotros el espejo arroja ante nuestros ojos.

 Las primeras embestidas de la guardia intentando desalojarnos de los barrios orientales, era un desvalanceado duelo a muerte. Las bombas de quinientas libras empezaron inclementemente a caer en los barrios insurrectos, ocasionando la muerte de civiles, a pesar de estar vigilando el cielo donde se veía caer aquel barril mortal.   Las avionetas "Push and pull" sobrevolaban sobre los barrios disparando sorpresivamente sus mortales rockets.  En los primeros días, las tanquetas lograban penetrar algunos barrios a pesar de la resisitencia en las barricadas, permitiendo así el avance de la guardia que venía detrás de ellas; esto produjo unas primeras retiradas de los insurrectos, la guardia realizaba entonces la "operación limpieza" donde algunos jóvenes eran detenidos o ejecutados en el lugar, muchos de ellos señalados en los mismos barrios por "orejas" adeptos a la dictadura.  En los retenes instalados por la guardia, todo ciudadano pasaba la inspección de las manos, los codos y las rodillas, buscando evidencias, señas dejadas por la labor de hacer barricadas o del combate.  Luego que la guardia abandonaba los barrios o fueran repelidos por el contra ataque de los guerrilleros urbanos, las barricadas volvían a surgir incansables y con más insurrectos que se unían cada vez más.

  Los primeros combatientes muertos que ví tirados en la calle provocaron mis lágrimas, pero al contrario de retirarme temeroso de correr el mismo final, encendieron en mí más coraje para combatir aún con ese miedo a ser atrapado por la mortal bala.  Pensaba entonces en lo injusto del momento, mientras en Nicaragua se desataba una guerra a muerte, el resto del mundo seguía en su habitual rutina; mientras en Honduras u otros países aledaños la gente iba a sus trabajos como todos los días, mientras algunos se divertían en bacanales, y quizás muchos haciendo el sexo en sus cómodos y calientes lechos, nosotros enterrábamos a nuestros muertos, nos secábamos las lágrimas y regresábamos al combate.

 Tras una fuerte embestida de la guardia, y bajo una noche de fuerte aguacero, los combatientes fuimos desalojados de los barrios orientales, teniendo que movilizarnos al sector de Bello Horizonte, Santa Rosa y Larreynaga.  Esa noche lluviosa en un patio oscuro de una humilde casa del barrio Santa Rosa, el cadáver de una mujer era velado en una mesa; ella había muerto cuando huía de los combates esa tarde, producto de la bala que había sido disparada a sus pies por un combatiente de un retèn, al no contestar ella la contraseña, pues era muda. En medio de la noche lluviosa y oscura, me tocó junto con Guayo, mi hermano mayor, la difícil tarea de ir a reconocer el cadáver de esta mujer, la cual estaba en una mesa cubierta por una sábana. Antes de ir a reconocer quien era aquella mujer, en  mi mente se había clavado la torturante posibilidad de que aquella mujer fuera mi madre, huyendo de los combates.

  Fue en ese desalojo de parte de la guardia somoscista, cuando una escuadra de retensión en la cual iba mi hermano Daniel (qpd), que se logró neutralizar a la tanqueta que había penetrado desde la carretera norte, y había avanzado hasta casi la entrada del mercado hoy Illamado Iván Montenegro.

  En ese sector de Bello Horizonte conocí a otros combatientes con quienes en las noches de posta de la barricadas, nos contábamos sobre nuestras sobre vidas, en aquellos momentos difíciles donde un ideal de justicia social y la muerte como contraparte nos igualaba a todos. Allí conocería a Martha Lucía Corea, Lucy, cuando una noche ella me llevara hasta la barricada donde posteba la nueva contraseña. Vagamente su imagen aflora en mis recuerdos con una moña que domaba su cabellera, y una espigada y delicada figura que contrastaba con la rudeza que añadía el fusil que cargaba, fuè de esos fugaces encuentros que dejan su huella perenne, sin haberle conocido más allá de lo que esos terribles días nos imponía.

  Tambièn conocería en esos días a "Camilo", uno de los corajudos combatientes, de serio rostro monimboseño. Un día tuvimos permiso de regresar a nuestros barrios Las Americas y La Sabana, para ver a nuestras familias y llevar algo de lo que pudieramos compartir de víveres, el bromeando me dijo  - yo lo que llevo son unos condones, pues tengo rato de no ver a mi mujer.  Pero despuès de reunirnos en el punto acordado para dirijirnos al puesto de mando de Bello Horizonte, Camilo iba encerrado en un impenetrable mutismo; esa misma noche despuès de un altercado con otro combatiente producto de haber ingerido ron, supe que a Camilo le sancionarían.  Despuès èl me contaría que a su mujer la habían enterrado algunos días antes de aquella visita en que el solo llevaba condones; un rocket de los push and pull de Somoza la había matado. Despuès se impondría su coraje o su deseo de venganza, o las dos cosas y de nuevo combatiría destacándose entre los demás por su intrepidez; quizás la vida ya no le importaba, pero antes de perderla, cazaría a unos cuantos guardias más. De uno de esos combates el sacaría un balazo, lo cual lo dejaría convalesciente por algunos días.

 Despuès de veintiún días de sangrientos combates contra la guardia somocista en Managua, con mucho cansancio, con muchos heridos y bajas recibíamos la orden una noche, de movilizarnos hacia la ciudad de Masaya ubicada a 25 kilómetros de Managua. El operativo parecía tan descabellado y suicida, pues teníamos que partir a media noche con alrededor de siete mil personas, entre combatientes y civiles comprometidos con la lucha, quienes sufrirían la represión que se desataría si se quedaban despuès de nuestro èxodo. Pero acaso, aquella insurrección no parecía descabellada desde sus inicios, al enfrentar a un ejèrcito armado hasta los dientes?.

 Y así comenzó a congregarse a media noche, aquella silenciosa columna con todos los combatientes de los diferentes barrios de Managua, la columna se engrosaba y alargaba cada vez más, como un sabio reptil que con mucho sigilo empezó a avanzar por veredas entre la insomne silenciosa y oscura ciudad.  Avanzábamos alerta al acecho de la guardia que seguramente nos estaba dando largas, para caernos en el momento menos pensado.

  Mientras cabizbajo caminaba con un sentimiento de derrota, en el inicio de aquel riesgoso repliegue de Managua a Masaya, en mi mente empezaron a proyectarse escenas de los difíciles días vivídos desde el inicio de la insurrección final en Managua. Recordaba a mis vecinos realizando vigilancia nocturna y compartiendo el pocillo de cafè, recordaba a don Nayito nuestro vecino a quien una noche se le olvidó la contraseña y angustiado respondía al posta - soy Nayito, soy Nayito!, recordaba a mis hermanos con quienes habíamos estado juntos en aquellos combates armados sólo con bombas de molotov o de contacto, recordaba a mi padre arrancando adoquines de las calles para con ellos construir las barricadas, recordaba verlo disparando con una pequeña pistola, (la misma con la cual había sacrificado una vaca para la comida comunal) entre varios combatientes, contra la guardia que se dejó venir sobre aquel pueblo atrincherado en la gran barricada levantada en el by pass del mercado hoy llamado Iván Montenegro; recordaba a mi hermano Daniel lanzando las bombas de molotov a la tanqueta que fuè neutralizada en su avance por nuestro barrio; recordaba a los jóvenes muertos que ví al inicio de la insurreción tirados en la calle con los ojos abiertos como inquiriendo al cielo; recordaba aquella mujer muerta en el sector de  Santa Rosa, cuando huía del avance de la guardia en nuestro barrio, la cual me hizo pensar en mi madre, mi madre ante quien me había arrodillado a pesar de mi ateismo, para recibir su bendición al despedirme de la familia en medio de la noche, antes de partir en ese posible èxodo sin retorno. Así partí escondiendo mis lágrimas, atrás quedaba Managua oscura y silenciosa con sus venas abiertas en un lento desangre.

