Friday, January 27, 2012

El corredor de las almas.

"...las tinieblas son lienzos donde viven,
saltando de mis ojos a millares, seres
desaparecidos de miradas familiares..."

Baudelaire
 
Hay momentos que de súbito te sacude el arcano de la existencia, invadièndote un marasmo extasiado de ficción palpable, así como palpas la piel que te contiene y apresa. Son fugaces instantes, como habitando sueños, sueños que rebasan más allá de quien les sueñan; sueños donde asombrado, infructuosamente le pides a unos de sus sonámbulos habitantes, te pellizque como prueba táctil e irrefutable de que no habitas en tu sueño, o en sus sueños. En ese sueño hay rostros conocidos, que aguardan en vigilia por tu regreso cada noche, despuès de que escapas de lo que crees es tu tu vida, cual trastabillante marioneta paraplèjica.

  Persistente el gusano del tiempo, hace mucho que ha oradado en ese laberinto de recovecos, donde en tu niñez asustado del mundo te escondías. De esos antiguos corredores de casas de abuelos, hoy sólo quedan aposentos desolados con olor a moho, con secretos murmurantes y sollozos callados. Y en las despintadas paredes de esos abandonados aposentos, tambièn contemplas nostálgico, los garabatos y dibujos de minimalistas casas, árboles y soles de tu titubeante e incipiente inicio de niño artista, que la abuela promovía con halagos y mimos.

  En ese tu vetusto laberinto, un intermitente chisporroteo de luces de bengala estallan en la noche oscura del recuerdo, anunciando tu regreso; asombrado inicias tu eterno pulular, donde extrañado vas reconociendo los rostros de quienes llegan a tu reencuentro - rostros de seres desaparecidos de miradas familiares!, te murmura al oído, una alucinada voz con acento francès de escritor maldito; pero a tí como siempre!, por un oído te entraba y por otro te salía, así como ahora a tu oído en sordina, le llegaban aún los gemidos en ecos de tu despedida de más allá, mientras aquí por el otro oído te salía ese eco metamorfoseado en grito de niño recien parido.

  Perplejo te preguntas si es a tí a quien le dan ese recibimiento, o si eres tú el mismo que pulula en el laberinto de otro, que quizá todavía habita el mundo de trastabillantes marionetas de carne. Inquiriendo a esos seres desaparecidos de miradas familiares, las perennes preguntas sin respuestas, suscitan en tí sólo silencios, sólo evanescencias, sólo efluvios de lejanos mundos extinguièndose con el crepúsculo.

  Y avanzas a tientas en el corredor oscuro del laberinto, a veces tropiezas con bultos que al inclinarte y palparlos, un escalofrío recorre tu piel cuando constatas que son cadáveres o quizá trajes abandonados de almas, que se desnudaron ahí mismo amparadas en la oscuridad de ese corredor; saltas sobre ellos y sigues expectante del encuentro fortuito. En efecto, no pasó mucho tiempo para que apareciera el primero: desdibujándose intermitentemente cual figura rembranesca, hierática emerge del tramado de intensa tinta negra, el rostro de aquel divino cartujo de foto muy siglo XIX en su retiro espiritual de Mallorca. Te le acercas cauteloso y atrevidamente despuès de saludarle, le preguntas si ya sus miedos a la oscuridad no le atormentaban, su mirada torva no se extraña de tu atuendo de època desconocida, y despuès de una pausa haciendo caso omiso de tu impertinencia, empieza lentamente a caminar sin dirigirte la palabra, pasando a tu lado como si no existieses va recitando con vos aguardientosa:

" Silencio de la noche, doloroso silencio
nocturno... Por què el alma tiembla de tal manera?
Oigo el zumbido de mi sangre;
dentro de mi craneo pasa una suave tormenta.
Insomnio! No podrè dormir, y, sin embargo,
soñar. Ser la auto-pieza
de disección espiritual, el auto-Hamlet!
Diluir mi tristeza
en vino de noche
en el maravilloso cristal de las tinieblas...
Y me digo: a que hora vendrá el alba?
Se ha cerrado una puerta...
ha pasado un transeúnte
Ha dado el reloj trece horas... Si será ella!... (1)

 
  Y su voz igual que su cartuja imagen se fuè desvaneciendo, hasta perderse en la trama de la tinta oscura de la eterna noche del corredor; a lo lejos logras escuchar que una puerta se cerró, y de nuevo reinó el silencio que te empujó a seguir avanzando sin saber de donde venías ni adonde ibas.
De pronto te detienes sobresaltado por unos gritos, te acercas más al punto donde crees se originaron, y de nuevo retumbó en tus oídos cual rocambolesco eco, aquellas sentencias fatales:

"Todo lo que es, ya ha sido infinitas veces y se repetirá otras infinitas veces más!" (2)
  La voz se escuchaba cada vez más cerca y seguiste escudriñando en medio de aquel oscuro corredor, de nuevo tronó la voz como argumentándole a alguièn más:

"Todo pasa, todo vuelve; la rueda del ser eternamente gira. Todo muere, todo vuelve a florecer: el año del ser fluye, por la eternidad... A cada instante comienza el ser: alrededor de cada aquí, el círculo gira allí. El centro está en todas partes. El sendero de la eternidad es turtuoso. (2)
 
  Unos escasos destellos de luz a travès de unos barrotes de ventana, llamaron tu atención, allí contemplaste a duras penas, a dos siluetas recortadas temblorosamente por la luz de un candil. Las dos siluetas como almas en pena o poseídas de arrebatos místicos, divagaban catatonicamente, repitiendo hasta el cansancio elucubradas tèsis filosóficas.

  Despuès de escucharle, la otra silueta le espetó:

" Yo no. Yo sè que todo es inefable rito
en el que oficia un coro de arcángeles en vuelo,
y que la eternidad vive en sagrado celo,
en el que engendra el hombre y pare lo infinito...

