Thursday, August 4, 2016

La bienaventurada.







  "... porque ha puesto sus ojos en la humildad de su esclava,
y por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí... ."
Oración La Magnífica.
 
   La cópula orgiástica entre política y religión ha parido por los siglos de los siglos, Amèn,  magníficos milagros!. Esa orgía del poder tambièn ha procreado la prole numerosa, maldición del  tercer mundo; prole de fanáticos que cambian el santo a como cambian de calzón, en busca del milagro tantas veces rogado. Y he allí que ha ocurrido un grandioso milagro para todos los nicaraguenses, el cual fue concedido por santo Domingo despuès de su romería.
   
  Despuès de la resaca y del pandemónium de Santo Domingo de Guzmán, santo patrono de los managuas, despuès de ser bailado por pintarrajeadas y fervorosas prostitutas, por desarrapados borrachos como zombis de The walking dead, por promesantes diablitos pintados de ardiente aceite, por “locas” travestidos y por los indios, todos juntos bailando como posesionados del “espiritu santo” burlón y jodedor, en son de marimba al santo inquisidor, el milagro se realizó!.  Dos días despuès de la bailada y la guareada al santo, el presidente de Nicaragua anunciaba el milagro que era ya vox pópuli:  Nicaragua tenía ahora una vicepresidenta!.  
   
  El día de la toma presidencial, en la plaza de la Fe a orillas del lago de Managua, el pueblo  escuchaba a travès de estridentes parlantes, entre música revolucionaria del siglo pasado, la misma voz femenina que todos los días escuchaba por la radio al medio día, con las letanías acostumbradas a todos los santos habidos y por haber, a los cuales conbocaba a esa hora infernal cuando el diablo merodeaba. Era la misma voz de la nueva y vieja vicepresidenta,  esposa del presidente, la cual elevando sus esquelèticos brazos cargados con  múltiples brazaletes y amuletos de piedras protectoras contra toda envidia e iniquidad del pueblo, dando alabanzas al comandante su esposo, y a la santísima virgen y a su santísimo hijo, rezaba:

“…porque ha puesto sus ojos en la humildad de su esclava,
y por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí: su nombre es Santo… ”

Otto Aguilar.
(Foto: Romería de Santo Domingo en Managua - Agosto 2006)

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