 Aquel repliegue del 27 de junio de 1979 era como una gran procesión del santo entierro, donde cargábamos a nuestros cristos sangrantes en improvisadas camillas.  Al inicio de este èxodo de Managua a Masaya, se me encomendó cargar junto con otro combatiente, a Camilo, el mismo Camilo que había perdido a su mujer producto de un rocket; èl iba herido producto de una bala.  En el sector de Bello horizonte y del Dorado, Camilo combatió con arrojo; fuè en una de esos combates donde lo alcanzó una bala.  Luego, despuès de la caída de Somoza, no soportando la dolorosa pèrdida de su compañera y agobiado por una psicosis de guerra, Camilo se suicidó a tempranas horas de un amanecer en el mes de agosto del año 1979, en la esculea militar Oscar Turcios Chavarria. En dicha escuela, ubicada en el club de golf Somoza, Camilo era el jefe de nuestro pelotón; días antes de su sucidio, èl ya mostraba una actitud fuera de lo normal, algunas veces reía despuès de darnos alguna orden.  La noche antes de su muerte, se acercó a la camilla donde estaba yo sentado, puso su revolver en mi sien, a lo cual yo espantado, le repliquè que dejara de bromear de esa forma, descargando el tambor del revólver, èl me mostró que estaba sin bala, al día siguiente la detonación de una bala  de esa misma arma acababa con la tragedia que cargaba.

  El avance de la columna, aquella noche de lluvioso junio, fuè difícil y fatigoso, muchos se regresaron a Managua o extraviaron al quedar rezagados en medio de la oscura noche, cayendo en manos de la guardia somocista.  Despuès de recorrer 25 kilómetros, habíamos llegado al sector de Piedra quemada, ya cerca de nuestro destino a Masaya.  Con las primeras luces del amanecer apareció un avón vomitando rockets, haciendo blanco en el grueso de la columna del repliege.  Las ametralladoras en la vanguradia de la columna, trataron de repelerla, pero el maldito avión desaparecía y aparecía, por donde menos se le esperaba.  Los que no llevaban armas, no tenían más alternativa que tirarse al suelo. Pegado al suelo, queriendo que la tierra me tragase, sólo veía cuando el rocket impactaba muy de cerca, con aquel aterrorizante estruendo, y despuès de que el polvasal y humo desaparecía, veía chamuscados los despojos de los infortunados que habían sido impactados.

  Una lluvia empezó a caer, como llorando el cielo por aquella masacre, fuè así que logramos avanzar hacia nuestro destino.  Entre el grupo que avanzábamos rezagados, iban Luisa Amanda Pineda, la misma campesina que había denunciado a la guardia por la múltiple violación que fuè víctima.  Mientras corríamos aprovechando que la lluvia detenía el actuar mortal del avión, nos topamos con cadáveres; al detenernos  para reconocerlos y buscar como sepultarles, me impactaron dos muchachos, que parecían estar vivos, con sus ojos abiertos inquiriendo al cielo. Enterramos a algunos a la sombra de un árbol, dejando una seña para identificar el lugar.

  En el sector de Piedra quemada, tambièn perdimos a Lucy, a la cual había conocido en las noches lluviosas de las barricadas en Bello Horizonte. Dicen que murió pidiendo un balazo, para apurar la muerte, ya que un charnel la desangraba dolorosamente por la vena femoral.

  Luego de llegar a Masaya y descansar en el Instituto Don Bosco, nuestra unidad fuè ubicada en el sector aledaño al fortín del Coyotepe. Allí realizamos vigilancia, resguardando el posible ingreso de la guardia que había quedado y bajaba del fortín. Tambèn por allí tuvimos un encontronazo con la guardia, donde seis combatientes de Managua quedamos despuès extraviados sin saber por donde los guardias nos acechaban.

  Una noche en que dormía en el cuartel, antes de mi turno de posta, "Tita", que dormía al lado mío, me despertó osadamente con tremendo beso en mis labios; para cualquiera de mis compañeros, con aquel celibato rezagado, aquello hubiese sido un premio de los dioses de la guerra, en cambio yo aterrorizado, me di vuelta simulando profundo sueño. Hubiera mejor, deseado como premio, que el mismo Zeus, convertido en águila me raptase como a Ganímedes, llevándome lejos de la muerte que nos acechaba en aquellos días terribles y húmedos de Junio de 1979.

Otto Aguilar
Berkeley, 2/13/2014

Párrafos de "Hojas suelats de un desdiario" -
Imagen: dibujo en acuarela sobre papel, Moscú 1985

  

Thursday, October 31, 2013

Cuentas negras de un rosario.


Embozada en su chal negro, la noche se había desgajado sobre la colina. De su pecho, un prendedor de luna-plata se quitó, dejándolo entre las ramas de un árbol de jenízaro entre cuyas raíces me encontraba agazapado. De esa profunda oscurana reaparecieron como la noche anterior, tres lucecitas al otro lado del río, por donde comenzaba la trocha, avanzando hasta perderse entre el caserío .

La latidera de perros hería el silencio de la noche. Tuti, que posteaba a unos pocos metros de mí, se acercó para susurrarme :
- está chiva esa chochada... y sabès que decía mi abuela?
- que decía tu abuela Tuti?
- puès que los perros ven al diablo en la noche
- no digás pendejadas Tuti, quienes vamos a ver al diablo cuando amanezca seremos nosotros. - Mejor abrí bien los ojos... Mirá, ya las luces desaparecieron!.

En ese momento vinieron a mi memoria las palabras de don Chinto resonando como golpes estentóreos dados dentro de una lata vacía:

- Puej vea amigo, yo le voa contar... ve aquella fila de genízaros, allá por el camino Real, al otro lado del río?...- allá om!, a orillas de caserío, puèj allí mesmito los vi aparecer!, cuando yo ensillaba el caballo para ir a buscar unas pastillas de cuajo a Quilalí... y tantito los víde, que me me les hago como que no, pos me libre diosito de esos desgraciaos!, vella puej amigó!. Eran como treinta rejodidos!...- puej ya le digo, allí mesmito pasaron los chilotes* y a la mañana siguiente estalló la purísima!. *

Una sensación helada me recorrió el espinazo. Chilotes y purísimas se me atragantaron al recordar denuevo a esas horas de la noche, las palabras de don Chinto.

Eran las horas de la vigilancia nocturna, y entonces igual que todas las noches, ese cielo oscuro, nos tragaba e incitaba a lanzar divagaciones nocturnas, cual fugaces constelaciones, hasta perderlas en el infinito oscuro de la nada. Esas divagaciones eran torturantes nostalgias, por el ser querido que habíamos dejado allá en la lejana ciudad, al cual imaginábamos posiblemente, tambièn contemplando desde la ventana de su dormitorio, a las mismas estrellas y a la misma luna que nosostros contemplábamos en las montañas de Quilalí.

El frío nos calaba desde los huesos hasta la misma conciencia. Observo el reloj, cuando faltan cinco minutos para las dos de la madrugada. Hora en que, en el diámetro de mi pupila, comenzaban a danzar los fantasmas del aquelarre de las postas, hora en que toda silueta parece cobrar vida. Tras unas matas de plátano, veo sombras movièndose, pienso para calmarme, que es el viento meciendo las hojas. Y es entonces cuando el alma me queda suspendida de un hilo, y el traqueteo en mi mandíbula aumentado por el frio, unido al temblor en mi estómago, eran las señas de aquella terrible lucha entre el deber y el temor.

- Shiiiii, shiiii.... Sobresaltado, busco apuntando con el fusil el origen de aquel silbido. De un desparpajo de las ramas de un matorral, un pájaro sale volando y le maldigo, por causarme tremendo susto a esas horas!.
Me entran deseos de orinar y me aproximo a un árbol, saco mi pene y me desahogo, por poquito y me orino en los pantalones!. Termino de orinar, un breve espasmódico movimiento del cuerpo me pone la piel de gallina. Con un sorbo de helado cafè que me quedaba en el pocillo, remojo mi garganta tragando el torazón que me provocaba aquella angustiosa posta.