Yo soy el mercader de una divina feria
en que el infinito es círculo sin centro
y el número la forma de lo que es materia (3)

 
  Y repetía, con gestos colèricos de apartar con las manos demonios, que revoloteaban alrededor de su algodonosa testa, e insistía:

- Yo no. Yo sè que todo es inefable rito... inefable rito... inefable rito...
Haciendo una brusca pausa, se apartó de su silueta interlocutora y avanzó haciendo sonar unas cadenas que arrastraba con sus pasos, hasta perderse en el fondo de la oscura celda; y le escuchaste nostálgico decir:

- Tiempo, donde estamos tú y yo, yo que vivo en tí y tú que no existes? (4)
 
  Al reconocer a aquellos seres trágicos en sus eterno repetirse, sus palabras se clavaron en tu mente y al compás de ellas continuaste sin saber adonde. No experimentabas cansancio, pero sí la sensación que aquel corredor no tenía fin, pasabas por ventanas o puertas semi alumbradas por candiles y a lo lejos divisabas más siluetas juntas o separadas, algunas se percataban de tí y se quedaban contemplándote impertèrritas.

  En tu periplo sin fín a travès de aquel corredor, efluvios de tu pasado y tu presente fluían juntos en una surte de deja vu; tu futuro coqueteando con tu pasado que pretendía ser tu presente, de súbito el arcano comprendiste en las palabras del poeta cartujo y de aquellas siluetas temblorosamente recortadas en la penumbra por un candil.


Notas:

1- Nocturno - Rubèn Darío
2- Así habló Zaratustra - Nietzsche
3- Yo - Alfonso Cortès
4- La canción del espacio - Alfonso Cortès

(Texto y foto de Otto Aguilar - Berkeley, enero 2012)

Saturday, October 29, 2011

CAVAFIS EN ATENAS. 1932 - Luis Antonio de Villena


Es una foto. Triste, si son tristes las fotos…

Sin los lentes, un hombre mayor mira con vaga tristeza.

No parece lustrosa la chaqueta ni la bufanda cualquiera

entorno al cuello. Todo es viejo y gastado,

como la foto misma. Probablemente el viejo

o avejentado señor sabe que va a morir, que está

tocado, y clama: ¡Ah de la vida! ¿Nadie me responde?

La esencia del pasado está en la pulcritud del silencio.

Y él es ya sólo pasado, irreal materia que está en cada

uno, en ninguno y en todos.Palpa el aire ático

y la mano de piel olivácea está vacía…

¡Polvo de Píndaro y Cirene, polvo de los Lágidas o Alejandro!

Sólo está pensando: volveré a casa. Diré a Dimitri

que traiga a sus amigos algunas noches

y veré (agradecido, llorando sin ser visto) esa misma

belleza esplendente que me consumió y adoro. La festejaré

callado. Un óbolo o treinta piastras. No diré: No queda

nada. Después no somos nada. Huimos como el polvo

de las arenas libias. Todo florece para un dios desconocido.

Soy nada, fui nada y nada seré. Todo y nada para nadie.

Sí, ¿para qué habré venido? He repetido esa pregunta…

Me consuela la belleza de Calímaco y de Míisco.

Me consuelan los muchachos de los antros de estío.

Me consolaron el deseo y la luz. Pero ahora sólo

hay polvo del desierto. Somos nada y nada queda…

Desolado, se alza ante mi la Santa Sabiduría

y los mosaicos y el oro que soñé de niño…

Galileos o sin galileos ¿cuál fue nuestra culpa,

ofendidos, manchados, execrados del Tiempo?


 

Madrid, 28-Octubre-2011.
Poema de Luis Antonio de Villena
Foto tomada de : CAVAFI A Biography by Robert Liddell

Thursday, September 1, 2011

Antes y ahora.


“ … el eterno reloj de arena de la existencia,
será vuelto de nuevo y con èl tú, polvo del polvo…”
“… el río siempre refluye sobre sí mismo, y
os embarcáis en el mismo río, vosotros, que
tambièn sois los mismos…”
Federico Nietzsche

   “Antes y ahora“, una paradoja que nos reta a sacar conclusiones dialècticas, excluyentes?, como síntesis de evoluciones o involuciones ?. Cada crisis social amerita su solución en el juego de las contradicciones. Lo injusto provocará su contraparte y en esa lucha de contrarios, uno de los dos al final prevalecerá, cual?., lo justo?… “Antes y ahora“, parece ser el lema de una lógica evolución en cualquier desarrollo social, una supuesta superación a algo mejor o superior?, … no siempre?, claro depende del curso que tomó la solución de ese mal pensará alguno… o depende desde el ángulo o de la cúspide desde donde se contemple. Siempre habrá una visión microscópica y otra macroscópica, depende desde donde veamos el problema o las paradojas.

   Considerando que el tiempo es una ilusión… tan real que en mis más de medio siglo de vivir girando junto con el planeta y al ritmo de sus caóticos acontecimientos, concluiríamos que me han hecho ser una persona más optimista de lo que fuí antes, en mi aventurera y romántica juventud?, ilusorio verdad?… quizás acertado sería decir: ni optimista ni pesimista, entonces què?… y que opinaría mi supuesto hermano gemelo (el cual parecería fisicamente quizás 20 años más joven que yo), al regresar ahora al planeta, quizás unos treinta o más años despuès de gravitar en algún lugar del infinito espacio, y desde su punto ahistórico flotando en alguna nave haber contemplado sin inmutarse, los acontecimientos que yo su hermano gemelo viví en mi convulsionado país, y en nuestro peripatètico planeta?… en su mente cabría la idea de optimismo o pesimismo en cuanto a un futuro?, o simplemente en cuanto a la historia apreciada desde lejos, como tal?… claro para ello, asumir el ser optimista o pesimista tendria que ser el resultado de haberse involucrado ( o quizás sólo pasivamente) en un proceso, en algún acontecimiento de los que han convulsionado nuestro planeta?. Quizás èl sería como el extranjero que llega por primera vez a una ciudad cuyo promisorio pasado comunista ya muerto, parecía imperecedero, inmutable. El como turista comodamente contemplaria tanto la estatua de Lenin, eregida inmediatamente despuès del fallecimiento del “indiscutible” lider, que desde su pedestal señala a la ciudad un futuro esplendoroso, (depositado en las manos del fèrreo estalinismo ), y caminando unas cuantos metros en el otro extremo en los alrededores de dicho monumento leninista, este mismo turista, se topará con otro monumento, el de la zarina Ekaterina II, amante de la artes y tambièn de los mozos sexualmente bien “dotados“. Quizás nuestro turista haya leido un poco de la historia del pueblo ruso y su lucha contra el zarismo, quizás sepa de algunas interpretaciones tanto anticomunistas como procomunistas de la historia soviètica y apartir de allí haya sacado la suya. Pero en ese mismo espacio que el recorre, “ahora” sus pasos de turista pisarán las huellas de “antes”, tanto de los soldados bolcheviques en la lucha contra el zarismo, así como las huellas de desterrados excomunistas o de algún disidente ruso perseguido por el estalinismo.