Así transcurrían las noches, como cuentas negras de un rosario hilvanadas a los pelos rubios del sol. De ese bendito sol, bendito por las mañanas cuando calentaba nuestros cuerpos de piel verde olivo. Bendito sol que lúdrico curioseaba en el río Coco, a jóvenes soldados de ensortijadas cabelleras y tupidas barbas; De fornidos biceps y fuertes muslos, producto del trajinar en aquellas agrestes montañas segovianas.

A Tuti, uno de los soldados más jóvenes de la tropa, por ese su carácter de niño juguetón, le sucedían las cosas más inverosímiles como aquella, cuando despuès de lanzarle un beso a una mucha del pueblo de Quilalí, en el preciso instante en que en el camión descapotado que lo transportaba, pasaba debajo de un alambre tendido de extremo a extremo de la calle, el cual dió con el pobre Tuti al suelo, perdiendo uno de sus dientes. Esa fuè la causa de la ventanita que quedó en su dentadura, al lanzar ese beso caro que había regalado a la muchacha de Quilalí.

Un mes de abril en que nuestro batallón descansaba en la hacienda "La mía", propiedad confiscada a Somoza, Tuti y yo fuimos al pueblo de Jalapa, el cual quedaba no muy largo de donde acampábamos. Al recorrer la calle principal del pueblo, con sus casa de tejas de barro color zapote, que asomaban tímidas tras el camuflage de árboles de mango, matas de plátanos y otras frutas tropicales que inundaban con su aroma en aquel tórrido sol norteño, sentíamos regresar a la civilización; esto debido a que llevábamos cuatro meses internados en las montañas, muriendo y resucitando en cada zangoloteo diario en que reventaba la purisima*.

Al pasar frente al bar Sandra, los dos decidimos entrar atraidos por la música que escapaba de la estridente roconola. Allí con nuestras raidas, sucias y verdes epidermis, instalados en un par de taburetes, observábamos con cierta envidia el baile sobaqueado de los parroqueanos. Tuti entusiasmado por la música, quiso invitar a bailar a una muchacha, pero una de las meseras le advirtió que desistiera de su intento, por aquello de que andaba con el uniforme militar y podrían pensar que estaba ingiriendo licor. Entoces avergonzado y frustrado se sentó de nuevo dicièndome:
- que vida mas jueputa èsta!, mientras unos nos vergueamos en el monte, otros se la pasan de lo lindo aquí.
- Ni modo Tut!i - ya habrá tiempo para eso despuès- le dije, dándole unas palmadas en la espalda. Y le propuse:
-Oye!, que te parece si nos compramos escondidos una botella de rón plata?
- Ajá- me contesta- y pensás que estos majes nos la van a dejar zampar?
- Bueno, probemos!... con probar no perdemos nada... mirá allá- le dije señalándole el servicio de varones, sugierièndole tal tentador lugar, para tomar clandestinamente la rón plata.

Y en breve instante estábamos allí con una ron plata en la bolsa del pantalón. El primer trago nos calló como agua bendita!. Y así estuvimos entre la mesa y el servicio de varones y la música que brotaba de la roconola metièndose y salièndosenos hasta por los poros, música que nos ponía a levitar con viejos recuerdos de nuestra despreocupada añorada y lejana vida capitalina.

Sin percatarnos, ya la noche de nuevo se había desgajado toda embosada en su chal negro, andando por todo el pueblo. De regreso a nuestra base, una escasa luz de linterna nos va alumbrando el camino; mientras bromeabamos aligerando el paso, no supimos en que momento habían surgido de un recoveco del camino, dos hombres que interceptan nuestra marcha, uno de ellos toma bruscamente por el cuello de la camisa a Tuti; estaban más ebrios que nosostros, por lo cual sin dejar de apuntarles con el fusil sin el seguro, tratè al inicio de disuadirlos, pero al no obtener repuesta de su parte, como instinto de conservación y no tanto por heroismo, les apuntè decidido. La borrachera se les fue al y entonces desistieron, les dejamos ir , viendo como trastabillaban al caminar, mientras la oscurana de la noche se los tragaba. Tambièn nosotros nos fuimos espantados al.Amaneció con el bendito sol sabijondeándonos como de costumbre, y cumpliendo su rutinario destino, había soltado su larga cabellera dorada al viento, cual andrógino coqueto, envolvièndolo todo con sus pelos rubios.



-Vamos arriba todos!, arriba compas, a formación!. De nuevo suena la orden del día, sórdida en nuestros oídos. La misión de partir es dada, el itinerario a seguir: El Mapa, Palo Alto, la Pita, filo de la Yegua, filo de la Loma, etc, etc., lugares harto conocidos por nuestras gastadas botas. Sólo oirlos mencionar nos provocaba sequedad en la boca, aguijoneando la punzante incertidumbre de salir otra vez vivo de aquellos infiernos segovianos, para contar el cuento. La columna de soldados a lo lejos se fue perdiendo entre los pinos, avanzando alerta y esperando en pausas a veces prolongadas, que el vaqueano y el pelotón de exploración despejaran el camino de posibles emboscadas; todavía aturdido por los acontecimientos de la noche anterior, yo imaginaba lo peor que nos pudo haber pasado a Tuti y a mí, y me sentí culpable por haber arriesgado esa salida nocturna con Tuti. Así seguimos caminando todo el día, hasta que nos cayó la tarde seguida inmediatamente por la noche con su chal negro, obligándonos a acampar en alguna montaña, hasta llegar al punto acordado donde montaríamos la emboscada.

Al día siguiente, en las primeras horas del amanecer, aquel inconfundible disparo del fúsil galil accionado por los contras, daba inicio al aquelarre del mortal combate frontal. Reaccionar controlando los nervios, y la ubicación del enemigo como blanco de la bala certera, en aquellos primeros segundos de vida o muerte, era primordial!; algunos por la experiencia en múltiples combates, lograban tal control, pero aún así el temor a caer en combate siempre iba clavado en la mente de todos por igual. Otros que eran presa del terror, quedaban inmovilizados en ese instante, pegados a la tierrra o deseando enterrarse en sus pozos de tirador.
Unn vèrtigo fugaz y mortal nos envolvía a todos, en un desfalleciente tornado de balas y morteros. Las balas trazaban su mortal itinerario, en búsqueda de las víctimas como ofrendas del día al dios de la guerra. En algunas ocasiones sentí convertirme en una pieza más, del frío fúsil soviètico que cargaba; quizás fuè esa incomprensible reacción, como muchas de las que se suscitan en esos terribles momentos, lo que salvó mi pellejo, como aquella en el Filo de la loma, cuando cargando la ametralladora que Daniel había usado en la toma misma de dicha loma, la accionè descargando toda la cinta que me quedaba, cuando parapetado tras unos pinos trataba de detener el avance de la contra que de nuevo trataba de tomarse aquella loma. Una granada explosiva que detonó cerca de mi, me inmovilizó por breves instantes, hiriendo con un charnel mi hombro derecho, en ese preciso instante un contra que ubicó mi posisión me gritó - de esta no saldrás!- y de nuevo el instinto de conservación se disparó en mi mente, como se dispararon todas las balas que todavía me quedaban en el magazine del fusil que tenía terciado en mi espalda.
Si Polvasal, uno de los soldados más avezados de la compañía, no hubiera regreasado a rescatarme de la inevitable retirada de la loma, ese hubiera sido mi último día, como lo fueron para el resto de soldados que no tuvieron mejor suerte que la mía.

Previo a dicho combate, en la toma de ese Filo de la loma en Macaralí, "Juventud", como le decíamos a Daniel, había caido abatido de un balazo en la frente cuando subía dicha loma. El era el amatralladorista, a quien días antes de su muerte, cuando nos preparábamos para el asalto del Filo de la loma, yo le había pedido me enseñara el manejo de su ametralladora. Entre las piezas que iba mostrándome, me enseñó la carta que su novia le había mandado de Managua, junto con un pañuelo con rosas rojas impresas y la dedicatoria: Te amo!

Despuès del combate, el fuego provocado por las balas incendiarias ofrecían un espectaculo infernal. Los pinos eran antorchas de fuego plantadas en la montaña. Era tan desolador contemplar aquello!. Cuando recuperábamos los cadáveres de nuestros compañeros, de entre las cenizas del sacate quemado, yo escondía mis lágrimas tragándomelas y mis dientes se apretaban tanto como queriendo quebralos.

Luego que la contra fuè desalojada de allí, despuès de que le cayeran los cohetes de las baterías rusas "catiuskas", logramos subir de nuevo a la loma para rescatar los cadáveres de Gabriel, de Mauricio, de cascarita, entre otros. Todavía sus ojos estaban abiertos, como inquiriendo al cielo gris. Sus heridas con la piel morada y el cuerpo ya inflamado. El cadáver de "cascarita" estaba irreconocible, pues al quedar herido en la loma, los contras le prendieron fuego, ellos mismos nos lo gritaban esa noche, por la radio desde la loma, junto con improperios como: - piricuacos de mierdaaa! vengan a buscar a su compa que se está quemando vivo!- Entonces en un penoso silencio, recogimos sus pesados y rígidos cadáveres, les amarrámos sobre las mulas, y les llevámos hasta a una cima donde luego serían recogidos por los papalotes*, para ser llevados a Managua.

A la mañana siguiente se me asigna con mi mi pelotón montar una emboscada, en un sitio fronterizo con Honduras, donde agazapados entre las tumbas de un viejo cementerio esperaríamos a los azules*, lugar que usaban como corredor de entrada, para internarse al territorio. La espera se hacía desesperadamente larga. En esos tensos momentos contemplaba, desde mi parapeto tras una vieja tumba, la salvaje belleza de las montañas segovianas, saturada de una sinfonía de verdes, donde un tenue aroma de pino se mezclaba con efluvios de muerte. Aspirè hondamente, conmovièndose hasta la última FIBRA de mis ser. Entonces pensè en aquellos tensos momentos, que aquellos bucólicos parajes segovianos, que aquellas brumosas montañas ensarradas, flotaban entre algodones asèpticos que cubrían tanta sangre derramada. Pensaba que esos bellos rincones de mi país, habían sido creados no para aquellos terribles escenarios de muerte; sentía en lo más recóndito de mí, que aquella subyugadora belleza de mi tierra, me ofrecía un adagio de despedida, y que sin importar como acabasen mis huesos, esos parajes los recibirían, como ya lo habían hecho con tantos más. Esa sensación, dejaba levitando mi alma en una nostálgica y bucólica despedida- claro! - me decía a mi mismo - ese sentimiento era por la cercanía de la muerte- pues hasta sobre tumbas estábamos esperando al enemigo. Pero la contra nunca apareció en el lugar supuesto, hasta, que al caer la tarde unas detonaciones de fusiles y morterazos, nos indicaban que los azulitos* probablemente informados de nuestro plan, habían evadido la emboscada, penetrando por otro sector para enfrentarse con el resto de nuestra tropa que aguardaba en nuetra retaguardia. Inmediatamente recordè a Tuti, su juvenil rostro con las mejillas rosadas por el frio, apareció sonriente, mostrando el hueco de su dentadura, por donde lanzó aquel beso a la muchacha de Quilalí; Tambièn recordè la parranda que nos habíamos puesto, y despuès el tremendo susto que nos habíamos llevado con aquellos dos contras.

Antes de llegar a ese cementerio, me despedí de èl en su champa improvisada por un capote. Hacía tres días que èl tenía diarrea de sangre, y por esto era parte de los soldados que se habían quedado en el puesto de mando.

-Bueno Tuti - le dije- yo no sè... pero presiento que la cosa está cada vez mas difícil... los latidos de mi corazón me ponían en verguenza ante èl... y me despedí rapidamente antes que mi emoción desbordara por mis ojos. Le entreguè el poco dinero que yo guardaba y partí.

Esa fue la última vez que nos vimos... siempre mi laboratorio memoril ha insistido en querer borrar estos tristes recuerdos y pensar que la vida seguirá indetenible su indolente curso... pues esto sucedió hace muchos años... a veces pienso si en realidad esto no fuè producto de mis delirios insomnes, sin embargo su inocente rostro sigue latente como si lo ví ayer...

De Tuti guardo una página sucia de su improvisado diario, con el dibujo de una mujer desnuda que èl me pidió yo le hiciera y al lado del dibujo con su letra escrito está:- Soy un vulgar por la soledad que se vive en este momento-... y que joden estos sayules sólo porque no me he bañado.
Y al reverso de esa página escrito está con mi letra:
"Tuti murió el seis de mayo de 1983, cuando la contra que estábamos supuestos a emboscar en el sector fronterizo de Las Pampas, había ingresado por otro lugar asestando ese golpe inesperado al puesto de mando, donde entre varios convalescientes se encontraba èl. All morir el acababa de cumplir 16 años.
Hurgando en mi amnèsica memoria, ahora recuerdo lo que me contaron sus compañeros de combate en ese sorpresivo y fatal ataque al puesto de mando en Makaralí ... cuando encontraron el cadáver de Tutí, parte de su ensortijada cabellera y piernas estaban chamuscadas, en el costado izquierdo de su pecho mostraba una cruel herida, que posiblemente acabó con su agonía y su mirada quieta, fija, inquisitiva al cielo quedó.

Tuti así partió hacia Managua y yo seguí en aquellos infiernos segovianos, con mis benditos rubios soles, y con mis postas nocturnas de aquelarres y fantasmas. Noches como cuentas negras de un rosario, hilvanadas a los pelos rubios del sol.

* azules = la contra
*chilotes = así llamados a los contras en sus inicios*purísima = el combate
*papalotes= helicópteros

Otto Águilar

octubre 31, 2013


(Relato de Otto Aguilar - Dibujo: soldado del Batallón Ramón Raudales hecho en 1986)


Thursday, November 29, 2012

Santitos en un rincón del corredor.



 ... al dejar la prisión que las encierra
   que encontrarán las almas?
                                Josè Asunción Silva

  En la algodonosa neblina de aquella mañana, el metro que me llevaba de Berkeley a la ciudad de San Francisco crujía como de costumbre; el chirrido sobre los rieles ensordecía el tintineo de mis acufenos, causante de mi perenne insomnio, insomnio que interrumpía constantemente mi rutinaria muerte nocturna.  En el trayecto abrí al azar una antología de cuentos de Sergio Ramirez que llevaba conmigo y, en el cuento titulado Perdón y olvido, leí: "Los dos habían muerto hacía años, mi madre de cáncer en los pulmones porque fumaba como una loca", sorprendido por la coincidencia fatal de estas líneas con el motivo de mi viaje en aquel tren, cerrè rapidamente el libro en un gesto de espantar aquella terrible posiblidad de la muerte. El metro crujiendo metalicamente continuó su recorrido a mi destino, sus ventanas eran canvas en blanco donde un pintor esbozaba y a la vez borraba grisallas de un tenue marrón verde-olivo de lejanas montañas, de edificios y callles donde la rutina imponía su curso.  Indiferente a cualquier dolencia o a cualquier placer de sus pasajeros, el tren avanzó penetrando aquella neblina como entrando en un  sueño.

  Cuando ingresè a la sala del apartamento disimulè el impacto de mi rostro, al ver su desvencijada figura entre almohadas acomodadas de tal forma que le permitiesen no sentir el dolor o la incomodidad de la carne flácida presionada contra sus huesos. En su cama especial de convalesciente, èl sin percatarse de mi presencia permaneció unos instantes contemplándose en el espejo que su esquelètica y temblorosa mano sostenía.  Que lo impulsaba a contemplarse?,  vanidad rezagada?, curiosidad?, tratar de reconocerse a si mismo, en aquel  espectro que ahora el espejo le arrojaba inmesiricordemente a sus ojerosos ojos?; èstas y otras preguntas en mí, sonaban como ecos fatales, martillando angustiosamente en un futuro quizás no muy lejano, mi propio final. Sería yo capaz de buscar mi desvanescente rostro tratando de reconocerlo en las quietas aguas de un espejo, en la antesala de mi muerte?.