   "Ahora" un joven en Nicaragua, como el que yo fui hace más de 25 años, concluiría que en la lucha política que los jóvenes actualmente llevan contra lo que consideran injusto en el gobierno que les desgobierna, hay que protestar luchando a pesar de las represiones… y claro no cabe al respecto la menor duda!, no cabe más que luchar para buscar la solución de esta injusticia, y esta paradoja trae consigo su solución, quizás… quizás como yo creí en mi romántica juventud. Pero esa injusticia social no es ni la primera ni será la última en la triste historia de la política criolla nicaraguense, la cual claro, para alguien que la haya vivido y la haya recorrido sin ojos de turista, no tendrá del todo una visión optimista de la lucha en la solución de la crisis, lo que no significa no estar de acuerdo en lo justo y necesario de tal lucha.

   A sabiendas que el “ahora” que creemos, comienza plagado de promesas, lleva en su vientre el “antes” contra el cual luchamos, el “Antes y el ahora” siempre será nuestra referencia, nuestra tabla de valores entre los cuales fluctuaremos, a la hora de las soluciones de tantas paradojas!, de tantas contradicciones en nuestro caótico e irreconciliable mundo!… sabiendo que siempre seremos inevitablemente el polvo del polvo en el reloj de arena de Nietzsche dando vueltas eternamente.

Otto Aguilar- 1/sept/-2011

Friday, July 1, 2011

Carta a Daniel.

Daniel, hoy primero de Julio cumples 25 años que nos nos vemos!, que no conversamos, ya ni siquiera nos escribimos. Siempre para estas fechas releo tu carta que recibí en Moscú desde Managua, aquel septiembre de 1984, en la cual escribías:

“ Querido hermano, despuès que ya han transcurrido meses desde que te marchaste a la tierra de Lenin, aquí te recordamos siempre…  aquí negrito, todos te queremos. Fijate que que se conmovió bastante Eduardo cuando nosostros te dejamos la maleta al lugar donde te reconcentraban y que pronto partirías para allá, lo mismo Jorge mi madre y yo. En la U.M. me llegaron a dejar por parte del batallón 5010, un certificado que dice asi:

Ejercito Popular Sandinista
Batallon 5010 - Hèroes y mártires de Nueva Guinea
Se reconoce la participación del cro Otto Aguilar Rojas
por su labor vanguardista en la lucha contras las bandas contrarrevolucionarias.

… te felicito mi gran hermano por todo eso…”

No sabes Daniel, cuanto me gustaría hablar con vos!, pues esa única carta tuya que guardo desde hace 25 años, me deja con mucha curiosidad de saber como estás ahora, como piensas, que ha cambiado en tí desde entonces el caprichoso destino del cual somos simples marionetas paraplèjicas colgadas de esos hilos que nos jalan en impredecibles derroteros. Te acuerdas, cuando estando yo en mina Rosita con la cruzada de alfabetización y lleguè hasta la base militar Luis Delgadillo de puerto Cabezas, donde te encontrabas asignado?.   Esa noche conversamos tanto!, eran los inicios de una utopía de la cual los dos èramos cómplices, junto con toda la familia, una utopía que nos envolvía como nuevas verdes epidermis, una autopía envolvièndonos y poniendonos a levitar como el humo de tu cigarrillo, que intermitente ponía pausas a aquel íntimo intercambio de experiencias y consejos. Los dos caminábamos sobre la misma cuerda floja y tensa de aquellos álgidos años de Guerra de los 80’s. Tu cigarrillo ponía pausa a la perorata de los dos, había tanto de que hablar!, habia tanto entusiasmo y tanta incertidumbre en nuestra vidas entonces!. De esa conversación recuerdo que tu insistías en que tu timidez te hacía pasar dificiles momentos, cuando tenías que mostrar un carácter enèrgico como jefe en la unidad asignada, y yo conocièndote como eras, igual a mí de tímido, te aconsejaba que recordaras los momentos dificiles que pasamos juntos en la guerra de insurrección allá en las calles de nuestro barrio de las Americas y que a pesar de ello estábamos allí todavía vivos. Te decía que si habíamos pasado lo peor, que era enfrentarnos casi sin armas a la guardia, entonces podíamos ahora enfrentar esos momentos y otros más como retos que nuestros destinos nos habían impuesto. Yo ingenuo esto pensaba, pensaba que lo peor había pasado, pues como intuir todo lo peor que nos deparaba los años por venir?.

Pero el destino ahora de nuevo nos ha lanzado a cada uno por diferentes mundos, y ahora ya perdimos todo contacto, donde estarás mi hermano?, te he buscado, algunas personas me han dicho que te han visto en Nicaragua, pero nadie me da ninguna pista de vos. He tratado de buscar a tu última novia, dicen que ella tuvo un hijo tuyo, es cierto?, sería de mucha alegría para todos nosotros en especial para nuestra madre que siempre te recuerda y espera algun día volver a verte. Daniel, como es possible que ya pasaron 25 años? , y no sepamos el uno del otro?

Yo se que somos pasajeros en esta vida, pero es dificil acepartarlo, no?, todo lo va devorando el tiempo inevitablemente. Que fugaz fuè todo esto Daniel!, que fugaces somos los seres humanos!, e ilusos sintièndonos eternos y poderosos, cuando ostentamos irrisorios y futiles cargos o posiciones de poder imponièndonos sobre los demás!. Nos olvidamos de lo pasajero de cualquier poder, de cualquier riqueza, de lo fugaz de la existencia. Nos falta recordar, que cada uno de nosostros sólo somos un microsegundo, en el tiempo transcurrido desde el primer humano haciendo historia en nuestro planeta.