  - La enfermedad es indignante así como la vejez tambièn lo es - me decía el poeta cuasi centenario don Chepito Cuadra, cuyo frágil y quijotesco cuerpo parecía una marioneta a punto de desarmarse al abrazarle en cada una de mis visitas, allá en su casa de la colonía Centroamerica, en Managua.

  Cuanto le debe pesar al alma tan etèrea, desprenderse de ese acostumbrado y frágil cuerpo!, de ese cuerpo que supo de placeres, de caricias, de sensaciones inexplicables como aquellas de sentir en ciertas ocasiones atravesar otras dimensiones intuyendo un pasado ya lejano o quizás un futuro ya vivido como si fuesen premoniciones de sueños.  En ese salto final quizás por breves instantes, tal vez aturdidos encontramos la repuesta al arcano de la existencia, y a esa sensaciones donde pasado y futuro tienen su contrapunto en un fugaz presente o, quizás en ese momento acaba todo, sin darnos cuenta que lo que llamábamos alma, conciencia o lo que sea, era sólo el reflejo del complejo sistema neuronal reaccionando a velocidad de la luz, en cada estímulo del mundo exterior sobre nuestra máquina de carne llamada cuerpo.


  Colocó el espejo a un lado de su cama y mi hizo seña de que me le acercara, me pidió le ayudara a mover en otra posición su pierna derecha acomodándole otra almohada; despuès le puse uno de sus calcetines que se había caído de su esquelètico pie. Me mostró una pulsera hecha de pequeñas cuentas que tenían impresas imágenes de santos, pero que podía decirle un incrèdulo como yo?, un ex creyente que había huido de aquella iglesía de San Josè y demás santos a la edad de 13 años?.

  Tanto había que conversar entre nosostros, aún!;  hacía unos meses que ya no nos llamábamos por telèfono, nuestras  conversaciones fueron paulatinamente disminuyendo porque su traquetomía ya no le permitía el placer de hablar, esa capacidad rutinaria de emitir palabras la cual por ser una costumbre no nos causa admiración, pero para èl, el hablar era como un milagro, un lujo que èl ya no gozaba. Cuando se quedó dormido por la aplicación de más parches de morfina que a veces ya no calmaban el dolor, su madre me dijo conteniendo las lágrimas: - Mirá a tu amigo como está!, me duele tanto verle así... y tanto que le pedía dejar de fumar... pero nada... nunca me escuchó, al contrario se enojaba conmigo...  En ese instante recordè las líneas del libro de Sergio Ramirez, como un contra punto fugaz de cruel coincidencia.

  Impotente al escuchar las quejas, los lamentos de la madre, sin saber que decir, lo único que se me ocurrió fuè instarle a que trataran de hablar, tratando de desahogarse y buscando el alivio que produce el perdón; despuès yo pensaba que aquello era algo dificil en el estado doloroso y de postración de èl.
 
  Me despedí de ella, aprovechando que èl seguía sedado por la morfina. Cinco días despuès de mi visita, yo le volvería a ver en la misma cama de convalesciente ahora convertida en su lecho de muerte.  Inmóvil estaba, con el rictus pintado en su rostro y su mandíbula sujetada ridiculamente con un pañuelo para disimular el cruel bostezo de la muerte.  Al abrazar a la madre y darle mis condolencias, pensè si ellos habrían tenido la oportunidad del perdón, si es que había algo que perdonarse entre ambos... pensè en ese momento, cuanto dolor!, cuanto daño podemos infligir a los seres queridos que nos acompañan en nuestra fugaz existencia!, y creyèndonos muy lejos de la muerte, aguardamos equivocadamente el último momento para el abrazo, para decir te quiero, para pedir perdón.

  Cuando salía de la casa, ví un altar con muchos santitos que en un rincón del corredor su madre había colocado; las llamas de las velas votativas agigantaban a los santitos en sus sombras arrojadas sobre la misma pared donde varios retratos de mi amigo fallecido sonriente mostraban la indolencia de sus años de juventud.

Otto Aguilar- Berkeley Nov-29-2012
Imagen: Gonzalo Andrès Diaz Jopia  https://www.flickr.com/photos/fotografia_gonzalo/5717137057/



Friday, August 31, 2012

The Joker.



"Nicaragua es el culo del mundo... Dejada de la mano 
de Dios la mantiene ardiendo el Diablo en su forja. 
A veces la tierra se sacude tratando de quitarse a los
nicaragüenses de encima, pero no, se aferran como hormiguitas 
sobre un mapa mundi. Allá lo estable no es la tierra, son las tiranías:
los Somozas, los sandinistas, que se eternizan" 
(El Mensajero - Fernando Vallejo)


- Aló, quièn habla? - preguntè
- Ideay maje, pues yo y quien más!
- Yo no soy maje! - le ripostè
- Noooo jodás!
- Yo no te jodo, quien te jode es tu vida! - le gritè

- Como estás? - atinó a preguntarme, para saltar ese incómodo inicio de conversación, con acostumbrado humor negro (al cual yo nunca acabè por acostumbrarme), tratando posiblemente de neutralizar cualquier indicio que expresase cariño o ternura rancia, resabios de vieja relación, que se hayan quedado rezagados por allí en los vericuetos del corazón.

- Pues aquí, pintándome... los ojos, los labios, ya sabes...pintándome!- le respondí.
- Ah!, de seguro preparándote para irte a "Esta noche"!

- No, hom... pintando a mis espectros y queriendo olvidar con ellos esta perra vida que... -  me detuve al recordar que a èl poco le importaría que estaba pintando yo, pues mis largas horas ensimismado en mis pinturas, más bien le provocaban en la mocedad de nuestro viejo idilio, reclamos de amante abandonado; despuès, cuando la química hormonal entre los dos se fuè al carajo, èl comprendió que la pintura era mi refugio, mi escape de la sordidez del mundo, quizás hasta de èl mismo.

- Y cómo está Managua - le preguntè.

-Pues la misma mierda de siempre!, ya sabes- me contesta y agrega - los cortes de energía elèctrica, y lo mismo pasa con el agua, por lo cual tenès que madrugar para poder recogerla en barriles y bañarte y despuès listo para la odisea del día; porque vivir aquí es una odisea día a día!, desde que salís de la casa tenès que sacar la jeta primero y ver si el camino está despejado de maleantes porque si no vas alerta, allí mismito te cosen las tripas!, y luego a correr para alcanzar algún bus. Ya en el bus, si acaso lograste zamparte en uno, aunque sea colgado de la puerta, vas como garrapata en su perro, clavado de las uñas de los pies al piso del destartalado bus, no vaya a ser que en una de los brincos o vueltas salgas volando por los aires!; y chiva tambièn con las carteras porque en el bus trabajan tambièn a tiempo completo los tamales*. Fijate vos!, los ladrones de alcurnia cuyos papis les regalaron la "dolce vita" a travès de la explotación de nuestros tatarabuelos a "pija y rincón", amancebados con la fauna política en el poder de turno de ayer, de hoy y de siempre, te roban desde arriba a cuenta gotas y los tamales de abajo, los de chinela de gancho, en cualquier esquina te esperan para rematarte. - Chocho!, si yo no lo hubiese vivido en carne propia, diría que me estás hablando pendejadas. Hace dos años me jodieron en el barrio Dimitrov y ...

 - Sos caballo vos! - me interrumpe- como se te ocurre irte a zampar ahí!, donde la vida no vale nada!, por allí hasta bautizaron una calle con el nombre de El callejón de la muerte.

 - Casualmente cerca de ese callejón fue - le comfirmo - pues ya había estado allí, me confiè y la agarrè del cuello!, mejor dicho de las costillas y la espalda, que fue donde me jincaron los tamales*.

 - Pero què jodido andabas haciendo allí? - me pregunta.

 - Visitaba a un amigo, pero mi gran error fue que por muerto de hambre, me aventurè por una callecita a la vuela de la casa del amigo, buscando unas fritangas, al regreso los ladrones me siguieron y los cucchillos de destace salieron a relucir... todavía me produce escalofrío recordarlo!, acto seguido me sentaron en la acera como niño, jincándome con la punta de los cuchillos y allí mismo me bolsearon y me dejaron palmado pues!... si por milagro no me dejaron en pelotas, o con las tripas de fuera!.

 - Maje!, no jodás clase susto!. - me dice.

 - Imaginate saber que si he andado borracho y reaciono como hèroe , no te estaría contando el cuento,  como le pasó a un primo cuando lo asaltaron, y por eso le descargaron varios plomos en el pecho!. Así es que aprendí la lección!, lo único que pensè inmediatamente fue dejar que se llevaran todo, hasta las tajadas fritas por las que casi me matan, me quitaron!. Despuès del susto pensaba que muerte mas pendeja e irónica hubiera sido èsta!, pero ni en la guerra, ni en los batallones despuès de cada combate donde vimos galopar la muerte, te acordás?, entreguè mi cacaste, y ahora esos pendejos me iban a despachar gratis al más allá!, por unos miserable pesos y unas tajadas fritas...  y un celular  tambièn, que ni siquiera ya usaba por el costo de las tarjetas telefónicas.

 - Pero quièn te manda meterte en la boca del lobo? - me grita - y cuando tenès planes de regresar a Nicaragua?

 - Què?, estás jugado de cegua o què? - le digo - crees que me dan ganas de ir despuès de tremendo susto!, no hermano, si lleguè hasta donde estoy y no me ha tocado mi turno o no me toca todavía, como crees que lo voy ir allá a buscarlo de gratis?

  - Que cooochón que te has vuelto! - me dice enfatizando lo de cooochón-  pero bueno a mí no me queda de otra y....

  - Aló?, aló?, ideaaay!!!... alooooooooo..........................................

  - Mierda!, se corto la linea!

  Marquè su número de telèfono para continuar la perorata, pensando en mis posibles argumentos para defenderme de su sarcasmo; defenderme de lo que èl tildaba de cobardía y  yo consideraba simple precaución, a pesar de mi mal de patria y deseo perenne de retornar a Nicaragua,  pero sólo logrè escuchar del otro lado el timbre intermitente. Al colgar el telèfono, el televisor que había quedado encendido sin prestarle atención mientras yo hablaba, me lanza en pleno rostro como una bofetada, una noticia de última hora:

"La cifra todavía no se ha verificado, pero se cree que son doce los muertos entre decenas de heridos, las víctimas de un tiroteo entre los espectadores que asistían a media noche al premier "The dark knight", en una sala de cine de la ciudad de Colorado; el autor de la masacre, en el momento de su captura, dijo ser "The Joker".

 (* Tamales- asi se le dice en Nicaragua a los ladrones comunes, a los asaltantes de la calle, a los de chinela de gancho, o sea a los ladrones de abajo, no a los ladrones de arriba, a los de arriba se les llama empresarios o políticos.)

Otto Aguilar - Berkeley - 2012
Foto: viejo cementerio de San Pedro, Managua, Nicaragua

Saturday, August 18, 2012

El fantasma de la estación del tren.

"El amor, cualquiera que sea  su naturaleza,
no puede nunca ser depravado,
excepto en los ojos del cínico" 
Mijail Kuzmin, "Wings"

  Las tinieblas no se disipaban aún en esa helada madrugada cuando decidí cambiar de itinerario en mi carrera matutina por la marina de Berkeley. Un simple cambio de dirección en nuestra rutina puede depararnos muchas sorpresas, al doblar la esquina de una calle el pasado nos puede atrapar en esa dimensión de los recuerdos que permanece allí al acecho, latente en lo recóndito de nuestra memoria.

   Aquella mañana cambiè por primera vez mi recorrido y, al pasar por la estación del tren llamó mi atención un fantasma cubierto de pie a cabeza con una sábana que por sucia parecía color cafè. El fantasma estaba sentado en una banca de metal color verde donde un farol le iluminaba cual candilejas de solitario teatro, bañándolo de una luz de tinte ocre dorado. Cuando decidí congelar aquel fantasma con mi camarita fotográfica iluminándolo con el flash, la escena cambió  en un instante. La estación en que me encontraba ahora era la estación del tren de la ciudad de Tula, la misma estación del pueblito del conde escritor León Tolstoy pero de la Rusia en los años 1980's, en una madrugada algodonosa y fría de mi reencuentro presuroso y clandestino con Ivan.  En esa estación, mis ojos escrutadores asomaban entre el gorro de piel que cubría hasta la mitad de mi frente y las altas solapas del abrigo. Ansiosas mis pupilas se movían nerviosas en todas  direcciones con la esperanza de que Ivan apareciera lo más pronto posible, antes que la milicia me cayera y detuviese al preguntar por mi confiscado pasaporte.

   En ese breve instante quedè levitando entre la estación vaporosa del tren de la ciudad de Tula y la estación del tren en aquella madrugada en Berkeley, impávido contemplando aquel fantasma embozado en su sucia sábana, insomne, herido de frío y de hambre, atrapado en aquella estación de su miserable vida.  El flash de mi cámara al fotografiarle hizo reaccionar al  fantasma quien somnoliento descubrió su rostro ante mi impertinencia, dejándome atónito al comprobar que tras aquellos harapos asomaba mi mismo rostro!, era yo mismo en aquella  estación del tren de la ciudad de Tula de los años ochentas.

    Para bièn o para mal, mis exploraciones nocturnas de esos años de becario en Moscú, me habían abierto el ropero de los trapos sucios de la Rusia comunista; de esas verdades sobre los crímenes, sobre las ejecuciones y los gulags que a mis oídos habían llegado sólo como murmullos peligrosos olorosos a vodka y a cebolla en las tabernas moscovitas, levitando entre nubes de humo de cigarrillos; murmullos que fluían al calor del vodka del casual  contertulio ruso que efusivo y curioso preguntaba - atkuda ti priejali?,  y al contestarles que yo era de Nicaragua ellos eufóricamente gritaban - brat, brat! -equivalente a hermano- y al instante sacaban la botella de vodka, zampándome un vaso completo del caliente elixir etílico que quemaba mi garganta y elevaba mi espíritu a esas dimensiones y alturas muy lejos de la rutinaria vida de estudiante.  En esa tabernas moscovitas el vodka me elevaba a esas alturas a las que no llegaba cuando niño en los aburridos rezos con la abuela en sacras iglesias. No tenía otra opción!, había que tomarse aquel vaso de elixir! - da kansá!, - hasta el final!. Ahí me quedaba aquel elixir palpitándome en las venas, luego había que morder una cebolla y olfatear un pedazo de pan negro o clavarle los incisivos a un pescado seco y, al rato quedaba levitando en esa lejana Nicaragua de mi niñez, en esa Managua torturada de terremotos, de guerras y dictadores. Entonces se me inundaban los ojos de recuerdos húmedos, tan lejanos en el tiempo y en el espacio.  Para no terminar vencido por el vodka, despuès de muchas levitaciones en tabernas, optè ante la pregunta de que país venía, por  contestar de que era de cualquier país menos de Nicaragua.

   Esos secretos peligrosos del estalinismo tambièn los escuchaba entre sábanas olorosas a sexo, en mis noches de encuentros fortuitos por los alrededores del teatro Bolshoi en Moscú.  Las vendas del momificado disfraz de revolucionario habían comenzado a soltarse, tambièn los hèroes de volátiles revoluciones, cayeron hechos añicos de sus nichos.