Cuantas cosas nos pasaron a vos y a mí, en todo este tiempo, en un cuarto de siglo?. En esos 25 años la revolución nicaraguense se murió. Tambièn el fèrreo y cruel socialismo ruso sucumbió, a escasos cuatro años de mi salida de Moscú; y con ese desplome se vinieron abajo muchos muros que dividían muchos pueblos, muchos seres queridos, como el muro de Berlín. Hoy podemos acceder a la desclasificación de la información de los crímenes cometidos por esas utopias. Todavía me resulta pasmoso el haber estado en esa tierra rusa y en esos días haber sido ignorante de todos esas víctimas del stalinismo. Sólo al haber caido yo tambièn al nivel del poscrito, del lacra para cualquier oficialismo, me dí cuenta de la falsedad de todo aquel idilio tanto en Rusia como en nuestro sufrido país. Pero haber abierto los ojos allá, me permitió tambièn abrir los ojos para lo se llevaba a cabo en mi propio país, a ese engaño, a ese fingimiento de ideales que quedaron enterrados y podridos con los hèroes de antaño. Yo se que en este punto nosostros discrepamos y hasta llegamos a los golpes, te acuerdas?, cuando nuestras conversaciones con el correr de los dificiles años 80s, se alejaron de aquella conversación que hermanablemente sostuvimos en Puerto Cabezas.

Hoy, acumulados los años, veo y repaso una y otra ves, viejas fotos que congelaron esos momentos de nuestra fugaz existencia, de años de inocencia, de timidos rostros, de juveniles ímpetus y ánsias de aventuras, lanzándonos a explorar y vivir el impredecible mundo, aún que con ello peligrara nuestra vida misma, en los precisos años en que comenzábamos a vivir. Releyendo Viejas cartas relamidas por el tiempo, hojas de mis diarios y del tuyo que abandonaste conmigo, logro recordar momentos vividos que a veces me parecían que eran producto de mi imaginación, y me sumerjo en esos días preguntándome, como se fueron?, como es que estoy todavía aquí habiendo vivido todo eso?, por que no sucumbí como tantos?.

Te confieso que a veces me sentía culpable de ser sobreviviente de esas difíciles pruebas, de los riesgos de mi aventurera e idealística juventud, pues ya ves cuantos jóvenes sucumbieron. Ellos se merecían más que yo, ellos deberían de estar hoy recordando como lo hago yo ahora, todos esos años de apasionada juventud, estar a la par de sus nietos y hablarles de aquellos tiempos que ahora parecen míticos o puro cuento de borracho. Ellos más que nadie se merecían apesar de los desengaños, gozar del placer de hollar con sus cansados pies de viejos, este bello planeta y respirar el olor del salitre en una costa lejana, de cualquier país, quizás lejos del que les vió nacer.

 Pero la vida impredecible que nos llevó  por derroteros insospechables, está aquí sin más remedio que vivirla, sabiendo que otros que estuvieron a nuestro lado no nos acompañan más en este incansable y peripatètico girar del mundo. Nuestra fugaz existencia es devorada por microsegundos, quizás esos seres imperturbable y devorados ya por el tiempo, a nuestro lado deambulan, en esa otra dimensión paralela, en la cual un día tambièn nosotros imperturbables devorados por el tiempo, les acompañaremos. Quienes te acompañan ahora Daniel, allí donde andas?. Donde estès, siempre te recuerdo hermano mío.

Abrazos y besos de nuestra madre y tus hermanos
Otto

Monday, May 9, 2011

Friday, May 6, 2011

CUENTAS NEGRAS DE UN ROSARIO - (Dedicado a Tuti)


  Embozada en su chal negro, la noche se había desgajado sobre la colina, de su pecho, un prendedor de luna-plata se quitó, dejándolo entre las ramas de un árbol de jenízaro entre cuyas raíces me encontraba agazapado. De esa profunda oscurana reaparecieron como la noche anterior, tres lucecitas al otro lado del río, por donde comenzaba la trocha, avanzando hasta perderse entre el caserío .

  La latidera de perros hería el silencio de la noche. Tuti, que posteaba a unos pocos metros de mí, se acercó para susurrarme :
- está chiva esa chochada… y sabès que decía mi abuela?
- que decía tu abuela Tuti?
- puès que los perros ven al diablo en la noche
- no digás pendejadas Tuti, quienes vamos a ver al diablo cuando amanezca seremos nosotros. - Mejor abrí bien los ojos… mirá, ya las luces desaparecieron!.

  En ese momento vinieron a mi memoria las palabras de don Chinto resonando como golpes estentóreos dados dentro de una lata vacía:
- Puej vea amigo, yo le voa contar... vè aquella fila de genízaros, allá por el camino Real, al otro lado del río?...- allá om!, a orillas de caserío, puèj allí mesmito los vi aparecer!, cuando yo ensillaba el caballo para ir a buscar unas pastillas de cuajo a Quilalí... y tantito los víde, que me me les hago como que no, pos me libre diosito de esos desgraciaos!, vella puej amigó!. Eran como treinta rejodidos!...- puej ya le digo, allí mesmito pasaron los chilotes* y a la mañana siguiente estalló la purísima!.*
Una sensación helada me recorrió el espinazo. Chilotes y purísimas se me atragantaron al recordar denuevo a esas horas de la noche, las palabras de don Chinto.

  Eran las horas de la vigilancia nocturna, y entonces igual que todas las noches, ese cielo oscuro, nos tragaba e incitaba a lanzar divagaciones nocturnas, cual fugaces constelaciones, hasta perderlas en el infinito oscuro de la nada. Esas divagaciones eran torturantes nostalgias, por el ser querido que habíamos dejado allá en la lejana ciudad, al cual imaginábamos posiblemente, tambièn contemplando desde la ventana de su dormitorio, a las mismas estrellas y a la misma luna que nosostros contemplábamos en las montañas de Quilalí.

   El frío nos calaba desde los huesos hasta la misma conciencia. Observo el reloj, cuando faltan cinco minutos para las dos de la madrugada. Hora en que, en el diámetro de mi pupila, comenzaban a danzar los fantasmas del aquelarre de las postas, hora en que toda silueta parece cobrar vida. Tras unas matas de plátano, veo sombras movièndose, pienso para calmarme, que es el viento meciendo las hojas. Y es entonces cuando el alma me queda suspendida de un hilo, y el traqueteo en mi mandíbula aumentado por el frio, unido al temblor en mi estómago, eran las señas de aquella terrible lucha entre el deber y el temor.

- Shiiiii, shiiii....

   Sobresaltado, busco apuntando con el fusil el origen de aquel silbido. De un desparpajo de las ramas de un matorral, un pájaro sale volando y le maldigo, por causarme tremendo susto a esas horas!.

   Me entran deseos de orinar y me aproximo a un árbol, saco mi pene y me desahogo, por poquito y me orino en los pantalones!. Termino de orinar, un breve espasmódico movimiento del cuerpo me pone la piel de gallina. Con un sorbo de helado cafè que me quedaba en el pocillo, remojo mi garganta tragando el torazón que me provocaba aquella angustiosa posta.

   Así transcurrían las noches, como cuentas negras de un rosario hilvanadas a los pelos rubios del sol. De ese bendito sol, bendito por las mañanas cuando calentaba nuestros cuerpos de piel verde. Bendito, cuando me invitaba a curiosear la libertad de desnudos soldados, chapoteando en el río Coco cuales jóvenes atenienses de ensortijadas cabelleras y tupidas barbas; de fornidos biceps y fuertes muslos, producto del trajinar en aquellas agrestes montañas segovianas.

   Tuti, uno de los soldados más jóvenes de la tropa, era quien esclavizaba mis ojos a su rostro; procurando bañarme no muy cerca de èl, observaba entre discretas y atrevidas miradas, cada centimetro de aquel joven y enèrgico cuerpo, con el que los dioses del olimpo lo habían soplado divinamente hasta este inmisericorde rincón del mundo.

   Ah!, como disfrutaba al contemplar su grácil y despreocupada juventud. Por su carácter de niño juguetón, le sucedían las cosas más inverosímiles como aquella, cuando despuès de lanzarle un beso a una mucha del pueblo de Quilalí, en el preciso instante en que en el camión descapotado que lo transportaba, pasaba debajo de un alambre tendido de extremo a extremo de la calle, el cual dió con el pobre Tuti al suelo, perdiendo uno de sus dientes delanteros. Esa fuè la causa de la ventanita que quedó en su dentadura, al lanzar ese beso caro que había regalado a la muchacha de Quilalí.

   Aunque yo mostraba mi simpatías hacia èl, dándole a en tender que le apreciaba más allá de la camadería soldadesca, yo trataba de disimular la intensa atracción que el ejercía sobre mí. Había ganado su confianza y esto me hacía feliz.

   Un mes de abril en que nuestro batallón descansaba en la hacienda "La mía", propiedad confiscada a Somoza, Tuti y yo fuimos al pueblo de Jalapa, el cual quedaba no muy largo de donde acampábamos. Al recorrer la calle principal del pueblo, con sus casa de tejas de barro color zapote, que asomaban tímidas tras el camuflage de árboles de mango, matas de plátanos y otras frutas tropicales que inundaban con su aroma en aquel tórrido sol norteño, sentíamos regresar a la civilización; esto debido a que llevábamos cuatro meses internados en las montañas, muriendo y resucitando en cada zangoloteo diario en que reventaba la purisima*.

   Al pasar frente al bar Sandra, los dos decidimos entrar atraidos por la música que escapaba de la estridente roconola. Allí con nuestras raidas, sucias y verdes epidermis, instalados en un par de taburetes, observábamos con cierta envidia el baile sobaqueado de los parroqueanos. Tuti entusiasmado por la música, quiso invitar a bailar a una muchacha, pero una de las meseras le advirtió que desistiera de su intento, por aquello de que andaba con el uniforme militar y podrían pensar que estaba ingiriendo licor. Entoces avergonzado y frustrado se sentó de nuevo dicièndome:
- que vida mas jueputa èsta!, mientras unos nos vergueamos en el monte, otros se la pasan de lo lindo aquí.
- Ni modo Tut!i - ya habrá tiempo para eso despuès- le dije, dándole unas palmadas en la espalda, palmadas que más bien querían ser apasionadas caricias. Y le propuse:
-Oye!, que te parece si nos compramos escondidos una botella de rón plata?
- Ajá- me contesta- y pensás que estos majes nos la van a dejar zampar?
- Bueno, probemos!... con probar no perdemos nada... mirá allá- le dije señalándole el servicio de varones, sugierièndole tal tentador lugar, para tomar clandestinamente la rón plata.

   Y en breve instante estábamos allí con una ron plata en la bolsa del pantalón. El primer trago nos calló como agua bendita!. Y así estuvimos entre la mesa y el servicio de varones y la música que brotaba de la roconola metièndose y salièndosenos hasta por los poros, música que nos ponía a levitar con viejos recuerdos de nuestra despreocupada y lejana vida capitalina. Yo estaba algo mareado, y en una de esas fuimos al servicio juntos, y mientras yo me echaba un trago de rón, èl se dispuso a sacarle agua al "pajarito". Y que pajarito ni que nada!, si estaba dotado el mozo èste, de una hermosa y robusta paloma que sujetaba con su mano izquierda; para que quise más!, la mía se alborotó y quiso salir volando de su jaula. Un cosquilleo me recorría de arriba abajo, las manos me sudaron heladas y la boca se me hizo agua. Todas mis hormonas alborotadas, querían allí mismo desahogar los largos días de celibato forzado. De pronto abren la puerta del servicio, otro parroqueano entra apurado a hacer sus nececidades, dando al traste con mi èxtasis.