     Al transcurrir el tiempo aventurè más mi intrèpida sexualidad desafiando las leyes rusas e inclusives las de mi religión; por ello un día de la noche a la mañana en Moscú, despuès de mi primer gustazo hormonal me cayó el trancazo, es decir la milicia; así pasè a ser  parte de esa categoría de los disidentes que en otros tiempos, en el período de las purgas sovièticas, eran enviados a trabajos forzados o ejecutados en cualquier rincón oculto erejido por la "revolución gloriosa del bolchevismo", mientras a la familia del ejecutado se le mantenía por años con la esperanza de que un día el ser querido regresaría despuès de cumplir su "rehabilitación".  Pero claro, eran otros los tiempos y, sobre mi no pendía ni la carcel ni la deportación a Siberia a trabajos forzados en el gulag, sino por el carácter de mi "desviación" según los comunistas, propia sólo del mal del capitalismo, posiblemente se me deportaría de Rusia a mi país.

   Los parques de Moscú me brindaron de vez en cuando, el refugio que la tierra me ofrecía como una madre a un hijo pródigo; en esos parques la alfombra de verde grama estaba decorada con hojas amarillas y rojo burgundy del otoño; rojo oscuro como el rojo de la sangre que ardía en mis venas, rojo como la sangre de los disidentes rusos ejecutados en nombre del proletariado, tildados de traidores a la revolución rusa, rojo oscuro como la sangre del escritor ruso Isaak Babel, brotando del orificio de la bala estalinista en su cabeza genial de cuentista, que heredó tantas increibles historias del pueblo cosaco, tan increibles como su triste final despuès de asumir su falsa acusación de contrarrevolucionario, y no permitirle su último deseo de ordenar su diario o textos antes de morir, rojo oscuro burgundy como la sangre derramada en el gulag del poeta Kluiev, amante del poeta Serguei Esenin, quien se suicida desesperado, en el descontento y desengaño de la gran revolución de Lenin, rojo burgundy como el vino mezclado en mis noches moscovitas de locura y decepción, con el rojo oscuro de mi sangre palpitando en mi atribulado ser. Allí pernoctè escondido bajo arbustos en aquella alfombra de verde grama donde Ivan y yo nos calentamos una vez con ese elixir rojo y con la brasa de nuestros cuerpos sabiendo que nuestra separación era inminente.

   En mi desencanto de falsas utopías, en el alambique de mi memoria se habían arrugado las páginas leídas del libro "Que hacer de Lenin", y lo mandè a comer mierda tambièn, junto con todo sus acólitos.

   En mis cavilaciones afloraban las tormentosas e inquietantes dudas ¿era posible que todo lo yo que había llegado a saber ahora sobre las víctimas del estalinismo, de los millones de rusos que habían sido parte de la revolución rusa y, que a pesar de ello luego fueron ejecutados como disidentes, era tan sólo propaganda antisoviètica?.  Era posible que el comunismo al igual que el zarismo, enviara a morir  a trabajos forzados a la Siberia a tanto ruso desafecto al gobierno comunista?, ¿era posible que todos aquellos murmullos que anunciaba la perestroika en contra de la anquilosada "gloriosa revolución de octubre", fuera sólo pura propaganda anticomunista?. Por què de esto no se hablaba nada en la Nicaragua sandinista de los años 1980's?.  La feroz represión y censura misma de los soviets sobre el pueblo ruso, había creado esa imagen utópica del sistema comunista, que la propaganda promovía en el exterior.  Los líderes de nuevas revoluciones en otros países, despuès de la revolución rusa, tenían que vender tambièn esa imagen e implementar similares estrategias de represión para perpetuarse en el poder.  El poder, seduce, atrapa, hace cómplices pragmáticos, cínicos participantes del bacanal orgiástico.  En la orgía todo se vale, posees y sos poseído, la víctima y luego victimario es perfecto candidato sadomasoquista; la orgía del poder es adictiva y sin cura. Un nuevo  Poder desplaza al anterior con promesas insuperables; promesas que terminan siendo sólo eso: promesas, repitiendo así la misma historia con otros orgiásticos acólitos que escondieron sus garras mientras luchaban contra el anterior Poder.

  El regreso de Moscú a Nicaragua en 1985, contestó todas mis dudas. Al regresar a Nicaragua  el poder sandinista daba indicios de resquebrajarse, quedándole cinco años de vida.  En los mismos años en que el règimen soviètico empezaba a desplomarse con la Perestroika, yo cual abortado producto de la revolución rusa y nicaragüense, pululaba en las barriadas de Managua que ribeteaban como tumores malignos, tanto las residencias palacetes de los nuevos autócratas sandinistas de turno como las de sus nuevos socios: la vieja burguesía; los líderes sandinistas ya sólo eran jerarcas engordados con el mismo tocino de engorde de sus viejos enemigos burgueses.  Hoy mi roja y oscura sangre mezclada con el Burgundy se agolpa y palpita de nuevo en los surcos de mis venas, en las noches de nostalgia; noches cuando el elixir etílico pone a levitar a mi fantasma insomne, en búsqueda de una utópica pasión, recorriendo estaciónes de trenes en remotos pueblitos aledaños a Moscú.

Otto Aguilar
Berkeley  - 8/18/2012



Thursday, March 29, 2012

Crónicas de un remoto lugar en el cosmos.


"Los dioses habían condenado a Sísifo a empujar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña, desde donde la piedra volvería a caer por su propio peso".
Albert Camus


  En la primera dècada del s XXI de aquel planeta llamado tierra, la pugna entre sus habitantes llamados humanos, que por largo tiempo sostenían entre ellos, llegó a ser insoportable. Las injustas relaciones de trabajo que los poderosos llamaban empleo, imponían a la rutina diaria, un truculento equilibrio de algo asi nombrado como: la oferta y la demanda de un combustible conocido como petróleo; el alza y baja arbitrariamente del valor de este producto del planeta imponía la fluidez o inercia de ese moderno sistema de esclavismo. A capricho de los dueños de ese oro negro, se provocaban las crisis económicas que redundaban siempre en más ganancias para esos dueños del planeta. El viejo sistema económico se basaba en la explotación de esa sangre negra del planeta, que por millones de años corría en sus arterias y que los más ávaro, rapaces y pragmáticos extraían de esas recónditas entrañas. Combustible que había puesto en marcha el inicio de tiempos modernos, (según los habitantes de dicho planeta), haciendo ricos y amos a unos, y pobres y esclavos a otros.
Ese esclavismo imponía a los más desposeídos, o sea la mayoria, pagar por vivir en el mismo planeta donde habían nacido, pagar por respirar, pagar por comer, pagar por vivir y a la vez pagar tambièn al morir y podrirse lentamente, en las catacumbas o pequeños montículos donde los cadáveres eran depositados en el subsuelo, en lugares llamados cementerios; contribuyendo así con sus despojos, al abono de ese oro negro a los hijos de los hijos, de los hijos de los dueños por generaciones y generaciones del codiciado fluído. Esto era lo normal, esto era lo acostumbrado. Los intentos de querer cambiar ese orden impuesto, terminaban siempre en una mortandad de esos habitantes y siempre en lo mismo, favoreciendo y erigiendo a nuevos dueños que despuès de un tiempo terminaban parecièndose a los anteriores.

Las dos desvatadoras guerras mundiales del s. XX en la historia de dicho planeta, terminaron en repartición de botines geo-politicos; por supuesto todo previamente calculado, tanto en la venta de armamentos a ambas potencias o paises contricantes, como lo hicieron en otra època, la familia Rothchilds, sacando provecho de aquella guerra que un tal Napoleón había lanzado olimpicamente en su carrera de emperador en aquella Europa anquilosada. Y así consecutivamente los poderosos de ese planeta en el s. XX, herederos desde èpocas antíquisimas de otros poderosos, fueron convirtiendo paises en colonias de esclavos modernos sin grilletes, pero encadenados a las máquinas de trabajo como una pieza más de ellas. Los paises que pasaban a engrosar la lista de paises miserables, los llamaron paises del tercer mundo, al servicio de los más ricos llamados, paises del primer mundo; esto originaba una constante migración de los más desdichados tercermundistas a esos paises ricos, pululando la mayoria de las veces, en dichos paises, como extraterrestres en su propio planeta.