   Sin percatarnos, ya la noche de nuevo se había desgajado toda embozada en su chal negro, andando por todo el pueblo. De regreso a nuestra base, una escasa luz de linterna nos va alumbrando el camino; mientras bromeabamos aligerando el paso, no supimos en que momento habían surgido de la oscurana dos hombres que interceptan nuestra marcha, uno de ellos toma bruscamente por el cuello de la camisa a Tuti; llevaban sendas granadas de mano y estaban más ebrios que nosostros, por lo cual sin dejar de apuntarle con el fusil sin el seguro, tratè al inicio de disuadirlos, pero al no obtener repuesta de su parte, como instinto de conservación y no tanto por heroismo, apuntè decidido y les advertí:
- jueputa soltalo o nos vamos todos!
La borrachera se les fue al carajo y entonces desistieron, les dejamos ir , viendo como trastabillaban al caminar, mientras la oscurana de la noche se los tragaba. Tambièn nosotros nos fuimos espantados al carajo.

   A la mañana siguiente, el bendito sol comenzaba a sabijondearnos como de costumbre, y cumpliendo su rutinario destino, había soltado su larga cabellera dorada al viento, cual andrógino coqueto, envolvièndolo todo con sus pelos rubios.

  -Vamos arriba todos!, arriba compas, a formación! - De nuevo suena la orden del día, estentórea, sórdida en nuestros oídos. La misión de partir es dada, el itinerario a seguir: El Mapa, Palo Alto, la Pita, filo de la Yegua, filo de la Loma, etc, etc., lugares harto conocidos por nuestras gastadas botas. Sólo oirlos mencionar nos provocaba sequedad en la boca, y de nuevo en la cabeza aguijoneaba la punzante incertidumbre de salir otra vez vivo de aquellos infiernos segovianos, para contar el cuento. La columna de soldados a lo lejos se fue perdiendo entre los pinos, avanzando alerta y esperando en pausas a veces prolongadas, que el vaqueano y el pelotón de exploración despejaran el camino de posibles emboscadas; todavía aturdido por los acontecimientos de la noche anterior, yo imaginaba lo peor que nos pudo haber pasado a Tuti y a mí, y me sentí culpable por haber arriesgado esa salida nocturna con Tuti. Así seguimos caminando todo el día, hasta que nos cayó la tarde seguida inmediatamente por la noche con su chal negro, obligándonos a acampar en alguna montaña, hasta llegar al punto acordado donde montaríamos la emboscada.

   En las primeras horas del amanecer del día siguiente, aquel inconfundible disparo del fúsil galil accionado por los contras, daba inicio al aquelarre del mortal combate frontal. Reaccionar controlando el nervio, y la ubicación del enemigo como blanco de la bala certera, en aquellos primeros segundos de vida o muerte, era primordial!; algunos por la experiencia misma en múltiples combates, lograban tal control, pero aún así el temor a caer en combate siempre iba clavado en la mente de todos por igual. Otros que eran presa del terror, quedaban inmovilizados en ese instante, pegados a la tierrra o deseando enterrarese en sus pozos de tirador. Todo un vèrtigo fugaz y mortal nos envolvía a todos, en un desfalleciente tornado de balas y morteros. Las balas trazaban su mortal itinerario, en búsqueda de las víctimas como ofrendas del día al dios de la guerra. En algunas ocasiones sentí convertirme en una pieza más del frío fúsil soviètico AKM que cargaba, quizás fuè esa incomprensible reacción, como muchas de las que se suscitan en esos terribles momentos, lo que salvó mi pellejo, como aquella en el filo de la loma, cuando cargando la ametralladora que Daniel había usado en la toma misma de dicha loma, la accionè descargando toda la cinta que me quedaba, cuando parapetado tras unos pinos trataba de detener el avance de la contra que de nuevo trataba de tomarse la loma. Una granada explosiva que detonó cerca de mi, me inmovilizó por breves instantes, hiriendo con un charnel mi hombro derecho, en ese preciso instante un contra que ubicó mi posisión me gritó - hijo de puta de esta no saldrás!- y de nuevo el instinto de conservación se disparó en mi mente, como se dispararon todas las balas que todavía me quedaban en el magazine del fusil que tenía terciado en mi espalda.

   Si Polvasal, uno de los soldados más arrojados de la compañía, no hubiera regreasado a rescatarme de la retirada de la loma, ese hubiera sido mi último día, como lo fueron para el resto de soldados que no tuvieron mejor suerte que la mía.

   Previo a dicho combate, en la toma de ese Filo de la loma en Macaralí, "juventud", como le decíamos a Daniel, había caido abatido de un balazo en la frente cuando subía dicha loma. El era el amatralladorista, a quien días antes de su muerte, cuando nos preparábamos para el asalto del Filo de la loma, yo le había pedido me enseñara el manejo de su ametralladora. Entre las piezas que iba mostrándome, me enseñó la carta que su novia le había mandado de Managua, junto con un pañuelo con rosas rojas impresas y la dedicatoria: Te amo!

   Despuès del combate, el fuego provocado por las balas incendiarias ofrecían un espectáculo infernal. Los pinos eran antorchas de fuego plantadas en la montaña. Era tan desolador contemplar aquello!. Cuando recuperábamos los cadáveres de nuestros compañeros, de entre las cenizas del sacate quemado, yo escondía mis lágrimas tragándomelas y mis dientes se apretaban tanto como queriendo quebralos.

   Luego que la contra fuè desalojada de la loma, despuès de que le cayeran los cohetes de las baterías katiuskas, logramos subir de nuevo para rescatar los cadáveres de Gabriel, de Mauricio, de cascarita, entre otros. Todavía sus ojos estaban abiertos, como inquiriendo al cielo gris. Sus heridas con la piel morada y el cuerpo ya inflamado. El cadáver de "cascarita" estaba irreconocible, pues al quedar herido en la loma, los contras le prendieron fuego, ellos mismos nos lo gritaban esa noche, por la radio desde la loma, junto con improperios como: - piricuacos de mierdaaa! vengan a busca a su compa que se está quemando vivo!- Entonces en un penoso silencio, recogimos sus pesados y rígidos cadáveres, les amarrámos sobre las mulas, y les llevámos hasta a una cima donde luego serían recogidos por los papalotes*, para ser llevados a Managua.

   Despuès de ese golpe asestado por la contra a nuestra tropa, se me asigna con mi pelotón montar una emboscada en un sitio llamado las Pampas, fronterizo con Honduras, donde agazapados entre las tumbas de un viejo cementerio esperaríamos a los "azulitos"*, que usaban como corredor de entrada para internarse al territorio. La espera se hacía desesperadamente larga. En esos tensos momentos contemplaba, desde mi parapeto tras una vieja tumba, la salvaje belleza de las montañas segovianas, saturada de una sinfonía de verdes, donde un tenue aroma de pino se mexclaba con efluvios de muerte. Aspirè hondamente, conmovièndose hasta la última fibra de mis ser. Entonces pensè en aquellos tensos momentos, que aquellos bucólicos parajes segovianos, que aquellas brumosas montañas ensarradas, flotaban entre algodones asèpticos que cubrían tanta sangre derramada. Pensaba que esos bellos rincones de mi país, habían sido creados no para aquellos terribles escenarios de muerte; sentía en lo más recóndito de mí, que aquella subyugadora belleza de mi tierra, me ofrecía un adagio de despedida, y que sin importar como acabasen mis huesos, esos parajes los recibirían, como ya lo habían hecho con tantos más. Esa sensación, dejaba levitando mi alma en una nostálgica y bucólica despedida- claro! - me decía a mi mismo - ese sentimiento era por la cercanía de la muerte- pues hasta sobre tumbas estábamos esperando al enemigo. Pero la contra nunca apareció en el lugar supuesto, hasta, que al caer la tarde unas detonaciones de fusiles y morterazos, nos indicaban que los azulitos probablemente informados de nuestro plan, habían evadido la emboscada, penetrando por otro sector para enfrentarse con el resto de nuestra tropa que aguardaba en nuetra retaguardia. Inmediatamente recordè a Tuti, su juvenil rostro con las mejillas rosadas por el frio, apareció sonriente, mostrando el hueco de su dentadura, por donde lanzó aquel beso a la muchacha de Quilalí; tambièn recordè la parranda que nos habíamos puesto, y despuès el tremendo susto que nos habíamos llevado con aquellos dos contras.

   Antes de llegar a ese cementerio, me despedí de èl en su champa improvisada por un capote. Hacía tres días que èl tenía diarrea de sangre, y por esto era parte de los soldados que se habían quedado en el puesto de mando. -Bueno Tuti - le dije- yo no sè... pero presiento que la cosa se esta poniendo cada vez mas difícil... a donde me mandan hay muchas probabilidades que tengamos otras bajas- ... los latidos de mi corazón me ponían en verguenza ante èl, al sofocar mi respiración, y me despedí rapidamente antes que mi emoción desbordara por mis ojos. Le entreguè el poco dinero que yo guardaba y partí.

  Esa fue la última vez que nos vimos... siempre mi laboratorio memoril ha insistido en querer borrar estos tristes recuerdos y pensar que la vida seguirá indetenible su curso, a pesar de ellos... pues esto hace años ya que sucedió... a veces pienso, si en realidad esto no fuè producto de mis delirios insomnes, sin embargo su angelical rostro sigue latente como si lo ví ayer...

   De Tuti guardo una página sucia de su improvisado diario, con el dibujo de una mujer desnuda que èl me pidió yo le hiciera y al lado del dibujo con su letra escrito está:
- Soy un vulgar por la soledad que se vive en este momento-... y que joden estos sayules sólo porque no me he bañado.  Y al reverso de esa página escrito está con mi letra:
"Tuti murió el seis de mayo de 1983, cuando la contra que estábamos supuestos a emboscar en el sector fronterizo de Las Pampas había ingresado por otro lugar asestando ese golpe inesperado al puesto de mando, donde entre varios convalescientes se encontraba èl. All morir el acababa de cumplir 16 años.

   Hurgando en mi amnèsica memoria, ahora recuerdo lo que me contaron sus compañeros de combate en ese sorpresivo y fatal ataque ... cuando encontraron su cadáver, parte de su ensortijada cabellera y piernas estaban chamuscadas, en el costado izquierdo de su pecho mostraba una cruel herida, que posiblemente acabó con su agonía y su mirada quieta, fija, inquisitiva al cielo quedó.

   Tuti así partió hacia Managua y yo seguí en aquellos bellos infiernos segovianos, con mis benditos rubios soles, y con mis postas nocturnas de aquelarres y fantasmas. Noches como cuentas negras de un rosario, hilvanadas a los pelos rubios del sol.

*chilotes = así llamados a los contras en sus inicios
*purísima = el combate
*papalotes= helicópteros
*azulitos = los contras






































































Thursday, February 10, 2011

Garabatos insomnes.


... la vida es un sueño fuerte
de una muerte hasta otra muerte,
y me apresto a despertar

Severo sarduy


-Sólo cuentos sos vos!, le espetaba, escupièndole las palabras en el rostro , un incrèdulo contertulio a su compañero de mesa; ambos, personajes pernoctantes de esas pinturas de la post guerra del pintor alemán Otto Dix,trasnochaban ahora en aquel arrabal perdido entre oscuras calles, atestado de mustios inmigrantes, prostitutas trasnochadas, desdentados y enajenados drogadictos, ebrios y caricaturescos travestidos que resucitaban en su senectud a la Greta Garbo, a la Rita Hayworth, entre otras luminarias de un glamouroso pasado.

Aquello era un pandemonium de esperpentos, garabatos del infortunio, fetos de abortadas revoluciones, funambulistas saltando de frontera en frontera,insomnes de pesadillas americanas, rusas, africanas y europeas en la decadencia s.XX. Víctimas de los dos sistemas económicos antagónicos, en sus mejores tiempos cuando cada uno de ellos y en sus respectivos países, defendían a capa y espada sus filosofías domèsticas enfrentándose a muerte, ahora se contaban sus peripecias, cada uno autocensurando o inventándole nuevos detalles al cuento, de acuerdo al interlocutor de turno.

A esos arrabales, como tumores ribeteando la ciudad, acudian todos aquellos solitarios espectros, uniformados por la miseria, a buscar refugio allí donde ya no había ninguna esperanza, más que la de encontrar a alguien con el cual solazarse y revolcarse en una noche de embriaguez, rumiando penas que metamorfoseaban en crueles chistes, de explosivas y vulgares carcajadas.