Las èlites del primer mundo, por orden divina según ellos, descendían de
castas privilegiadas, que se casaban entre las mismas familias o entre los mismos hijos de los monarcas de los otros imperios, para mantener el control sobre la plebe hambrienta, que pagaba siempre altos impuestos a esas coronas, hoy exhibidas en museos; coronas que destilan sangre, del color de los rubíes que ostentan. Esos habitantes poderosos, entrenados en el arte de usurpar y enriquecerse a costa de los más desvalidos del planeta, impusieron ese fèrreo poder desde aquellos viejos imperios, colonizando y saqueando las riquezas naturales de los paises dominados. Estos últimos siguen aún debatièndose en la angustia existencial del ser o no ser.

Esa profunda crisis de inicios del s XXI, fue el inicio del cambio a una era insospechada para la población desposeida; la cual estaba harta en su impotencia, despuès de fallidos intentos de revoluciones sangrientas, que tambièn habían creado al final otra nueva èlite que les esclalvizaría igualmente. Los desposeídos, incrèdulos de líderes o hèroes salvadores, se refugiaban muchas veces en iglesias y cultos nuevos que proliferaban tambièn a la caza de incautos y desesperados; víctimas como aquellos que en otras èpocas, pagaban bulas papales para asegurarse la ansiada paz, en algún pequeño rincón del cielo eterno. En ese incio de s. XXI, la crisis se extendió por todos los rincones del planeta, igual que lo había sido para todos esos paises miserables que siempre habían puesto la mayor cantidad de cadáveres, para el abono del oro negro, que fluía en las profundas arterias del planeta. La experiencia que el pasado sangriento de ese siglo les había dejado, refutaba sus nuevos fanatismos políticos y religiosos atizados por lideres mesiánicos. Este era un patrón de conducta repetido constantemente en un enfermizo retorno.

 Tambièn esos habitantes dotados en ese período de su evolución, de un escaso cinco porciento de su capacidad cognitiva, insistían testarudamente, en la creencia de que ellos como habitantes de ese planeta, eran los únicos que no sólo, habitaban ese planeta!, sino yendo mas allá en su prepotente ceguera y vanidad, ser las únicas criaturas pensantes que el creador, al cual oraban y pedían de todo, había podido crear en el infinito cosmos!. Tal ingenuidad que rayaba en la estupidez, era el producto de miles de años de manipulación, muy bien orquestada por los poderosos, que si sabían de la existencia de esos otros mundos y de sus habitantes, de esos llamados dioses que constantemente figuraban con otros nombre, en un mítico y popular abultado libro, muy pintoresco por cierto!. Esos dioses que figuran como origen de muchas religiones, tales como los bimanas voladores de la India milenaria, de hecho eran habitantes provenientes de lo más lejano de ese cielo, donde siempre, a los habitantes de ese planeta se les hizo creer, habitaba ese dios y su corte celestial de ángeles; ese dios de la religión de ese planeta, que tantos sacrificios humanos en todas las variantes inimaginables perpetraron sus sacerdotes. Esos seres tenidos como dioses, eran más antiquísimos que los que habitaban esa tumba viviente de sangre negra y explosiva. Seres antiquisimamente modernos en el devenir de la historia del cosmos, y en el ir y venir incluso a ese planeta de Sísifo, llamado tierra, donde el futuro, como inmensa piedra llevada hasta la cima, siempre volvia a rodar una y otra vez cuesta abajo, en su eterno e inefable retorno al pasado.

Saturday, March 24, 2012

La cuerda floja-rosario púrpura en tres actos.

NO SOLO DE PAN VIVE EL HOMBRE.

Es el s. XXI, un siglo sin tiempo, amnèsico, híbrido, un palimsesto de mentiras traspuestas una sobre otra hasta el cansancio, mentiras que pujan por mantenerse irrefutables. La torre de Babel desboronada una y otra vez, hoy es virtuosamente desenmascarada, y el que tenga ojos que vea y el que tenga oidos que escuche, y el que tenga sesos que saque sus conclusiones. Pura mentira nuestro origen y pura mentira nuestro destino entretejido de mitos que dieron origen a religiones, y de miserias que amamantaron dictadores. Buen negocio nos resultó ese mito llamado Jesús!, balbuceó el papa Leon X, en un opiparo banquete entre príncipes, atragantándose de "bocatto di cardinal"; igualmente buèn negocio resultó Marx y Lenin para los mesías sovièticos, chinos, vietnamitas, coreanos, cubanos, nicaraguenses, etc, etc.

Y como si nada ha pasado en esta sarta de siglos de reformas y contrareformas, dizque religiosas y laicas, en un borrón y cuenta nueva muchos en su amnesia y otros en su ignorancia, pretenden sentirse protegidos en alma y cuerpo, mistificando a histriónicos nuevos mesías del siglo XXI; mistificándolos así sea tanto en sus miserias  como en sus riquezas, y que se haga la voluntad de ellos!.

 Dios tiene buen peculio a travès de sus representantes en la tierra, quienes han apostado siempre al mejor postor de turno y en los mejores bancos, aunque ante sus ovejas condenen desde el púlpito la riqueza y el lujo; por ello mismo, que tiene de malo que los nuevos mesías de los pueblos tercermundistas tengan buen crèdito bancario, aunque abominen ante sus fanáticos del lujo y la riqueza de sus pares de la otra acera capitalista odiada por ellos?

En el lejano oriente una mujer acusada de adulterio es condenada a morir por apedramiento, su madre infructuosamente, hincada implora por ella a aquel mesías sordo que una vez salvó a la adultera; otra es ejecutada por degollamiento, acusada de brujerías. En Irán son ahorcados dos jóvenes homosexuales por haberse osado a practicar tan peligroso amor, mientras su presidente se reune con otros lidres en el Alba de un siglo del trasnochado socialismo cristiano, que erige nuevos nichos en rotondas para vírgenes que habrán de amanecer llorando sangre. En ese interín el fantasma de las revoluciones recorre el Oriente como ya lo ha hecho en Latinoamèrica, derribando de sus pedestales a vetustos mesías que orinan y cagan en inodoros de oro, para colocar a otros nuevos mesías miones y cagones en los mismos nichos-inodoros como parte del juego de un vil eterno retorno.

Los ayatolas alaban a Alá en una guerra santa, mientras el agonizante y camaleónico imperio gringo prepara como ofrendas de turno para ese dios de la guerra, a miles de jóvenes gringos o inmigrantes de cualquier latitud como carne de cañón; algunos de esos  imigrantes, escapando de la miseria de paises del  tercer mundo y de sus fracasadas revoluciones, buscaban su sueño americano, muchos de ellos lograron el sueño eterno, en tierras extrañas y lejanas.

El papa tembloroso Juan Pablo II no descansa en paz!, porque el Dante lo zampó de cabeza, y pataleando en un hoyo de los anillos de su infierno. Ese papa, cuya sotana escondió a tanto pederasta desde que la santa madre iglesia es la puta de Babilonia (y de eso mi hijo no hablaremos en mi visita papal, amèn!), viajó a Cuba, donde fuè recibido por un socialismo fracasado, según èl. Volando por los cielos en su avión papal (ya que lo divino no es para tanto!), este papa viajó con guardaespaldas (para protegerse de tanto amor!) y una corte de periodistas de a $ 5,000 por asiento, a Mèxico, cuyo gasto de recibimiento ya no se diga!,( costeado por ese pueblo creyente y hambriento), hubiera alimentado por muchos meses a ese su rebaño de ovejas; pero claro, no sólo de pan vive el hombre!, sino de toda palabra que sale de la boca de...cualquier mesías  de imperios, así como de cualquier mesía de fracasados socialismos, o como de la agónica y pedófila religión católica.

(Texto e imagen de Otto Aguilar)
Berkeley 3/24/2012