Todas las tardes cual sonámbulo, David arrastraba sus pasos al sórdido refugio, despuès de escapar del tedioso trabajo diario,olvidándose de las pinturas de su serie de Exodos, que inconclusas languidecían colgadas de las paredes de su estudio.

En la crisis económica estadounidense, que recordaba la gran depresión de los años treinta, el arte era un lujo menos asequible de lo que usualmente era, y ese lujo ya no se lo podían dar aquellos que habían venido adquirèndo sus pinturas desde hacía quince años, en que había emigrado de Nicaragua. En realidad todavía el no podía quejarse de su suerte. Acostumbrado a vivir solo, y sólo con lo básico, la agudización de la crisis no le llevaba a fatales decisiones. A cambio de borrarse del mapa, se perdía en èl, sumergièndose en sus oscuras zonas, allí donde pululaban aquellos seres convocados por el infortunio. Algunos de ellos le traían recuerdos de aquella Sebastiana nica, de ese pavo real coqueto, que caminaba por las calles de Managua, todo emperifollado en su papel de martir gozosa de su metamorfosis. De ellos, David aprendería a sobrellevar con más estoicismo los malos tiempos y sus limitaciones, aprendería ahuyentar el dolor con la carcajada, a convertir la rabia en ironía, a travestirse de cinismo ante los novatos y creyentes de nuevos mesianismos, que la historia repetía una y otra vez, como trampa para incautos y aprendices. Quizás sólo en la soledad de su estudio, entre fotos de familia, lamidas por el tiempo, mudas y perplejas siguièndole con la vista desde la pared donde colgaban; quizás sólo entre cartas releidas, manoseadas, y olfateadas, como queriendo encontrar el olor que pincha dolorosamnete el recuerdo; o quizás entre vetustos libros con dedicatorias de sus autores, habitantes ya de un más alla, es que volvía a ser vulnerable, allí donde trataba de convocar el recuerdo como bálsamo ante el indiferente olvido.

Rodrigo era otro asiduo de aquella taberna,una y otra vez repetía que obligado a emigrar de Nicaragua, antes de irse ilegalmente, sólo se despidió de su hermano y amigos enterrados en el cementerio. Atrás dejaba una revolución enterrada con todo y sus muertos, dejaba al pueblo pequeño devenido en infierno grande, donde los nuevos revolucionarios eran como aquellos muñecos de paja, que el general de las Segovias había dejado en el cerro del Chipote para engañar a los marines en su ofensiva, mientras su pequeño ejèrcito loco se retiraba por veredas.

Sí, sólo eso era lo que había quedado,despuès de que se terminaran todas aquellas guerras. Sólo monigotes habían quedado de los viejos guerrilleros. Los monigotes menos afortunados, ahora por medio de soplos divinos, hambrientos pululaban en polvorientas calles, arremolinándose en rotondas con salmos y oraciones alrededor de imágenes de vírgenes, que amanecían milagrosamente bañadas en sangre. Y de los hèroes, monigotes afortunados que habían tomado el poder, sólo quedaba un fuerte consorcio de neuvos ricos, compitiendo con los viejos ricos.

Y así,al unísono como un coro desafinado, el cuento de cada parroquiano en aquella taberna, siempre era el mismo, aunque matizado con diferentes detalles, producto del etílico elixir que anegaba las neuronas.

Entre los asiduos a aquel minguitorio, había una vieja bailarina rusa, que había huido de la revolución bolchevique; en París había envejecido, esperando el regreso del zarismo a la Rusia de Lenin, ahora abandonada a su suerte había denuevo emigrado hasta aquí. Ella era Olga, la cual de vez en cuando había posado para David, intentando con dificultad, retomar aquellas poses clásicas de bailarina, que la hacían remontarse a sus mejores tiempos. Aquellos tiempos, donde su elástico y estilizado cuerpo encorsetado, vibraba siguiendo el ritmo de las notas del ballet El lago de los cisnes. Olga había emigrado con los ballets rusos de Daguiliev a París. Muchas veces estuvo en medio de las trifulcas que se armaban, por los celos entre èste y su amante y preferido primer bailarín Nijinsky.  En muchas ocaciones ella interfirió por Nijinsky ante Daguiliev, cuando èste le había cerrado todas las puertas a su carrera de bailarín, en cruel venganza por haverlo abandonado por una bailarina. Años despuès acabaría loco el desdichado Nijinsky, uno de los más destacados bailarines del ballet imperial ruso.

Esta historia la había contado Olga a David, mientras posaba para èl, con quebrada voz y ojos turbios de un azul grisáceo; escuchándola, David recordaba a ese otro genial loco escritor llamado Gogol, cuyo triste final se le asemejaba. La tragedia hermanaba a Vaslab Nijinsky y el escritor Nikolai Gógol, para ambos el precio de la genialidad habia sido la locura. El atormentado bailarín se habría de refugiar en las faldas de su esposa Romola, tratando de olvidar aquellas pasiones prohibidas con el impetuoso empresario de las artes rusas Serguè Daguiliev; mientras que el cuasi necrófilo escritor de "Las almas muertas", aquejado de muchos males y de sentimientos pecaminosos y manipulado por un frayle fanático, se refugiaría en la religión en sus últimos días, sometidos por el mismo frayle a múltiples torturantes penitencias, como aquellas de aplicarle sanguijuelas a su concuspicente y esquelètico cuerpo; ese cuerpo al cual no concedió quizás la caricia con que el placer del pecado nefando le atormentaba. Gógol moriría arrepintièndose y renegando de la obra por èl escrita, obra que habría de influenciar al mismo Dostoievsky, quien afirmaría que todos los escritores rusos despuès de Gógol, habían surgido del cuento que este escribiera, titulado El capote.

Quizás todos los que allí pululaban, habían en realidad escapado de los cuentos de Gógol!, pues sólo cuentos eran todos!, en puro cuento de almas muertas como la suya, se habían convertido. Puro cuento de esperpentos eran, garabatos garabateando su variopinto pasado, escapándose como sobrevivientes de capitulos inconclusos del cuento de sus vidas.